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CUANDO
LA BRUJA SE SUBIO EN UN ELEFANTE BLANCO
Erase
una vez en una cancha de fútbol...Así empiezan generalmente
los cuentos, esto que viene a continuación, es un cuento
de esos que hace realidad el deporte.
Fernando Palomo
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Con
un renco caminar, herencia de su paso por el fútbol, me guió
hasta la cancha que tantas alegrías le dió. No tenía
la llave del candado que guarda celosamente la privacidad del césped,
pero la debería de tener. Al menos eso piensa el canchero
del Estadio Jorge Luis Hirsh.
Al igual que yo, ese personaje que le da de beber su líquido
sagrado al engramillado se preguntaba ¿Cómo no va
a tener la llave de la puerta de acceso semejante jugador? Cuando
le entregó las llaves, el canchero le dijo:
vos no tenés las llaves pero sos el dueño de
todo esto, esta cancha tiene que tener tu nombre Y como no,
si con un testarazo en tierras ajenas, le dio a Estudiantes de La
Plata el título de la Copa Intercontinental, empatándole,
en Old Trafford, al Manchester United, después que los argentinos
habían ganado por 1 a 0 en el juego de ida.
Allí estábamos con Juan Ramón Verón,
la Bruja. Y al entrar a la cancha me volví a
cuestionar ¿cómo no darle a la Bruja Verón
las llaves del Flor Blanca también?
Cualquier Aliancista de corazón, sabrá que existen
momentos vividos por el club que merecen la portada del libro de
su historia. El último penal de Carlos Reyes contra Águila,
en febrero del 87, para sacarse de encima 20 años de frustradas
campañas sin título. La foto del campeón de
la Concacaf.
El día que Alianza le gana al Santos de Pelé. Por
este último hecho, Juan Ramón Verón forma parte
de la historia Alba.
Los ídolos futboleros se hacen con el tiempo o con los hechos.
A Verón el tiempo lo puso en el lugar correcto, en el momento
preciso para que un hecho lo convirtiera en ídolo de una
camiseta que se puso encima una sola vez.
Estudiantes de La Plata partía hacia una larga gira en diciembre
de 1965 y volvía a la Argentina hasta febrero de 1966, gira
que hoy por hoy sería impensable.
Era el primer año de profesionales de la tercera que
mata, los primeros en subir al fútbol rentado de esa
camada de jugadores que le dio tres Libertadores y un título
mundial al cuadro pincha.
Así le dicen acá a Estudiantes, pero ese es otro
cuento. Un equipo joven que apenas empezaba bajo el mando de Osvaldo
Zubeldia como técnico.
Zubeldia no terminó la gira porque tenía que regresar
a Buenos Aires a hacerse cargo de la selección nacional (uno
de seis técnico que guió a la albiceleste camino a
Inglaterra66) El camino del club chico inició en Perú.
Y terminaría en una convocatoria para Verón y el
capitán de Estudiantes, Oscar Malbernat para integrar la
preselección argentina.
Entre Perú y El Salvador, hubo un par de paradas de por
medio y un regreso casi dos meses después. Colombia, Panamá,
Costa Rica, Guatemala, Nicaragua. Y tendríamos que detenernos
un poco en Nicaragua.
Estudiantes venia asombrando en la gira, el grupo de jóvenes
nacidos del club empezaban a cuajar y a formar el equipo que dejará
historia un par de años después.
¿Por qué parar en Nicaragua?
Allí paro el buen momento de Estudiantes, para Verón
fue algo raro, porque no esperaban jugar allí, mas sabiendo
que en Nicaragua no había fútbol. El partido ante
el Flor de Caña, reforzado con otros jugadores del medio
local, se disputó en un estadio de Béisbol y los chochos
derrotaron a Estudiantes 2 a 1.
El siguiente paso era El Salvador. Pero las noticias del resultado
del Pincha ante un ignoto club nicaragüense llegaron rápido
a nuestras tierras y los compromisos adquiridos por el empresario
encargado de la gira se vinieron abajo. A esperar y a ver que pasa.
Para Verón el momento en El Salvador, fue particular para
Estudiantes, este tiempo que les brindó la oportunidad de
forjarse mas como grupo.
Aunque el recuerdo es lejano, todavía queda en la memoria
el restaurante italiano donde pasaban las comidas.
Aunque la mayoría de estas las hacían por invitación
propia, el clásico paracaídas, en la Embajada
Argentina.
Fueron tiempos difíciles, pero la pasaron bien. Sin un técnico
que los guiara durante su espera, Zubeldia estaba ya con la selección,
los propios jugadores tuvieron que cumplir esa función.
De allí que Bilardo, Miguel Ángel Zurdo
López y Raúl Madero se encargaran de la dirección
del equipo. Eran todos jóvenes de 20 a 23 años con
un futuro que parecía incierto en esos momentos pero terminaría
siendo glorioso.
Verón de blanco
En
esos días Alianza tenia un compromiso difícil por
cumplir con el Santos de Brasil, o el Santos de Pelé, que
para el propósito viene siendo lo mismo.
Tres jugadores, Madero (hoy médico de las selecciones argentinas),
Roberto Santiago y Verón serian cedidos al cuadro blanco
bajo una condición:
Alianza y Estudiantes disputarían un amistoso posteriormente
y lo recaudado le quedaría a los argentinos. Ese fue el acuerdo.
Ya había una manera de continuar la gira que hasta ese momento
se estaba estancada.
16 de enero de 1966. Estadio Nacional de la Flor Blanca. 32,000
espectadores. El Santos, venia de coronarse por novena vez en su
historia como campeón Paulista. Seis de los titulares ese
día ante el Alianza habían sido parte del cuadro que
ganó dos veces la Libertadores y dos veces la Copa Intercontinental
entre 1962 y 1963. Con Lula como Director Técnico. Coutinho,
Dorval, Mengálvio, Pepe y Gilmar. No solo era Pelé.
De los tres jugadores que Estudiantes le prestó al Alianza,
solo la Bruja Verón salió como titular
y jugó todo el partido. Santiago entró de cambio y
Madero no vio acción.
El estadio estaba lleno y con el Santos en su mejor momento. Esta
fue la primera vez que Verón se enfrentaba a un equipo tan
fuerte. Ese día con el Alianza entró el mejor Santos
que podía entrar a la cancha.
El fútbol le dio a Verón la oportunidad de ponerse
esa camiseta blanca. A los compañeros los conoció
en el momento, pero sabia que como delantero su función era
esperar que las pelotas le llegaran. Al recordarlos a esos históricos
del elefante blanco, a Verón le saltaron unos
nombres de inmediato un chileno Ricardo Sepúlveda
y el arquero Magaña, Raúl araña
Magaña, Miguel Hermosilla el otro chileno, y
el técnico, Hernán Carrasco Vivanco.
Alianza hace historia
Fue un muy buen partido, no hubo diferencias. Ya con un Verón
mas identificado con los albos recordaba que el arquero nuestro,
Magaña, jugo un muy buen partido, tapó todo, porque
el Santos tenia a este Pepe que le pegaba a la pelota que la rompía.
Y parece que la Araña la rompió esa tarde. Santos
no pudo hacer mucho, mas que un gol.
El primero fue de Pelé, un penal cobrado injustamente por
el arbitro Mármol Sagastume, según dicen lo que lo
vieron, después de una barrida de Chamba Mariona. ORei
venció a Magaña desde los doce pasos. 1 a 0 Santos
adelante.
Luego vendría el ingreso de Verón a la historia aliancista.
Pared con Sepúlveda, entra la Bruja al área
por la derecha y con un disparo fuerte y cruzado vence a Gilmar.
1 a 1. El grito de la gente, y el grito de Verón, subido
en un elefante blanco.
Pero la historia no termina allí. Era muy pequeña
para terminar allí. El del triunfo también tuvo el
sello de Verón.
Uno de los centrales del Santos, que no recuerda bien cual fue,
pero bien pudo haber sido Orlando o Mauro, derribó a Verón
en el área y esta vez el disparo de los doce pasos le corresponde
a los albos. Sepúlveda pone el 2 a 1, y de mas esta decir
que el Flor Blanca estaba por estallar.
Con pocos minutos por jugar, los aficionados invadieron la cancha,
y el partido terminó poco antes del tiempo, a pesar del malestar
de Pelé y sus secuaces. A través del tiempo el festejo
de la gente tras la victoria de los albos se fue quedando cada vez
mas grabada en la mente de Verón.
Vinieron muchos festejos mas para él y el grupo de Zubeldia
en Estudiantes, pero este siempre fue uno especial.
No era un triunfo mas, ni para el Alianza ni para un jugador con
90 minutos de historia en ese club. En ese momento, el Santos perdía
muy pocos partidos, era para Verón muy difícil imaginar
que podían derrotar a un equipo campeón de todo.
Fue muy lindo, dice Verón y un recuerdo que siempre lo acompañó.
Con un directivo que aun esta en el club de La Plata y presidente
de la delegación en ese momento, ese partido es tema de conversación
siempre, no tanto la gira de Estudiantes, sino mas bien el partido
ante Santos.
A partir de allí, Estudiantes empezó a jugar de nuevo,
cosa que no venían haciendo como equipo antes de EL partido.
Alianza fue un gran respaldo, después de allí pegaron
la vuelta. No si antes derrotar a un combinado Marte-Alianza 5 a
0. Bonita manera de pagar el favor.
De 1967 a 1970 se marcó una época especial tanto
para el fútbol argentino como para este club de provincia.
Estudiantes
de La Plata, con jugadores como el Bocha Flores, Ribaudo,
Polleti, Manera, Conigliaro, Bilardo, Madero, Malbernat, Pachamé,
y Verón, consiguieron ganar todo titulo posible.
En el fútbol argentino existe un antes y un después
del Estudiantes de Zubeldia. En nuestro fútbol, existen tardes
que también marcan la historia del fútbol salvadoreño.
Una de esas tardes la recordamos con Juan Ramón Verón,
esa tarde que la Bruja se subió al elefante y lo hizo mas
grande que los grandes.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. El Maestro
que rompió el molde.
Osvaldo Zubeldia quedó marcado en la historia del fútbol
argentino y mundial como un innovador. Implantó un orden
en todo sentido, en la parte física, táctica, en las
pretemporadas.
Desde 1966 para adelante se vivió el fútbol de otra
manera. Zubeldia no dejaba nada al azar. Desde los tiempos de comida,
hasta el tiempo de descanso estaba tomado en cuenta. Tenia particularidades
en los entrenamientos que eran desconocidas en el mundo del fútbol
hasta su llegada.
Para practicar la concentración con pelota, los hacia practicar
con pelotas de rugby, ovaladas e imprevistas.
Cuando en el fútbol los brazos no jugaban, los equipos de
Zubeldia, precalentaban en pareja corriendo uno al lado del otro
buscando una posición y peleando con las manos.
Iba a ver a sus rivales antes de enfrentarlos. Inició con
la marca personal cuando eso no existía en el fútbol
de esa época.
Las charlas técnicas eran un verdadero debate de ideas,
Zubeldia permitía la participación de los jugadores
y tomaba en cuenta su opinión.
Quizá esto forjó en ellos el instinto de seguir en
el fútbol como entrenadores. Así salieron Carlos Pachamé
(en la selección Juveniles de la Argentina en la época
de Bilardo), Oscar Malbernat (técnico en Colombia, Ecuador,
y últimamente en Cobreloa de Chile), Eduardo Lujan Manera
(técnico campeón con Estudiantes en 1983, dirigió
la selección de Guatemala en 1998, falleció en el
2000 victima de un cáncer) Juan Ramón Verón
(campeón en Comunicaciones) y el mas renombrado de todos
Carlos Salvador Bilardo (a quien Maradona lo hizo campeón
del mundo en 1986).
En una pizarra en el Old Trafford previo al partido de vuelta por
la Copa Intercontinental del 68 Osvaldo Zubeldia les escribió
a sus jugadores: A la gloria no se llega por un camino de
rosas.
En el Nombre del Padre
El 9 de marzo de 1975, Estudiantes jugaba su clásico ante
el otro equipo de la ciudad, Gimnasia y Esgrima. Carlos
Bilardo era el técnico del Pincha. Para Juan
Ramón Verón, no fue ni otro clásico más,
ni un día común y corriente.
En la madrugada de ese domingo nacía su hijo, Juan Sebastián.
Bilardo, para permitir que el nuevo padre descansara, no le avisó
del nacimiento de su hijo sino hasta la mañana siguiente.
Verón fue al hospital, conoció al que hoy llamamos
la brujita y en el clásico aportó un gol
para el 3 a 3 final.
Sebastián, como lo llama su padre, llegaba desde los 5 años
a las practicas de la bruja y se pasaba el rato pegándole
a la pelota contra la pared de una cancha de frontón al lado
del campo de entrenamiento.
Ahora la brujita juega en el Manchester United, justo
en la cancha donde con un cabezazo de su padre, Estudiantes ganó
la Intercontinental de 1968.
En ese Old Trafford, adonde Juan Ramón aun no ha vuelto
y solo espera que pase el frió ingles, para visitar a su
hijo.
Aunque para Sebastián, su padre esta en cada partido que
juega. Esa cinta blanca que la brujita coloca sobre
su rodilla derecha en cada juego, es por el padre, quien el mismo
la usaba pero por la necesidad de proteger una lesión en
los meniscos. El número 11 en la selección, es por
el padre, que utilizaba el mismo numero en su paso por Estudiantes.
Con personalidades similares padre e hijo, Juan Ramón sabe
que para Sebastián nunca habrá un reproche a su juego,
siempre una llamada después de los 90 minutos, siempre un
comentario, pero nunca un reproche.
El camino ya esta trazado. Y si Sebastián esta bien, su
padre esta bien.
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