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Éxodo salvadoreño a la mitad del mundo

Presencia. En Ecuador viven cerca de 280 salvadoreños, entre ellos una señora que abandonó el país hace 46 años


Publicada 16 de junio de 2004, El Diario de Hoy

Ofrenda. Durante la reciente visita a Quito, funcionarios depositaron una ofrenda en Plaza El Salvador. Foto: cortesía de cancillería

Luis Laínez
El Diario de Hoy

ayuda@elsalvador.com

La noche es fría en Quito y sus 2,808 metros sobre el nivel del mar. A los que han venido de Cuenca y Guayaquil, ciudades con un clima más cálido, ha sido un esfuerzo extra, que ha significado manejar sus vehículos hasta por tres horas y media, las necesarias para llegar a Santo Domingo de los Colorados.

En el enorme jardín trasero - porque hay otro igual a la entrada, al lado del garage donde está estacionado un hermoso BMW 318i rojo junto a otros dos autos- de la casa de Rafael Alfaro, el embajador de El Salvador en el Ecuador, medio centenar de salvadoreños se ha reunido para escuchar al Canciller Francisco Laínez.

El ministro de Relaciones Exteriores les confiesa que ese es su primer viaje como representante del Gobierno de Antonio Saca.

“Nuestro corazón está con ustedes -mientras les recalca que ésta es la primera comunidad de la diáspora a la que visita-. Aunque estén lejos, queremos estar cerca de ustedes”.

Después les dice que quiere presentarles a alguien, a Margarita Escobar, la vicecanciller para la atención de salvadoreños en el exterior.

Les ofrece luchar para promover y hacer respetar los derechos humanos de los migrantes y trabajar para que obtengan sus documentos en los consulados y embajadas.

También propone hacer esfuerzos para abaratar el costo del envío de las remesas. Pero, sobre todo, les promete identificarse con la nostalgia del que ha dejado atrás su país.

Lo dice una mujer que durante años representó al país ante la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington.

El canciller de la República Francisco Laínez (de bufanda café), junto al embajador Rafael Alfaro. Foto: cortesía de cancillería

Lágrimas

El frío de Quito se soporta mejor al interior de la casa del embajador, bien sea al lado de la chimenea, a la que se llega haciendo sonar el piso cubierto de fina madera, o junto a las viandas con pupusas, boquitas y licores que están dispuestas para los invitados.

Pero la gente prefiere hablar en el jardín. De entre el grupo sobresale Consuelo Martínez Reyes, quien cumplirá 46 años de haber emigrado el 17 de diciembre próximo.

Ha trabajado tres décadas como maestra en Ecuador, en el Colegio Ipatia Bustamante. Se va a jubilar pronto, pero sigue pensando en su natal Metapán y en el hermano -su único vínculo con El Salvador-, Miguel Martínez, que está ingresado en un asilo de Fusate en Santa Tecla.

Doña Consuelo salió de El Salvador el día que mataron a John F. Kennedy. Viajó hacia Venezuela, a estudiar, y ahí conoció al que sería su esposo. Luego se radicaron en Ecuador.

Entre las “veteranas” está doña Merceditas de Rivera. Vive en la mitad del mundo desde hace 31 años. “Me ‘raptó’ un ecuatoriano, cuando vivíamos en San Francisco (California). La mayoría de las mujeres que vivimos acá estamos felizmente casadas con ecuatorianos. Son buenos maridos”, revela.

María Digna Marroquín ha hecho un hogar a partir de las flores, las cuales comercializa con su empresa “Honey Rose” a Honduras, Costa Rica y Nicaragua, pero no sabe cómo hacerlo hacia El Salvador.

La Viceministra Escobar le prometió enviarle información para invertir en su tierra.
La conversación se interrumpe cuando Salvador Rivas Larrave, el director de Radio El Salvador, hace un enlace telefónico directo con la audiencia guanaca.

Las lágrimas de las mujeres salen sin pudor cuando escuchan, a través del celular, las notas del himno nacional.

“Somos una colonia pequeña, pero siempre ayudamos a El Salvador”, exclama Marroquín.
Al fondo, se escucha la voz del embajador Alfaro para invitar a los visitantes a comer pupusas. El canciller dice que Margarita Escobar quería dejar Washington para comer jícamas y jocotes.

- Jícamas hay aquí -exclama una señora.
- Pero jocotes como los de nosotros, los de El Salvador, ¡no hay! -replica otra.

De ‘Dj’ a representante de la ONU

- Mauricio Valdés lleva apenas ocho meses en Ecuador.
- Es funcionario de la representación de las Naciones Unidas en este país sudamericano.
- “Trabajé en La Femenina. Soy de la época del Chiri Rivas, Jaime Vilanova y Mauricio Urrutia”, asegura.
- Su enrolamiento en la ONU lo ha llevado a Colombia, Nueva York y Guatemala.


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