Carlos A. Torres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Con una aparente serenidad los familiares de Emilio, residentes en la
Colonia El Morral, del Puerto de La Libertad, esperaban ayer en la mañana,
en su casa de habitación, que el tiempo transcurriera para comenzar
las honras fúnebres preparadas para el joven fallecido.
Doña Victoria de la Cruz Palacios, con evidente cansancio y apesadumbrada
por la pérdida de su hijo, comentó sobre el dolor que le
embargaba, además de la carga física que por el momento
resentía.
No hemos dormimos nada, nos retiramos de la iglesia a las seis o
siete de la mañana. Volveremos más tarde para esperar a
otras personas antes del entierro, comentó.
Con un apego a su fe religiosa, la mujer trató de explicar lo ocurrido.
Es algo indescriptible que sólo lo experimenta una madre,
pero el conocimiento de un ser supremo me fortalece y me consuela en estos
momentos difíciles.
Con una fotografía de Emilio Adonay, cuando apenas contaba ocho
meses de vida, doña Victoria recordó lo trabajador que era
siendo un adolescente.
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| Victoria de la Cruz acompañó desde
Arizona el cuerpo de su hijo.Foto EDH |
Era el segundo de mis ocho hijos, hoy sólo me quedan siete,
dijo con tristeza.
De acuerdo con la mujer, Emilio estaba lleno de vida y de salud,
por lo que no se explica las causas de su súbita muerte.
Aún no sabemos la causa de la muerte, ya que en el dictamen
forense no se menciona, comentó.
Doble dolor
Doña Victoria viajó hasta Arizona para reclamar el cuerpo
del salvadoreño, quien deja en la orfandad a Brittani Linn, de
2 años. Ella pasó cuatro noches con la pequeña e
intentaba traerla a El Salvador.
Si me la hubiesen entregado, le enseñaría principios
cristianos. Al final, me quedé sin mi hijo y sin mi nietecita.
Confío en que ocurra un milagro, y la niña visite la tierra
que vio nacer a su padre, expresó.