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La Torre de la Libertad abre sus puertas al mundo

Lista para habitar la torre One World Trade Center, con 541 metros de altura y 104 pisos; es el edificio que nació como anhelo y emblema de recuperación de la Zona Cero en Nueva York, donde sucumbieron las torres gemelas en septiembre de 2001. Abrir

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La Torre de la Libertad abre sus puertas al mundo

Domina el cielo de Nueva York como una aguja apuntando al cielo. Vista desde la base, la altísima estructura de metal y vidrio parece fundirse en el infinito cielo azul de un día despejado en la isla de Manhattan. El vanguardista diseño arquitectónico con ocho triángulos que se entrelazan desde el medio y agudizan la perspectiva de los 541 metros de altura desde el suelo al pico de la antena que corona la cúspide.

Una edificación de estas características no pasa desapercibida para los residentes de Nueva York, y menos para los miles de turistas que corren a tropeles por todas las callejuelas y pasillos —aún limitados por vallas de seguridad de la construcción del complejo World Trade Center (WTC)— para ver el nuevo símbolo de la ciudad.

Las obras en el Centro de Comercio Mundial, como se conoce en español, estarían finalizando entre el próximo año y 2020 cuando concluyan los trabajos de los siete edificios que formarán el conjunto arquitectónico que fue pulverizado el fatídico 11 de septiembre de 2001, cuando dos aviones comerciales cargados de pasajeros fueron estrellados por terroristas de Al Qaeda contra las torres gemelas, dejando cerca de 3 mil víctimas mortales.

En homenaje a las vidas segadas en el lugar se construyó el Memorial del 9/11, que abrió al público con algunas limitantes hace dos años. Pero con la finalización en noviembre pasado de la Torre de la Libertad, como se bautizó inicialmente el nuevo edificio, la plaza ha quedado en su totalidad abierta al público.

En los dos cuadrantes donde estaban las torres gemelas, diseñadas a principios de la década de 1960 por el arquitecto estadounidense de descendencia japonesa Minoru Yamasaki (1912 – 1986), y cuya construcción se realizó entre 1966 y 1973, se ha construido el monumento conmemorativo a los atentados.

Son dos enormes fuentes de 10 metros de profundidad que dejan caer a raudales agua a dos fosos profundos; todo hecho con piedra de mármol negro, bordeando los cuadrantes están escritos en color dorado los nombres de las 2 mil 753 víctimas fatales reconocidas en el atentado. También se ha incluido a las seis personas que perecieron en el primer ataque contra el World Trade Center ocurrido el 26 de febrero de 1993.

De la mirada al cielo a que obliga la torre principal diseñada por los arquitectos estadounidenses David Childs y Daniel Libeskind, cuya obra iniciaron el 27 de abril de 2006 —con algunos contratiempos—; no se puede pasar de lado la larga lista de nombres de las víctimas, el visitante también se ve forzado a contemplar las paredes donde cae el agua produciendo un permanente y tranquilizador sonido; que podría interpretarse como las lágrimas derramadas ante la barbarie.

El mirador del mundo y las cifras redondas

Este rascacielos es el de mayor altura en toda América y guarda algunas claves para descifrarlo, sus 1,776 pies de alto —medida estándar utilizada en Estados Unidos—, coincide con el año de independencia de la nación norteamericana. Los 104 pisos del edificio se completan con un observatorio ubicado a 417 metros del suelo, igual a la altura que tenía la torre 1 del antiguo complejo.

El acceso por la puerta principal frente al memorial está restringido al público en general, no así a los trabajadores que todavía amueblan los pisos más altos de la torre y a los ejecutivos de las compañías que se preparan para moverse a la torre. 

Sin el embargo, el 29 de mayo es la gran apertura para que el público en general pueda subir hasta el Observatorio Uno del Mundo, ubicado en los pisos 100, 101 y 102. 

Son 73 los elevadores habilitados con capacidad para subir hasta 50 pasajeros en cada viaje a la cúspide del rascacielos en 60 segundos, según el presidente y director ejecutivo del One World Observatory, David Checketts. Desde la cúspide los visitantes tendrán una vista panorámica de la ciudad de Nueva York, además de un restaurante para alargar la estancia de altura.

Los pases para subir al observatorio ya están a la venta por Internet en el sitio oficial del WTC y los costos oscilan entre los 26 y 32 dólares según los rangos de edad. Solo los menores de 5 años entran gratis.

Pero la construcción del edificio, que ya domina del paisaje de la isla de Manhattan, no ha sido una tarea fácil, los costos se duplicaron hasta llegar a los $3 mil 900 millones. Las obras también tardaron más de lo previsto; por ahora la administración tutelada por de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey está en la búsqueda de los inquilinos que quieran mudarse a la parte más alta del emblemático edificio.

Por ahora, entre los nuevos arrendatarios están un reconocido casino que se instalará en los pisos 58 y 59, compañías de tecnología e informática, editorial y comunicaciones que ocuparán la parte media del nuevo icono. 

Pero llevar a feliz término la obra no ha sido fácil, los estiras y encoges han estado a igual entre los inversionistas del inmueble, la Autoridad Portuaria, familiares de las víctimas del 9-11, la Policía de Nueva York y la administración del WTC, entre otros. 

Y no se diga los litigios legales por reclamos de seguros ante los atentados, donde el empresario judío americano Larry Silverstein, que había firmado un millonario contrato de arrendamiento del WTC, justo dos meses antes de los ataques, reclamaba el doble de las pólizas al concebirlo como dos eventos destructivos, por tratarse de dos aviones: uno para cada torre.

Esto, aparte de los contratiempos que se han dado con pericias sobre la marcha para verificar que la edificación sea más segura, fácil de evacuar ante un nuevo atentado y, sobre todo, que el mismo edificio tuviera mayores soportes para evitar un colapso como sus antecesoras. 

Las columnas que dan soporte al nuevo edificio, según detalla el sitio oficial del WTC, tienen un revestimiento de concreto de un metro de espesor, conformando un núcleo central de hormigón que guarda la parte medular del edificio.

Dentro de esa altísima caja de concreto resistente a incendios están los elevadores, tuberías, escaleras de emergencia anchas e iluminación; todo previsto para evacuar la torre de forma más rápida ante una eventualidad y múltiples salidas a todas las calles.

También posee una escalera de ascenso sólo para bomberos en caso de emergencias, también un sistema de irrigación interior para contrarrestar incendios. Todas las normativas superan los requisitos de otras edificaciones en la ciudad.

El consorcio Tishman Construction, bajo la supervisión estructural del contratista WSP Cantor Seinuk, montó esta megaestructura de cientos de miles de toneladas de acero. Los soportes estructurales dotan de gran rigidez la torre, cuyo diseño muestra ocho bordes flechados en triángulos isósceles que se funden en la cúspide con una corona de tres plantas prevista para las telecomunicaciones, luego la aguja y la antena final sobre la que brilla una lámpara intermitente por las noches.

El One World Trade Center, aparte de ser el edificio más alto de Estados Unidos es la cuarta edificación de oficinas y servicios con mayor altitud en el mundo, una verdadera proeza de la arquitectura moderna y un reto a las alturas.

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