San Miguel
Sonia Bernal
Diario de Oriente
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A la ribera del río Grande de San Miguel, entre colonia Carrillo
y los alrededores de Chilanguera, 550 familias se ponen en vilo cada invierno.
Y es que pese a que se han realizado diversas obras de mitigación
en algunos lugares, otros siguen siendo considerados críticos,
según el Comité de Emergencia Departamental (COED) y el
Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET).
El problema se registra todos los años, confirma Jorge
Flores, de la colonia Jardines del Río, en plena ciudad migueleña
y a unos escasos metros del costado poniente del río Grande.
El, como otras 50 familias, teme ser sorprendido con una crecida
del río.
Al otro lado del afluente, en la colonia Carrillo y cantón Miraflores,
las personas han informado al COED la situación de peligro, pero
sólo obtienen compromisos verbales y nada de obras de protección
concretas.
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| El ganado se acostumbra al agua en invierno.
Los potreros son inundados por el río Grande de San Miguel,
afectando la producción lechera y también los cultivos.
Fotos Diario de Oriente |
Más grave aún es lo que sucede río abajo, en la
zona conocida como El Tecomatal que tiene varios caseríos a la
orilla del río. Aquí la gente subsiste de la siembra de
granos básicos y la crianza de ganado, pero debido a las fluctuaciones
del nivel del Grande han tenido que llevar a sus animales hacia otras
zonas.
Una lluvia de más de seis horas puede ser terrible para nosotros,
dice Justino Benítez, del caserío El Consuelo.
La amenaza
Su temor es explicado por los voceros de Hidrología del SNET: cuando
el río alcanza los 150 ml., el suelo llega al límite de
su capacidad de absorción, por lo que una precipitación
lluviosa de 40 ml. en tres horas, causa un desbordamiento instantáneo.
Diferente si la lluvia es menos y durante más tiempo, porque da
el espacio necesario para que fluya por el caudal sin salirse.
En las zonas montañosa, existen ocasiones en que las lluvias
alimentan la vegetación, pero al deslizarse el agua hacia el río
puede crecer tan rápidamente que no da tiempo para la evacuación,
explica Roberto Cerón, de Hidrología del SNET. De
ahí la calificación como zona sensible o de riesgo.
Las familias del caserío Altamiz, con unas 15 casas cerca del río,
señalan la falta de borda en un tramo de unos cuatro kilómetros.
En consecuencia, al crecer el cauce sus cultivos se quedan inundados,
aunque hasta el momento sólo han tenido amenazas de inundación.
En Altamiz, el agua ha llegado cerca de los cultivos y las zonas de pastizales
se han convertido en pantanos de lodo. Para los afectados, el COED debería
realizar obras en conjunto con la comunidad en la época de fin
de año, para evitar el problema en el próximo invierno.
Gilberto Martínez, del COED San Miguel, dijo que los más
afectados son los de la zona de El Tecomatal, porque hay siembras de frijol
y maíz, así como ganado de ordeño.
Los principales afectados son los caseríos Altamiz y El Picudo,
debido a que la borda tiene más de dos años y se construyen
(las bordas) para un año y medio, sostuvo Martínez.
Pero no se puede realizar una reparación en invierno.
El enemigo
El Comité de Emergencia Departamental tiene identificados los lugares
en riesgo por la zona oriental
- Las cercanías de la laguna de Olomega: cantón Miraflores,
El Cedral, Los Ranchos, El Tecomatal, El Progreso y la salida de la ciudad
de San Miguel en las colonia Carrillo y Jardines del Río.
- El desvío El Delirio La Canoa, Los Llanitos, El Brazo y los alrededores
de laguna El Jocotal.
- En Usulután, El Triunfo, caserío Bado Marín, San
Antonio, San Felipe y Anchila.
- Debido a los muchos ríos entre San Fernando y Perquín,
Morazán, el riesgo es mayor por el agua que baja de las montañas
y alimentan estos cauces.