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| Ofrenda. Durante la reciente visita a Quito,
funcionarios depositaron una ofrenda en Plaza El Salvador. Foto:
cortesía de cancillería |
Luis Laínez
El Diario de Hoy
ayuda@elsalvador.com
La noche es fría en Quito y sus 2,808 metros sobre el nivel del
mar. A los que han venido de Cuenca y Guayaquil, ciudades con un clima
más cálido, ha sido un esfuerzo extra, que ha significado
manejar sus vehículos hasta por tres horas y media, las necesarias
para llegar a Santo Domingo de los Colorados.
En el enorme jardín trasero - porque hay otro igual
a la entrada, al lado del garage donde está estacionado un hermoso
BMW 318i rojo junto a otros dos autos- de la casa de Rafael Alfaro, el
embajador de El Salvador en el Ecuador, medio centenar de salvadoreños
se ha reunido para escuchar al Canciller Francisco Laínez.
El ministro de Relaciones Exteriores les confiesa que
ese es su primer viaje como representante del Gobierno de Antonio Saca.
Nuestro corazón está con ustedes -mientras
les recalca que ésta es la primera comunidad de la diáspora
a la que visita-. Aunque estén lejos, queremos estar cerca de ustedes.
Después les dice que quiere presentarles a alguien,
a Margarita Escobar, la vicecanciller para la atención de salvadoreños
en el exterior.
Les ofrece luchar para promover y hacer respetar los derechos
humanos de los migrantes y trabajar para que obtengan sus documentos en
los consulados y embajadas.
También propone hacer esfuerzos para abaratar el
costo del envío de las remesas. Pero, sobre todo, les promete identificarse
con la nostalgia del que ha dejado atrás su país.
Lo dice una mujer que durante años representó
al país ante la Organización de Estados Americanos (OEA),
en Washington.
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| El canciller de la República Francisco
Laínez (de bufanda café), junto al embajador Rafael
Alfaro. Foto: cortesía de cancillería |
Lágrimas
El frío de Quito se soporta mejor al interior de
la casa del embajador, bien sea al lado de la chimenea, a la que se llega
haciendo sonar el piso cubierto de fina madera, o junto a las viandas
con pupusas, boquitas y licores que están dispuestas para los invitados.
Pero la gente prefiere hablar en el jardín. De
entre el grupo sobresale Consuelo Martínez Reyes, quien cumplirá
46 años de haber emigrado el 17 de diciembre próximo.
Ha trabajado tres décadas como maestra en Ecuador,
en el Colegio Ipatia Bustamante. Se va a jubilar pronto, pero sigue pensando
en su natal Metapán y en el hermano -su único vínculo
con El Salvador-, Miguel Martínez, que está ingresado en
un asilo de Fusate en Santa Tecla.
Doña Consuelo salió de El Salvador el día
que mataron a John F. Kennedy. Viajó hacia Venezuela, a estudiar,
y ahí conoció al que sería su esposo. Luego se radicaron
en Ecuador.
Entre las veteranas está doña
Merceditas de Rivera. Vive en la mitad del mundo desde hace 31 años.
Me raptó un ecuatoriano, cuando vivíamos
en San Francisco (California). La mayoría de las mujeres que vivimos
acá estamos felizmente casadas con ecuatorianos. Son buenos maridos,
revela.
María Digna Marroquín ha hecho un hogar
a partir de las flores, las cuales comercializa con su empresa Honey
Rose a Honduras, Costa Rica y Nicaragua, pero no sabe cómo
hacerlo hacia El Salvador.
La Viceministra Escobar le prometió enviarle información
para invertir en su tierra.
La conversación se interrumpe cuando Salvador Rivas Larrave, el
director de Radio El Salvador, hace un enlace telefónico directo
con la audiencia guanaca.
Las lágrimas de las mujeres salen sin pudor cuando escuchan, a
través del celular, las notas del himno nacional.
Somos una colonia pequeña, pero siempre ayudamos a El Salvador,
exclama Marroquín.
Al fondo, se escucha la voz del embajador Alfaro para invitar a los visitantes
a comer pupusas. El canciller dice que Margarita Escobar quería
dejar Washington para comer jícamas y jocotes.
- Jícamas hay aquí -exclama una señora.
- Pero jocotes como los de nosotros, los de El Salvador, ¡no hay!
-replica otra.
De Dj a representante de la ONU
- Mauricio Valdés lleva apenas ocho meses en Ecuador.
- Es funcionario de la representación de las Naciones Unidas en
este país sudamericano.
- Trabajé en La Femenina. Soy de la época del Chiri
Rivas, Jaime Vilanova y Mauricio Urrutia, asegura.
- Su enrolamiento en la ONU lo ha llevado a Colombia, Nueva York y Guatemala.

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