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La normalidad vuelve poco a poco. Los visitantes comienzan a llegar
de nuevo a disfrutar de platillos y diversas bebidas que se ofrecen
los fines de semana en el municipio sonsonateco. Fotos
diario de occidente/ Ángela Castro de Cea
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Sonsonate
Ángela Castro de Cea
Diario de Occidente
diariodeoccidente@elsalvador.com
El temor es lo que predomina en los turistas que visitan la llamada Ruta
de las Flores. Salcoatitán, Juayúa, Apaneca, Concepción
de Ataco, Nahuizalco y Tacuba solían ser las ciudades más
visitadas en los fines de semana.
El clima, sus paisajes, sus festivales gastronómicos, las artesanías
y los hostales y restaurantes son parte del atractivo turístico
que buscaban cientos de personas, antes de la erupción del volcán
de Santa Ana, el 1 de octubre.
La incertidumbre de no conocer la actividad que pueda darse en el volcán
y los rumores en torno a nuevas erupciones hacen que la afluencia de turistas
que frecuentan la zona disminuya considerablemente.
La gente tuvo temor y dejó de venir. Pasaron tres fines de
semana en que se suspendió la feria y nosotros no salimos,
comenta Gilberto Áviles, propietario de carruajes y trencitos turísticos
de Juayúa.
Las pérdidas económicas para las personas que trabajan exclusivamente
en el sector turístico en la zona de Juayúa se calculan
en miles de dólares.
Con la lluvia de ceniza se nos vino abajo el festival de bandas
de paz. Calculamos que dejamos de captar alrededor de 70 mil dólares.
Teníamos preparada mucha comida, afirma Francisco Granados,
vicepresidente del Comité de Turismo de Juayúa (Juayutur).
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70 mil dólares
no se captaron en las ventas de comida
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4 mil turistas
visitan Juayúa durante los fines de semana
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22 puestos
sirven diferentes recetas locales e internacionales
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Otras ventas
Ana Irma Ramos vende yuca y pasteles en una esquina del barrio El Calvario
en Salcoatitán. Durante la semana vende entre seis a ocho dólares.
Los fines de semana la ganancia le sube 12 dólares debido a la
afluencia de los turistas.
A los vendedores informales del sector parece no haberles afectado la
erupción del coloso.
Para Ángela Flores, vendedora de atol, riguas y tamales de elote
en Juayúa, el fenómeno natural no tuvo repercusión
alguna en su negocio.
Mi clientela son las personas que viven aquí. Yo no he visto
perdidas en la venta. Vendo 50 vasos de atol y casi las 80 riguas a diario,
afirma Flores.
Con los aproximadamente 200 dólares que vende a la semana sostiene
a sus tres hijos.
La relativa calma del edificio volcánico comienza a atraer visitantes.
Poco a poco, los empresarios ven llegar a los turistas y a recuperar un
poco del terreno perdido.
Los comerciantes locales esperan que la normalidad vuelva a ser la norma
en esa zona.