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Rubén Vásquez De tigrillo a árabe
Rubén Vásquez, el preparador físico salvadoreño,
está en Kuwait desde hace un año. Trabaja con Badú
Vieira al frente del equipo Al Arabi, y sus vivencias en un país
de costumbres islámicas son dignas de conocerse.
Roberto Águila/EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
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RUBEN VASQUEZ ENTRENADOR DE FUTBOL
FOTO EDH |
Desde que Rubén Vásquez trabajó como preparador
físico en aquel FAS que dirigía Badú Vieira,
nació entre ambos entrenadores una fusión profesional
que con el tiempo se convirtió en imprescindible. A partir
de entonces el destino del salvadoreño apuntó siempre
por el camino que le señalaba el brasileño.
Así, un día, los dos recalaron en el extraño
mundo de Arabia Saudita. Por un año entero Rubén usó
chilaba de beduino, se sometió con paciencia de Job a las
rígidas leyes islámicas, y sobrevivió a las
costumbres extremas que no eran las mismas con que se crió
en su Santa Ana natal.
Ahora Rubén Vásquez está en Kuwait, otra vez
compartiendo obligaciones con Badú Viera como responsables
de la conducción del equipo Al Arabi, de la Primera División.
Y, como él mismo lo admite, aquella experiencia vivida en
Arabia Saudita le ha permitido sobrellevar la vida en este otro
país árabe de ambiente muy conservador.
Justamente, para conocer su propia versión sobre el entorno
en que se desenvuelve y su adaptación al mismo, contactamos
vía correo electrónico con Rubén Vásquez.
Sus respuestas nos revelaron la necesidad de que todos sus paisanos
nos enteraramos de la vida de un salvadoreño en las lejanas
tierras árabes.
Su entorno
Rubén cuenta que, contrario a lo que se pudiera pensar por
tratarse de un país islámico, el fútbol en
Kuwait representa para todos, jugadores y público, un pasatiempo
de primer orden. Por consiguiente, tiene la misma difusión
como en cualquier parte, y los partidos se juegan en un marco de
aficionados bulliciosos y apasionados.
Kuwait está dividido en varias comunidades, y cada
comunidad tiene un equipo en la liga mayor que recibe subsidios
del gobierno para desarrollarse. Yo estoy en el equipo Al
Arabi, que es el de mayor tradición y mayor renombre
en Kuwait. La asistencia promedio de sus aficionados es de doce
mil por partido, y actualmente somo los campeones nacionales,
refiere Vásquez.
El trabajo del dueto Vásquez-Vieira se ha consolidado en
Kuwait, porque el Al Arabi tenía ocho años
de no salir campeón. Como organización, el equipo
es un ejemplo, porque cuenta con 46 mil socios que aportan anualmente
(como donación) la cantidad de un millón 610 mil dólares
(35 dólares al año cada uno).
La temporada anterior salimos campeones y también ganamos
la Copa Ghadafi. En la nueva temporada seguimos ganando partidos
y confianza, tanto que a mí me nombraron entrenador principal
del equipo Sub-21. Además, soy el consultor de la materia
de preparación física para otros deportes, nos
dijo Vásquez.
Agregó que vive un entorno agradable, de mucho respeto, y
que no se puede quejar de nada porque los directivos son muy responsables
y se ocupan de todas sus necesidades. Actualmente, el Al Arabi está
jugando la Copa Ghadafi paralelamente al de Campeones de Asia. El
martes pasado viajaron a Siria para jugar contra el equipo Al Itihad,
y se logró un empate 1-1.
La adaptación
Rubén asegura que la experiencia vivida en Arabia Saudita
le ha servido para adaptarse más rápidamente en Kuwait.
Ambas sociedades son muy conservadoras y cerradas, pero la
kuwaití es más inclinada a las costumbres ocidentales.
Lo terrible es la temperatura. En este verano se llegó a
los 51 grados a la sombra, dice.
Rubén asegura que su adaptación fue fácil.
Refiere que la comida, horarios y lo relacionado al descanso no
lo afectaron mucho. Se come mucho arroz, ensalada verde, pollo,
pescado, cabro, camello. Las diferentes etnias hacen que haya diversidad
de platos, cuenta.
Vásquez afirmó que el observar y respetar las costumbres
kuwatíes es la clave paara llevar una vida sin sobresaltos
en una sociedad islámica. A donde fueres, haz lo que
vieres, comenta.
La nostalgia
Aunque Rubén Vásquez no lo admita nunca, en sus palabras
se descubre la nostalgia que por su país le produce la lejanía.
Dice que trata de sumergirse totalmente en el fútbol para
ver pasar los días con mayor celeridad.
Los descansos los aprovecha para leer los periódicos de El
Salvador, conocer cómo andan los equipos salvadoreños
(sobre todo el FAS de sus amores), ver videos de la liga inglesa
y española. Todo gira alrededor del fútbol.
Otra cosa que hago es acercarme a la federación kuwaití
para conocer resultados y, sobre ellos, elaborar estrategias para
el siguiente partido. Además, estoy escribiendo un texto
sobre preparación física. Ojalá se interese
el COES o el INDES y me ayuden a difundirlo, señaló.
Relató que su hijo, Rubén Enrique, estuvo a prueba
en el Al Arabi por varios meses. Viajó con ellos a Egipto
para la pretemporada, pero no quedó porque en ese momento
se dispuso dejar en suspenso la contratación de jugadores
foráneos.
Rubén disfruta de vivienda, carro, seguro de vida y salud,
vacaciones remuneradas y mucha promoción. Pero la nostalgia
tira mucho, y se nota cuando dice: Tanto mi país, Santa
Ana mi ciudad, como FAS, jamás salen de mis días aquí
en Kuwait. Y no tiene que jurarlo, porque se lo creemos.
Yo quedé feliz como padre y orgulloso como técnico
de que mi hijo, Rubén Enrique, se haya portado en estas tierras
como real guanaco de pura pasta.
Estamos con el pasaporte en la mano
El ambiente de pre-guerra que se vive en la zona del Golfo Pérsico
mantiene en tensa preocupación a Vásquez y Badú,
en Kuwait
No es fácil dedicarse al fútbol en un país
enclavado en una zona tan tensa como el mundo arábigo. Más
ahora, cuando el término guerra suena aún más
inminente tras las últimas palabras del presidente de Estados
Unidos, George W. Bush, y llega como un eco insistente y preocupante
a Kuwait.
Rubén Vásquez ha aprendido a sobrellevar la situación,
pero es difícil. Tanto, que incluso sus labores deportivas
han salido afectadas. Estando en Egipto -narra el preparador
salvadoreño-, el gerente de nuestro equipo Al Arabi nos habló
de una disposición de la Federación de Fútbol
de Kuwait, en donde se prohibía, hasta nuevo aviso, la contratación
de nuevos extranjeros para todos los equipos. ¿Por
qué? La honesta respuesta de Vásquez: Por la
incertidumbre e inestabilidad actual sobre la región, y en
especial en Kuwait.
El riesgo, ya cotidiano, se asimila con medidas prácticas.
Nadie se hace responsable por nadie. A Badú (Vieira)
y a mí nos pasa igual. Actualmente tenemos los pasaportes
en la mano y estamos con las maletas listas, explica, en una
descripción clara de la preocupación reinante en aquellas
tierras.
En mi caso, estoy registrado como ciudadano canadiense -se
reconforta-, y eso hace que la Embajada de Canadá responda
por mí. Mas no se olvida de agregar dos palabras que
ya suenan a martilleo insoportable: Pero la situación
es difícil y tensa.
Le agradezco a Dios
por su voluntad, y a Badú por confiar en mi trabajo
Los domingos por la mañana voy a una iglesia católica.
Allí se venera a nuestra Señora Santa Ana, y eso me
alegra.
Para la afición de FAS y el pueblo de Santa Ana, todo
mi corazón.
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