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El Jocotal, una laguna mágica

Las aves se han encargado de embellecer las aguas del manantial oriental, que no recibe tantas visitas durante el año. Su ecosistema se mantiene bajo estricto cuidado.

Publicada 16 de enero 2004, El Diario de Hoy

San Miguel
Mauricio Vallejo
El Diario de Hoy

diariodeoriente@elsalvador.com

Las garzas y las gaviotas son el símbolo más representativo de la laguna El Jocotal.

Desde que el sol aparece en el horizonte, las aves deambulan por los alrededores, ya sea para pescar o para posarse en alguna rama, mientras los pescadores comienzan su labor.

La idea de conservar lo más puro posible el ecosistema del lugar es regla de todos sus habitantes.

Los turistas se percatan que a los lancheros no se les permite que sus naves surquen el agua con motor.

Así que todos los que desean recorrer la laguna en bote, deben remar.

Algunas familias. Diversos grupos familiares se bañan en las vaciones en la laguna El Jocotal. Foto EDH

Un pez tigre que tenga menos de siete centímetros de largo es candidato a regresar al agua, porque existe un condicionamiento para su pesca.

La razón es conservar especies en la laguna y proporcionar alimento a los jocotenses.

A la normativa de pesca se llegó después de que se decidió cuidar el medio ambiente.

La pesca tiene esa ligera restricción, aunque no está prohibida más que para los turistas.

Además de tener diversas clases de aves, la laguna también tiene reptiles. En un lugar que los pescadores llaman la Fosa Azul hay cocodrilos. Justo ahí existe un respiradero volcánico.

Así que al bañarse hay que estar atento a los cocodrilos, aunque los pescadores aseguran que los depredadores sólo atacan en la noche y le tienen mucho miedo a los humanos.

Más turistas

Navegar en la laguna es un viaje tranquilo y relajante, especialmente, si se hace a la orilla. Los visitantes pueden observar los pecesitos que nadan entre las algas. Lo hacen por instinto confiados en que nadie les hará daño.

El volcán Chaparrastique sobresale en el paisaje. Conforme la balsa se acerca al centro de la laguna el volcán migueleño cubre todo el firmamento norte, dando la sensación de que se integra a la laguna.

Alrededor de ella, en el extremo este de la entrada, se encuentra el nacimiento de aguas, que creció después de los terremotos del año 2001. El hermoso paraje funciona como centro turístico.

Los lugareños siempre esperan nuevos visitantes, aunque admiten que no son suficientes. Les preocupa que los turistas no tengan cuidado y limpieza, porque después de cada visita la hierba queda cubierta de desperdicios y bolsas de chucherías; el agua llena de grasa y con platos y vasos plásticos flotando, y los contenedores de basura vacíos.

Por esa razón los jocotenses han formado sus propias directivas para menguar ese conflicto con la basura.

Datos sobre el cuerpo de agua

En El Jocotal existen 18 clases de peces, entre estos: tilapia, guapote, bagre, güilín, zambo, ilama, guabina, almaceque.

Habitan 95 especies de aves, entre las que destacan: caraos, pichiches, martín pescador, varias clases de patos, cordelín, garza morena y garza blanca.

La laguna es el primer sitio Ramsar en nuestro país. Los sitios Ramsar son humedales como pantanos y existen 121 paises signatarios del acuerdo que protege estos lugares.

La Poza Azul hace fumarolas porque es un respiradero volcánico y cuando el nivel de agua baja comienza a arrojar bocanadas de humo.

Los cocodrilos se alimentan de tacuacines, conejos y garzas, además de peces.

 
Los dones de la vara de carrizo

Una planta que crece en los alrededores de la laguna sirve para sostener a los habitantes de El Jocotal. Con ella elaboran esteras

Mauricio Vallejo
Diario de Oriente


El carrizo no lo cultivan, crece en las tierras que están alrededor de la laguna sin ningún problema ni cuidos durante todo el año.

Es un tipo de tule utilizado para secar el producto de la pesca en la mayoría de las zonas dedicadas a esta actividad.
El tapesco lo extienden como un petate en el suelo y allí depositan los pescados, el objetivo es que reciban mucho sol y aire varias horas al día hasta que se sequen.

Uno de los cortadores de carrizo de la zona es Víctor Manuel Rivera, de 53 años, quien trabaja en la pesca desde su niñez.
Tenía apenas 6 años de edad, cuando su padre, José Aquileo Acosta, le enseñó el trabajo. Al parecer, lo dejó preparado para sobrevivir. José Aquileo murió cuando Víctor tenía 12 años.

Actualmente se dedica a elaborar artesanías de carrizo y tapexco y llevarlo a vender a otros pueblos
La mayoría de juncos que recoje los envía a Chalatenango, donde los pescadores los esperan todos los años para secar sus peces.

En la localidad no tiene mucha demanda, aunque suelen ocuparlo, pero les sale más rentable mandarla a otras ciudades, donde les pagan mejor.

El precio de un tapesco de carrizo oscila entre 5 y 20 dólares, dependiendo de la longitud y la costura.

 
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