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En esta ocasión, el proceso hacia Corea y Japón superó un incierto proceso de oscuridad para encontrar el brillo de la luz al final del túnel. Cuatro entrenadores en un período de tres años, incluido el internacional Francisco Maturana, vieron truncados sus sueños de llevar a los costarricenses a Asia. En la primera fase, tras la renuncia del colombiano, el brasileño Gilson Númes se lanzó a la aventura de llevar la barca por senda segura. Pero la aventura del suramericano duraría pocos meses, luego de que Guatemala evitó en noviembre de 2000 la casi concretada clasificación de los "ticos" para el hexagonal final eliminatorio de la zona de la Confederación de Fútbol, la ex Concacaf, forzando un partido extra, en cancha neutral. En una medida de emergencia, la Federación de Fútbol instaló al frente del timonel al brasileño nacionalizado Alexandre Guimaraes, un ex jugador y ex seleccionado costarricense, quien hace escasos seis años comenzó a hacer sus primeras armas como entrenador, pero con un ascenso meteórico en éxitos. Guimaraes, quien fue asesor de Nunes, inició de inmediato, en noviembre del 2000 un proceso de reacomodo de piezas en el equipo mayor, que coronó con la eliminación de Guatemala en enero, en el partido extra que ambos países debieron disputar para lograr el pase al hexagonal. A partir de ese momento, la luz empezó a brillar para los costarricenses en el duro trayecto que representó la serie final eliminatoria. Contra el criterio de los más escépticos, Costa Rica se convirtió en el segundo país de América, después de Argentina, en asegurar el boleto a Asia, incluso con dos meses de antelación. Sobre el césped dejó vencidos a los más "pintados" del torneo: México, conocido tradicionalmente como el gigante de Concacaf, perdió un invicto de más de cuarenta años en el Estadio Azteca, luego seguiría Honduras, uno de los grandes favoritos, y el espectacular cierre contra Estados Unidos, en septiembre en San José, donde los centroamericanos visaron el pasaje a Corea del Sur y Japón. Pese a estar clasificada y haber obtenido con antelación el primer lugar del hexagonal, Costa Rica cerró la participación con empate en casa frente a los mexicanos y una victoria, el 11 de noviembre, 1-0 ante Jamaica en Kingston. Fue una de las clasificaciones "más limpias" logradas por algún país de la zona de la ex Concacaf en la historia de los mundiales de fútbol. Al final del torneo, Guimaraes contó parte de su secreto: logró una gran "química" con los jugadores. El ex mundialista de Italia 90 puso orden en una agrietada defensa, volvió al esquema tradicional de juego de los principales clubes del país, con tres defensas, uno de ellos líbero, dos laterales volantes de empuje -llamados en Costa Rica "carrileros"-, dos mediocampistas, uno de contención y otro creativo, un media punta y dos delanteros. El técnico hizo entender a sus jugadores que no era imposible lograr un objetivo fundamental para enfrentar una serie clasificatoria: defender la ventaja de local y ganar fuera, y superar el complejo de "inferioridad" que muchas veces ha pesado sobre los futbolistas ticos. Con ese ideal, Guimaraes no tuvo reparos en aceptar la participación de Costa Rica en la Copa América, para codearse con los "monstruos" suramericanos. Y una vez más, contra los temores de los más escépticos, los costarricenses, con su estrella el delantero Paulo César Wanchope, quien juega en el fútbol inglés, se convirtieron en gratos protagonistas del máximo torneo interselecciones del continente. Guimaraes quiere superar lo hecho en Italia 90, y para ello diagramó
una serie de amistosos con varios equipos que estarán en
Corea/Japón. |
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