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SALUD

Intolerancia a la lactosa, más allá de la leche

Este tipo de azúcar también se encuentra en carnes procesadas, como las salchichas, paté, margarinas, salsas y embutidos, entre otros 

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La mayoría de las personas asocian la lactosa a la leche y a sus derivados, como yogur o queso, pero este azúcar también es un componente de carnes procesadas, como las salchichas, paté, margarinas, salsas y comidas preparadas, fiambres y embutidos, cereales enriquecidos o pan de molde.
Cualquiera de estos alimentos con lactosa, habituales en el menú diario, puede ocasionar intolerancia a quienes tienen predisposición. Antes de los 3 años aparece si es por herencia genética, pero la más común es la intolerancia transitoria o secundaria. 
La intolerancia aparece cuando existe una incapacidad total o parcial para digerir adecuadamente la lactosa. Y esta imposibilidad se debe a un trastorno relacionado con una enzima, la lactasa, cuya acción en el intestino delgado es degradar la lactosa en dos azúcares (glucosa y galactosa), proceso gracias al cual se permite su absorción, explica la doctora Dolores Cabañas, especialista en aparato digestivo.
Este fallo enzimático no daña la mucosa intestinal, pero provoca síntomas que aparecen entre los 30 minutos y las tres horas después de la ingesta y en función del grado de intolerancia (del 1 al 4) y de la cantidad de lactosa presente en los alimentos consumidos.
Un simple café con leche puede no provocar ninguna alteración, pero si es el remate de una comida con ingredientes como nata, queso, salsas o embutido, por ejemplo,  es posible que pase factura.
Entonces aparecen los síntomas como: gases, hinchazón abdominal, retortijones, ruidos audibles de tripas, diarreas y estreñimiento causado por aumento de metano, un gas del colon.
“Pero en muchas ocasiones apunta la también profesora titular de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid no solo es diarrea, también es estreñimiento causado por un aumento de metano. Algunos pacientes también sufren náuseas y vómitos y en otros existe una mala absorción de nutrientes y eso supone colesterol elevado y niveles de hierro bajos”.
Es necesario acudir al especialista, con la idea precisa de qué alimentos se ha consumido y cuando, o si ha tenido efectos en la salud, con el fin de someterse a pruebas diagnósticas, como el test de hidrógeno espirado, una de las más comunes.
Hay que tener en cuenta que existen medicamentos con lactosa, por lo que es necesario advertir a médicos y farmacéuticos.

Una dieta sin lactosa no significa sin lácteos
Si las pruebas determinan intolerancia a la lactosa, el especialista tendrá que programar una dieta para suprimir los alimentos con lactosa pero eso no significa que ya no se puedan consumir lácteos. Las fórmulas “sin lactosa” que se ofrecen en el mercado funcionan y ahora también se extiende a productos procesados, como los embutidos que se publican con esta característica.
Según la doctora Cabañas, “también obliga a reajustar la dieta para incrementar la ingesta de alimentos ricos en calcio, vitamina D y riboflavinas”, un tipo de vitamina B hidrosoluble, es decir, que no se almacena en el cuerpo por lo que es necesario reponerla diariamente a través de la alimentación adecuada.
Aunque, según recuerda Dolores Cabañas, no solo los lácteos tienen calcio y por eso no debe olvidar consumir  sardinas, higos secos, nueces, almendras, almejas, mejillones, garbanzos, verduras de hoja verde y yema de huevo, “que además de aportar vitamina D, regula los niveles de calcio y fósforo”. 

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