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4 cosas que jamás debes obligar a tu hijo a hacer

No podemos exigirle a un niño pequeño lo que resultaría una falta de respeto entre adultos

4 cosas que jamás debes obligar a tu hijo a hacer

Hace algún tiempo, mientras estaba comprando en el supermercado, me encontré con una amiga y su hijo pequeño. Santiago, mi hijo se negó a saludarla con un beso en su mejilla, solo movió su mano y tímidamente le dijo: “Hola”. Mi amiga me miró, se acercó a él y le dijo: “¿Me darías un besito?”, a lo que él respondió enfáticamente que no. Hubo un silencio un tanto incomodo de su parte, retomé la conversación y luego le expliqué que desde hace un tiempo hay ciertas cosas que no obligo a hacer a mi hijo. Entre ellas, a dar besos. ¿Los motivos? Te los explico con mucho gusto a continuación: 

1. Besos 
Si lo piensas, es un acto casi íntimo. Demuestra afecto, complicidad y nadie anda besando a todo quien se le cruza. Por lo demás, por higiene no obligo a que mi hijo salude de esa forma, pues justamente a través del a boca es que podemos transmitir enfermedades realmente complejas.

2. No elijo por él 
Esto se limita a cosas básicas, como el deporte que practica, los dibujos animados que le gustan (claramente le doy a escoger entre las opciones que son más adecuadas para su edad), sus amigos, las cosas con las que quiere jugar.

Toda experiencia que él adquiera será una ganancia para su vida, para que logre ser un adulto feliz. ¿Para qué ponerlo a practicar gimnasia si lo que realmente le gusta es el ajedrez?

3. Comer 
Sí, dejé de obligarlo a comer. Si no tiene problemas de desnutrición, si ha comido antes de alguna comida y por alguna razón especial (como una celebración de cumpleaños en periodo de clases) o si está enfermo, entonces cedo.

NO ofrezco chatarra a cambio, ni chantajes, nada. En algún momento volverá a sentir hambre y seguramente comerá toda su merienda o cena. Si puedo ofrecerte un buen consejo en esta difícil y desesperante etapa, permíteme recomendar el libro Mi niño no come del afamado pediatra Carlos González. 

4. Compartir sus juguetes con un extraño 
Muchas veces me sorprendí diciéndole, “vamos, comparte con Juanito”, pero resultaba ser que a Juanito lo acababa de conocer y yo le estaba exigiendo que le entregara sus tesoros más preciados.

Así que decidí ponerme en sus pequeños zapatos e invertir la situación: ¿Qué pasaría si llegara un adulto extraño a mi vida y mi madre me obligara a darle todo lo que tengo?, me sentiría francamente invadida. Así que luego de esa reflexión, opté por dejar que él comparta cuando se sienta seguro, sin miedo a ser despojado de sus grandes tesoros.

No podemos exigirle a un niño pequeño lo que resultaría una falta de respeto entre adultos. Practicar la empatía comienza en casa, dando el ejemplo necesario para fomentar el respeto por los demás.

Ya verás como a medida que tu hijo va madurando, irá incorporando aprendizajes nuevos, que traerán como consecuencia un cálido saludo a quien viene conociendo, el compartir juguetes de manera espontánea con nuevo amigo, el pedirte probar un platillo que nunca antes quiso probar. La clave es la paciencia.

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