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Opinión

El país de las contradicciones

Somos el país de la contracción. Un país que es rápido en escandalizarse

Aficionados salvadoreños animan a su equipo durante el partido amistoso entre El Salvador y Honduras en el estadio RFK de Washington D.C. Foto/EFE

Por Wilfredo Hernández | Twitter: @wilhernandez68

Sep 27, 2017- 16:25

Somos el país de la contracción. Un país que es rápido en escandalizarse, pero que cuando se toman decisiones o se realizan cambios que generaron el escándalo se vuelca a la descalificación, a las críticas, es decir, a la destrucción. Pedimos, pero a la vez obstruimos.

En la novela “Apuntes del Subsuelo”, de Fiódor Dostoyevski, se puede concluir que el hombre no es una fórmula matemática, sino un entresijo de contradicciones, en eso radica su insatisfacción permanente. Quizás por eso es que, como decía mi abuelita, pedimos rogando a Dios que no se nos de para tener algo que criticar, que destruir.

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En el fútbol nacional, que es lo que nos compete en este espacio, pasa exactamente eso. Trataré de enunciar algunos casos, usted dirá si es o no correcto.

Uno. A propósito del “robo” de la butaca del estadio Barraza; pedimos que el gobierno modernice los escenarios deportivos, nos da envidia las instalaciones de nuestros vecinos, y al menor descuido destruimos, robamos, pateamos, etc. La intención es, en sus cabezas de pigmeos, “dañar” al rival. Porque, hay que decirlo, no solo fueron algunos aliancistas, también algunos del Firpo dañaron butacas del estadio migueleño. Eso sí, hay que decir, ni todos los aliancistas ni todos los firpenses, fasistas, aguiluchos, etc. son vándalos. Por unos pocos tampoco estigmaticemos a la mayoría.

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Dos. Pedimos renovación en los técnicos. “No más ruedas de caballitos”, dicen muchos. El dirigente trae un técnico nuevo y aparecen las descalificaciones, las interrogantes de quién será, qué ha hecho; y lo peor, pedimos “procesos”, “seriedad” dirigencial y a la segunda derrota estamos pidiendo la cabeza de ese técnico.

Tres. Se contrata a un técnico para selecciones menores, para trabajar las bases, pero luego se le da la selección mayor y cuando no llegan los resultados se le quiere despedir. El hecho mismo de que la Federación traiga un técnico para trabajar las bases es una contradicción porque son los “clubes” los encargados de eso y darle al seleccionador nacional jugadores ya formados para que él tenga de dónde escoger.

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Cuatro. Condenamos el amaño, la trampa, pero si el amañador es del otro equipo. “Mi amañador”, el de mi equipo, a ese hay que darle otra oportunidad y hay que contemplarlo. Algo así como “mi amañador es bueno, el tuyo es malo”.

Cinco. Pedimos nuevos jugadores, oportunidad para los jóvenes, pero criticamos al técnico que ocupa reservistas o, peor, crucificamos al novato cuando comete un error, cuando falla un gol, y pedimos que ya no lo vuelvan a convocar.

Podría continuar, alguien dirá ¿Y por qué no sigue amor?, pero no alcanzaría el espacio y siempre aparecería un elemento nuevo que agregar. Lo invito a usted, estimado lector, a que agregue usted los ítems que considere necesarios.

El fútbol es más que un deporte, se ha vuelto, ya ratos, en un elemento fundamental de la sociedad, es un reflejo de lo que pasa en una sociedad, por eso las contradicciones sobrepasan el deporte. Y esas contradicciones son las que nos impiden avanzar, transformar nuestro balompié. Dicen que el fútbol no da soluciones a los problemas, pero sí alegrías, sin embargo, si nos empeñamos en destruir lo poco bueno que se hace, por mínimo que sea, esas alegrías se podrían volver en amarguras.

Tags Deportes El Salvador LMF Opinión Primera División Selecta Wilfredo Hernández

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