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San Miguel
Mauricio Vallejo
El Diario de Hoy
diariodeoriente@elsalvador.com
Las garzas y las gaviotas son el símbolo más representativo
de la laguna El Jocotal.
Desde que el sol aparece en el horizonte, las aves deambulan por los alrededores,
ya sea para pescar o para posarse en alguna rama, mientras los pescadores
comienzan su labor.
La idea de conservar lo más puro posible el ecosistema del lugar
es regla de todos sus habitantes.
Los turistas se percatan que a los lancheros no se les permite que sus
naves surquen el agua con motor.
Así que todos los que desean recorrer la laguna en bote, deben
remar.
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| Algunas familias. Diversos grupos familiares
se bañan en las vaciones en la laguna El Jocotal.
Foto EDH |
Un pez tigre que tenga menos de siete centímetros de largo es
candidato a regresar al agua, porque existe un condicionamiento para su
pesca.
La razón es conservar especies en la laguna y proporcionar alimento
a los jocotenses.
A la normativa de pesca se llegó después de que se decidió
cuidar el medio ambiente.
La pesca tiene esa ligera restricción, aunque no está prohibida
más que para los turistas.
Además de tener diversas clases de aves, la laguna también
tiene reptiles. En un lugar que los pescadores llaman la Fosa Azul hay
cocodrilos. Justo ahí existe un respiradero volcánico.
Así que al bañarse hay que estar atento a los cocodrilos,
aunque los pescadores aseguran que los depredadores sólo atacan
en la noche y le tienen mucho miedo a los humanos.
Más turistas
Navegar en la laguna es un viaje tranquilo y relajante, especialmente,
si se hace a la orilla. Los visitantes pueden observar los pecesitos que
nadan entre las algas. Lo hacen por instinto confiados en que nadie les
hará daño.
El volcán Chaparrastique sobresale en el paisaje. Conforme la balsa
se acerca al centro de la laguna el volcán migueleño cubre
todo el firmamento norte, dando la sensación de que se integra
a la laguna.
Alrededor de ella, en el extremo este de la entrada, se encuentra el nacimiento
de aguas, que creció después de los terremotos del año
2001. El hermoso paraje funciona como centro turístico.
Los lugareños siempre esperan nuevos visitantes, aunque admiten
que no son suficientes. Les preocupa que los turistas no tengan cuidado
y limpieza, porque después de cada visita la hierba queda cubierta
de desperdicios y bolsas de chucherías; el agua llena de grasa
y con platos y vasos plásticos flotando, y los contenedores de
basura vacíos.
Por esa razón los jocotenses han formado sus propias directivas
para menguar ese conflicto con la basura.
Datos sobre el cuerpo de agua
En El Jocotal existen 18 clases de peces, entre estos: tilapia, guapote,
bagre, güilín, zambo, ilama, guabina, almaceque.
Habitan 95 especies de aves, entre las que destacan: caraos, pichiches,
martín pescador, varias clases de patos, cordelín, garza
morena y garza blanca.
La laguna es el primer sitio Ramsar en nuestro país. Los sitios
Ramsar son humedales como pantanos y existen 121 paises signatarios del
acuerdo que protege estos lugares.
La Poza Azul hace fumarolas porque es un respiradero volcánico
y cuando el nivel de agua baja comienza a arrojar bocanadas de humo.
Los cocodrilos se alimentan de tacuacines, conejos y garzas, además
de peces.
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Los dones de la vara de
carrizo
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Una planta que crece en los alrededores de la laguna sirve para
sostener a los habitantes de El Jocotal. Con ella elaboran esteras
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
El carrizo no lo cultivan, crece en las tierras que están
alrededor de la laguna sin ningún problema ni cuidos durante
todo el año.
Es un tipo de tule utilizado para secar el producto de la pesca
en la mayoría de las zonas dedicadas a esta actividad.
El tapesco lo extienden como un petate en el suelo y allí
depositan los pescados, el objetivo es que reciban mucho sol y aire
varias horas al día hasta que se sequen.
Uno de los cortadores de carrizo de la zona es Víctor Manuel
Rivera, de 53 años, quien trabaja en la pesca desde su niñez.
Tenía apenas 6 años de edad, cuando su padre, José
Aquileo Acosta, le enseñó el trabajo. Al parecer,
lo dejó preparado para sobrevivir. José Aquileo murió
cuando Víctor tenía 12 años.
Actualmente se dedica a elaborar artesanías de carrizo y
tapexco y llevarlo a vender a otros pueblos
La mayoría de juncos que recoje los envía a Chalatenango,
donde los pescadores los esperan todos los años para secar
sus peces.
En la localidad no tiene mucha demanda, aunque suelen ocuparlo,
pero les sale más rentable mandarla a otras ciudades, donde
les pagan mejor.
El precio de un tapesco de carrizo oscila entre 5 y 20 dólares,
dependiendo de la longitud y la costura.
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