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“Se puede salir y vivir después de cáncer”

Karen de Portillo es un testimonio de que aunque la lucha contra el cáncer de mama es dura se puede vencer. Y asegura que la fe en Dios y el amor de los seres queridos son primordiales para seguir adelante en los momentos más difíciles.

Especial de cancér de mama.

Karen de Portillo es un testimonio de que aunque la lucha contra el cáncer de mama es dura. | Foto por René Quintanilla

Especial de cancér de mama.

Karen de Portillo es una joven salvadoreña, quien a sus 35 años ha superado el cáncer de seno, y como sobreviviente no quiere quedarse de brazos cruzados, y  ejemplifica que el cáncer de seno sí se puede superar. Aunque reconoce que el proceso no es nada fácil.

 “Aún en estos tiempos relacionamos cáncer con muerte, y no es así, se puede salir y vivir después del cáncer”, afirma. Y confiesa que ella  misma pensó que moriría hace un año cuando supo que padecía la enfermedad.

“Cuando el doctor me dijo que tenía cáncer también me expresó que era fuerte, valiente y que iba a seguir adelante. Yo estaba enojada en ese momento, y me preguntaba porque él me dice eso si no me conoce, pero ahora sé que fue clave porque desde el principio me inyectó positivismo”, asegura Karen.
 Asimismo, sostiene que “lo más duro fue decirle a mi hija mayor de 13 años, ella lloró y me decía: prometeme que todo va estar bien. Yo le decía que iba a luchar con uñas y dientes para estar con ustedes, vamos a confiar en Dios”.

Así el amor y apoyo de sus hijas, su esposo, sus padres y sus hermanos la motivaron a seguir luchando.

Un duro proceso

El 11 de noviembre de 2014 Karen entró al quirófano con la idea de una cirugía conservadora, pero al final fue radical. “Me quitaron toda la mama y me hicieron vaciamiento de axila porque tenía ganglios positivos. Lo primero que pregunté cuando desperté era si me la habían quitado toda”, recuerda.

Al llegar a casa todos la esperaban para apoyarla, y sostiene que lo primero que hizo fue verse en el espejo de su cuarto, y “yo misma decía soy linda, y no voy a dejar que esto me venza”.

Después de la operación se enfrentó a 25 radioterapias y ocho quimioterapias, de cuatro ciclos fuertes y cuatro suaves.

Para ella lo más duro fue la quimioterapia y la caída del pelo. “(...) Le pedí a mi esposo que me rapara. Y él lloraba cada vez que me pasaba la máquina. Eso fue un miércoles, jueves no salí. El viernes salí por motivación de mi hija mayor”.

“En las quimios hubo días difíciles, especialmente en la primera, pero era más miedo a los efectos secundarios. El hecho de que estuviera mi familia y todo su amor me ayudó. Orábamos, cuando antes no lo hacíamos en familia”, apunta.

“Crecimos espiritual y emocionalmente. Si bien es cierto que fue difícil, todos en casa estamos agradecidos con Dios. Hay días de dolor y angustia, pero se sale adelante, yo aprendí a darle gracias a Dios por todo, hasta por las pequeñas cosas: sentarme a la mesa a comer con mi familia, por levantarme, por bañarme sola. Ahora cada vez que abro los ojos le doy gracias por un día más que me da”, puntualiza Karen.

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