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Los tiranos que viven en tu casa: los niños y el síndrome del emperador

Si suelen darle todo a sus hijos, sobreprotegerlos, cumplirles todos sus caprichos y no poner límites, es muy probable que estén formando un hijo egocentrista.

Procura que tus hijos aprendan que no es necesario levantar la voz

Un niño así, suele ser egoísta, intolerante, violento y hasta cruel con los animales, compañeros o consigo mismo y sus padres, siendo estos últimos sus primeras y peores víctimas. ¿Te suena familiar la imagen?

Déjame contarte que yo amo la educación, creo firmemente que es por este medio que todos y cada uno de nosotros podemos verdaderamente llegar a superarnos, mejorar nuestras condiciones de vida y trascender. Es por esta razón que me dedico a la educación y formación de padres de familia, teniendo la oportunidad de recibir cada año a jóvenes parejas que enfrentan nuevos desafíos en torno a la educación de sus hijos.

Hace veinte años, los padres que acudían a mí tenían hijos que cursaban la secundaria o el bachillerato, sin embargo, con el paso del tiempo han aumentado los casos en los que las problemáticas se presentan en niños de edad preescolar.

Esta situación suele causar en los padres sentimientos de impotencia, incapacidad y desconocimiento total acerca de cómo educar y corregir a sus hijos. La tan trillada frase: "A nadie se educa para ser padre" ha llegado a convertirse en el mejor pretexto para no aceptar la verdad de la situación: "Muchas veces no me he interesado por aprender a ser un buen padre".

Así, muchos padres se escudan en justificaciones como ésta, que al final les sale muy cara, les duele y les avergüenza más el día que sus hijos cometen un ilícito, daña su vida o la de otros. También hemos escuchado con frecuencia, que mientras fuimos niños aprendimos los modelos de la paternidad de nuestros padres, ya sea que hayan sido apropiados o no, pero así fue. De igual forma que la anterior, muchos se justifican en esta declaración creyendo que no pueden hacer algo más con sus propios hijos.

Sin embargo, si bien aprendemos de nuestros padres, existe siempre algo que nos dice cómo ser un mejor padre o madre, hay una especie de instinto y hay muchos libros que nos ayudan a aprenderlo.

Retomo estos dos ejemplos, porque creo que el fenómeno de los hijos emperadores tiene que ver con todo esto. Déjame contarte en qué consiste esta problemática.

1. Un niño no se convierte en tirano de la noche a la mañana

Bienvenidos a la soberanía del capricho. Los bebés aprenden desde sus primeros días de nacidos que el llanto es la manera de manifestar sus necesidades y de que estas sean satisfechas. Con el paso del tiempo comprenden que entre más fuerte lloren, más rápido serán atendidos y así inicia una cadenita que de no ser limitada y canalizada adecuadamente, terminará sofocando a los padres cuando sus hijos crezcan.

2. Donde hay demasiado, algo falta

Brindar a tus hijos de todo lo que tú no tuviste, satisfacerlos a manos llenas, sin esfuerzo de su parte y sin control, dañará terriblemente sus vidas. Con mucha frecuencia, y me atrevería a decir que casi siempre, los padres que lo dan todo y en demasía, experimentan sentimientos de mucha culpa por no pasar suficiente tiempo con sus hijos.

Esta situación puede ser debido a razones diversas: ya sea porque no pueden, no quieren o no les gusta pasar tiempo con ellos; lo importante aquí es destacar que ante esa situación, buscan llenar los vacíos con muchos regalos. Sin embargo, su culpa desaparecerá por poco tiempo y los niños aprenderán a exigir cada vez más cosas.

3. Lo que sobra, no reemplaza lo que falta

Un niño al que le sobra ropa, comida, juguetes, clases extra, paseos, dinero o enormes fiestas infantiles, con frecuencia carece de cosas básicas pero indispensables. Una disciplina que ponga límites claros, reglas y normas justas, que brinde seguridad, confianza y amor es fundamental para el sano desarrollo de un niño.

Mimar a los hijos sin disciplina, no es amor. Un padre que ama es firme, más no duro. Una madre que ama forma el carácter de su hijo, no lo deforma con interminables complacencias.

4. El exceso de estímulos, apaga el deseo

Un niño que ha tenido todo aún antes de pedirlo, no aprende a desear algo y luego esforzarse para obtenerlo. Tampoco tiene noción del valor de las cosas ni del trabajo que implica obtenerlas. Los niños que crecen en este ambiente, tienen la errada idea de que todo el mundo está para servirles con solo tronar los dedos, entornar los ojos, derramar lágrimas o amenazar con hacerse daño.

En casos extremos, podemos encontrar niños que aguantan la respiración para presionar a sus padres a obtener lo que quieren, utilizan chantajes acusándolos de abandono y los culpan de cuan malos han sido con ellos. A decir de los especialistas del tema, así inicia lo que han llamado: violencia psicológica filio-parental, que llega a expresarse en casos tristísimos de hijos adolescentes que no solo le faltan al respeto a sus padres, sino que también los ofenden y hasta golpean.

Si bien el panorama puede resultar desalentador, déjame decirte que el mejor remedio para este mal del siglo es barato y lo puedes hacer en casa: aprende a decir 'no', a poner límites y no sentirte culpable. Ten ánimo, la soberanía del capricho se puede derrocar.

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