Usulután
Mauricio Vallejo
El Diario de Hoy
diariodeoriente@elsalvador.com
En la carretera que conduce a Ozatlán, varios agricultores hacen
cola a la espera que la máquina desgranadora termine con los 40
sacos de maíz que ha cultivado Rafael Menéndez.
Después de él tres campesinos más desperdigarán
sus productos.
Ismael Serrano, de 39 años, es el encargado de llevar la máquina
a cada uno de los rincones donde contratan sus servicios.
La jornada comienza temprano, generalmente a las 6:00 de la mañana
sale a las fincas y allí, los clientes hacen cola para utilizarla.
Antes no se necesitaba de esa máquina, eran personas que se encargaban
de aporrear los cultivos o desmenuzarlos con sus dedos, pero con el tiempo
la mayoría de personas de los pueblos no quiso hacer ese trabajo:
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| La desgranadora es esperada con impaciencia
en diversas parcelas del oriente. Foto EDH |
Muchos no aguantaban las jornadas, porque el sol pegaba todo el
día y eso no les gustaba, comenta un usuario, que después
se aleja porque debe organizar su parcela para desgranar su maíz.
La máquina tiene un motor que funciona con gasolina, generalmente
adaptado al tractor. Tiene una entrada por la parte de arriba, donde son
arrojados los elotes para ser desperdigados por unos tornos dentados que
separan el maíz de la tusa y el olote. Abajo del aparato los granos
salen limpios.
Serrano tiene 18 años de trabajar en este negocio, que cada día
es más fructífero, gracias a él ha visitado todos
los pueblos de Usulután, una vez fue hasta la playa El Cuco, en
San Miguel, allí es el lugar más lejano al que ha llegado
con la máquina.
El aparato desgrana únicamente maíz y maicillo, Serrano
se ha topado con personas que le han solicitado que desgrane el frijol.
Apenado que no se puede: Hay gente que no sabe, comenta.
Aunque él maneja el mecanismo pertenece a un señor que vive
en Usulután.
Cobra 0.25 centavos de dólar por saco, precio que considera barato,
porque los agricultores a veces tienen que pagar mucho dinero por desmenuzar.
La desgranadora continuará visitando cada uno de los pueblos de
Usulután, donde los cultivadores hacen cola para utilizarla, mientras
Serrano supervisa la tarea.