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San Salvador volvió a gritar
Los panteras del San Salvador, con un ataque explosivo, liquidaron
a Firpo y se asomaron seriamente a la clasificación. Ahora
son terceros en la tabla.
Roberto Aguila
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
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Mario Mayèn festeja su gol ante Firpo
el primero del San Salvador lo acompaña el delantero
Alex Obregon.
Foto: Nelson Dueñas |
Los panteras del San Salvador derrotaron a Firpo 2-0, sumaron 20
puntos y desplazaron al Aguila del tercer lugar. Pero al margen
de este importante triunfo que lo puso a las puertas de la clasificación
a semifinales, el equipo rayado no jugó un gran partido a
pesar de que los números finales establezcan una diferencia
significativa.
Se puede concluir en que para ganar sudó la gota gorda, y
acaso por esa consecuencia festejó con infinito delirio su
gran victoria. La verdad es que en ningún momento -por volumen
de fútbol y dominio del partido- pudo establecer la diferencia
que señala el 2-0.
Incluso, en el primer tiempo y buena parte del segundo, fue víctima
del toque y de la mejor capacidad técnica de Firpo para manejarse
en ataque, y que no terminaron en el fondo de su red por los problemas
de definición que padeció el cuadro pampero. Un disparo
de Israel Castro chocado en el travesaño de Misael Alfaro,
más otras opciones de gol desperdiciadas por los delanteros
manudos, son las muestras de las flaquezas mostradas por los panteras.
Y entonces ....¿qué tuvo para ganar? La enorme capacidad
para explotar las espaldas descubiertas que dejó Firpo en
su empeño ofensivo, con un contraataque explosivo que tuvo
como gran actor a Alexander Obregón. Además, el concurso
de defensores correctos y con una moral dse hierro que se levantaron,
una y otra vez, del asedio usuluteco.
Justamente, ese contraataque mortal llevó a Mario Meza Mayén
y a Víctor Merino a fabricar los goles para el 2-0 definitivo.
Firpo quiso y no pudo
La derrota de Firpo puede definirse como la consecuencia de la falta
de tino para poner la pelota adentro. Lo demás lo pudo hacer:
sustraerle la pelota al rival, tenerla y manejarla con bastante
solvencia como para imponer el ritmo del partido.
El solo hecho de tener la pelota y juntarse en un toque llamativo,
le permitió al cuadro pampero establecer su hegemonía
del medio campo hacia arriba. Y controlando esa zona hizo de la
salida una gestión continuada. Incluso, su juego lateralizado
alcanzó profundidas porque ganó desborde cada vez
que se lo propuso.
Esa fue la razón de que dominara buena parte del partido
y estuviera insistentemente merodeadno el arco de Misael Alfaro
y provocando opciones de gol. De manera que los reproches apuntan
hacia su tremenda incapacidad para meter la pelota en la meta pantera.
Disparos descontrolados, pelotas que se volvieron a jugar en condiciones
óptimas para sacar el remate, cabezazos que salieron sobre
el travesaño cuando debieron llegar a la red, fueron el saldo
pobre de un equipo pampero que quiso ganar pero no pudo.
Y como para sellar su falta de gol, también se regaló
defensivamente y le dejó al San Salvador el camino marcado
para el contragolpe. En suma, Firpo fue la clara imagen de la impotencia.
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