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En las charlas que se imparten se pide a las madres un poco de
creatividad a la hora de cocinar, para que los platillos contengan
los nutrientes necesarios y sean atractivos al paladar. Fotos
Diario de Occidente/ Larissa Velásquez
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Ahuachapán
Larissa Velásquez
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
Para que un niño sea incluido en el plan alimenticio que la Fundación
Salvadoreña para el Desarrollo Humano (Fusal) ha llevado hasta
Apaneca, debe ser menor de cinco años y habérsele diagnosticado
un grado de desnutrición.
Si son mayores, se siguen sus controles infantiles y aunque ya no se les
suministre alimentos, sí se le da atención médica.
Las madres de los niños que están bajo el Programa Libras
de Amor firman un convenio, en el cual se establece su compromiso a llevar
a los infantes a sus controles y a seguir todas las indicaciones que se
le dan.
Además, a participar de manera activa en todas las actividades
que se hacen en las jornadas de trabajo y a hacer buen uso de los alimentos
que se les dan.
Es lo único que se les pide a cambio por una ayuda que reciben
sin costo alguno, explica Ivonne Hernández, nutricionista del programa.
La jornada de trabajo, que se hace todos los días pero en diferente
lugar, es sencilla, ágil y rápida. Tratamos que las
horas que estamos con ellas sean provechosas, dice Hernández.
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La higiene al manipular alimentos es uno de los puntos básicos
en las jornadas de trabajo realizadas por el programa.
Fotos Diario de Occidente/ Larissa
Velásquez
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En cada sesión se desarrolla un tema educativo y se demuestra
la manera correcta de preparar y manipular los alimentos, y a cocinar
recetas a base de soya.
Alimentos
Hay consulta médica y, al final, se entrega una bolsa con alimentos
que la gente llama tambache.
Este contiene arroz, leche, frijoles, harina de maíz, aceite, soya,
azúcar, pastas. En ocasiones se añade dulces, jugos y galletas
para los niños.
La dotación se entrega dos veces al mes en cada sitio visitado.
Se insiste en que los niños reciban a diario cantidades de alimento
iguales a los mayores, en tres tiempos de comida más dos refrigerios.
Además, que varíen las recetas que han aprendido, a base
de soya, con los ingredientes que tienen en sus casas.
En el aspecto educativo, se pide que se les dé a los pequeños
leche en lugar de café. También, a que los adultos los imiten
pues necesitan una porción adecuada de alimentos.
Antes de que llegara la fundación con el programa de alimentos,
muchas personas daban a sus hijos tortilla con sal en un tiempo, o sólo
comían un día si y otro no. Ahora, cuentan con esta ayuda
que ha hecho la diferencia para tantos niños y familias, concluye
Hernández.