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Víctor Flores: Barista de corazón

Mañana viaja, por segunda vez a China, para participar en el Global Barist Celebration Champions a representar a El Salvador

Víctor Flores

Víctor Flores, barista salvadoreño y propietario de Coffe Shop Biscuit ubicado en Antiguo Cuscatlán. | Foto por Mauricio Cáceres

Víctor Flores, barista salvadoreño y propietario de Coffe Shop Biscuit ubicado en Antiguo Cuscatlán.

Tiene 28 años. Al salir bachiller se inclinó por estudiar cocina  en la Academia Panamericana de Arte Culinario (APAC) y ha tratado de convertirse en un barista profesional en el último quinquenio. Es Víctor Flores Menéndez, quien viaja mañana a representar a El Salvador en la 2015 Global Barist Celebration Champions, la segunda edición de una competencia de barismo organizada por China.

Esta es la segunda ocasión en la que viaja a la ciudad de Harbin para representar al país en este duelo de baristas. La primera vez tuvo lugar en noviembre del año pasado; en ella, Víctor  obtuvo el tercer lugar entre 12 participantes, representantes de los países Honduras, Costa Rica, Colombia, Perú, Alemania, Polonia, Australia, Indonesia, China, Taiwán y Corea del Sur. Para este año, los concursantes suman 30.

Según explicó este amante del café, el concurso no es oficial-nacional, sino por invitación, pero basado en normativas mundiales, tanto así que para que él pudiera participar tuvieron que validarle su puntuación en el certamen nacional de barismo en El Salvador, donde había obtenido el sexto lugar en 2013.

“En China habían establecido un perfil para el competidor: debía hablar inglés, tener dos años de experiencia en barismo y haber quedado en los primeros tres lugares de la competencia nacional. Este último requisito no lo cumplía yo, pero el puntaje que yo obtuve en la competencia de 2013 era equivalente a quedar en Honduras en primer lugar y en otros países en segundo lugar, porque el nivel de El Salador es superior. Ellos aceptaron y me invitaron, entonces, a competir”, anotó.

Para lograr estar en esta segunda edición de la competencia, que tendrá lugar esta semana, las cosas han sido distintas: los organizadores han establecido sus propias reglas y para seleccionar al próximo invitado, Víctor tuvo que competir con otros dos baristas que cumplían también con el perfil; y ganó él.

Cuenta que se ha estado entrenando bastante, porque la competencia girará en torno al Latte-Art, una rama de barismo en la que, asegura, los asiáticas son “buenísimos”.

Quede o no entre los primeros tres lugares, Víctor destaca que el solo hecho de tener la oportunidad de participar es enriquecedora. Una de las anécdotas que destacó sobre su viaje del año pasado fue haberse dado cuenta de el valor y el aprecio que los extranjeros tienen por el café salvadoreño: “Estando allá afuera me pude dar cuenta de cómo aprecian el café salvadoreño. Era increíble cuando escuchaban la combinación de palabras Pacamara – El Salvador, mi arma secreta. Cuando terminaba mi rutina llegaba la gente a pedirme, a decirme: ‘Regalame un poquito de tu café, quiero probarlo’. Entonces, tener  la oportunidad de ser un embajador del café de El Salvador, para mí ese es un honor enorme”, expresó.

En la actualidad, se dedica a atender el retoño de un negocio familiar cuyas raíces se remotan a 1999, cuando su familia fundó la panadería Biscuit Factory, en ciudad Merliot, que ahora cuenta con una sucursal en Antiguo Cuscatlán que se atrevió a incursionar en el mundo del Coffee Shop.

Otra de sus pasiones son los carros; en el deporte, la Fórmula 1. Y por si fuera poca la presión que tiene a las puertas d eun viaje que el año pasado duró 45 horas, después de tres escalas en Panamá, París (Francia) y Beijing (China), también tiene en mente otra cosa: su boda. Víctor está comprometido y su matrimonio está fechado para el año próximo. Mientras tanto, piensa en Miami y en Las Vegas, donde hará sus próximas dos escalas antes de llegar a Harbin.

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