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Las tortillas con sal ahora son historia

Los alimentos entregados en las zonas beneficiadas permiten variar los platillos. Además, se enseña a combinar la soya con los ingredientes que se tienen en casa, a fin de que la dieta diaria sea más balanceada y rica en nutrientes, para niños y adultos

Publicada 2 de diciembre 2005, El Diario de Hoy

En las charlas que se imparten se pide a las madres un poco de creatividad a la hora de cocinar, para que los platillos contengan los nutrientes necesarios y sean atractivos al paladar. Fotos Diario de Occidente/ Larissa Velásquez

Ahuachapán
Larissa Velásquez
Diario de Occidente

diariodeoccidente@elsalvador.com


Para que un niño sea incluido en el plan alimenticio que la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Humano (Fusal) ha llevado hasta Apaneca, debe ser menor de cinco años y habérsele diagnosticado un grado de desnutrición.

Si son mayores, se siguen sus controles infantiles y aunque ya no se les suministre alimentos, sí se le da atención médica.

Las madres de los niños que están bajo el Programa Libras de Amor firman un convenio, en el cual se establece su compromiso a llevar a los infantes a sus controles y a seguir todas las indicaciones que se le dan.

Además, a participar de manera activa en todas las actividades que se hacen en las jornadas de trabajo y a hacer buen uso de los alimentos que se les dan.

Es lo único que se les pide a cambio por una ayuda que reciben sin costo alguno, explica Ivonne Hernández, nutricionista del programa.

La jornada de trabajo, que se hace todos los días pero en diferente lugar, es sencilla, ágil y rápida. “Tratamos que las horas que estamos con ellas sean provechosas”, dice Hernández.

La higiene al manipular alimentos es uno de los puntos básicos en las jornadas de trabajo realizadas por el programa. Fotos Diario de Occidente/ Larissa Velásquez

En cada sesión se desarrolla un tema educativo y se demuestra la manera correcta de preparar y manipular los alimentos, y a cocinar recetas a base de soya.

Alimentos


Hay consulta médica y, al final, se entrega una bolsa con alimentos que la gente llama tambache.

Este contiene arroz, leche, frijoles, harina de maíz, aceite, soya, azúcar, pastas. En ocasiones se añade dulces, jugos y galletas para los niños.
La dotación se entrega dos veces al mes en cada sitio visitado.

Se insiste en que los niños reciban a diario cantidades de alimento iguales a los mayores, en tres tiempos de comida más dos refrigerios.

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Además, que varíen las recetas que han aprendido, a base de soya, con los ingredientes que tienen en sus casas.

En el aspecto educativo, se pide que se les dé a los pequeños leche en lugar de café. También, a que los adultos los imiten pues necesitan una porción adecuada de alimentos.

Antes de que llegara la fundación con el programa de alimentos, muchas personas daban a sus hijos tortilla con sal en un tiempo, o sólo comían un día si y otro no. Ahora, cuentan con esta ayuda que ha hecho la diferencia para tantos niños y familias, concluye Hernández.

 


 

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