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Es un grupo con un promedio de edad de 25 años y en pleno proceso de maduración, razón por la cual los aficionados locales no tienen muchas esperanzas de que pueda superar la primera fase de la Copa del Mundo, en la que deberá enfrentarse a Francia, Dinamarca y Senegal, aunque siempre les queda la ilusión de que Recoba se ilumine y sea una de las estrellas en Corea/Japón. La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) está entre las más laureadas del mundo, con dos medallas de oro olímpico (1924 en Colombes y 1928 en Amsterdam) y dos mundiales (1930 en Montevideo y 1950 en Brasil). Agrega a su historia catorce Copas América de selecciones y, a nivel de clubes, ocho Copas Libertadores de América y seis Copas Intercontinentales, tres por Nacional y tres por Peñarol, las dos instituciones de mayor convocatoria. Esos antecedentes acostumbraron a los uruguayos a sentirse grandes cuando se fútbol se trata, a pesar de ser un país de apenas 180.000 kilómetros cuadrados y que tiene unos 3,2 millones de habitantes. Pero las emociones de los hinchas van de un extremo a otro, casi sin matices intermedios. Un triunfo importante puede llevar a la "locura" colectiva, al extremo de olvidar las penurias diarias de los problemas cotidianos, naturales de un pequeño país, con una economía muy dependiente de la coyuntura internacional. Un fracaso es capaz de sumir al país en un llamativo estado de depresión, al que sin embargo, se han ido acostumbrando poco a poco en los últimos tiempos. Muchos atribuyen a la crisis económica el pronunciado descenso del fútbol uruguayo en la segunda mitad del Siglo XX, pero, aunque no existen seguimientos científicos de este proceso, también es cierto que no hubo una preocupación manifiesta por adaptarse a los cambios del mundo, y el fútbol "se durmió en los laureles" de la historia. Una muestra de ello es que al ingresar en el Siglo XXI, los ídolos siguen siendo José Nasazzi, capitán y campeón de 1924, 1928 y 1930, y figuras como Obdulio Varela, capitán de 1950 o Alberto Schiaffino, autor del primer gol de la recordada final ante Brasil, en el estadio "Maracaná" de Rio de Janeiro. Aunque Nacional y Peñarol lograron algún triunfo internacional resonante, en la segunda mitad del siglo pasado no aparecieron las estrellas de "recambio". Ni siquiera entra en esa categoría Enzo Francescoli, que es "adorado" por los argentinos y jugó en clubes de Italia y Francia, pero que en Uruguay sigue siendo discutido y hasta resistido por muchos aficionados. La falta de organización y planificación, a largo plazo, impidieron que un fútbol con tanta historia fuera un referente en el planeta. No existe una "escuela" uruguaya, y el "estilo" nacional se basa en el sacrificio, la entrega y el esfuerzo, elementos que conforman la llamada "garra charrúa". Pero los tiempos modernos reclaman algo más, exigen cambios profundos de estructura, de organización y de mentalidad. Y en eso están empeñados algunos dirigentes, entrenadores y empresarios. Corea/Japón 2002 y el tiempo dirá si escogieron el camino correcto. |
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