Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

5 formas en las que lastimas a tus hijos adultos

Los hijos desean saber que les importan a sus padres sin importar la edad, si viven en casa o no, si están solteros o casados. 

5 formas en las que lastimas a tus hijos adultos

“Los niños no dejan de necesitarte sólo porque crecen”, decía un meme en Facebook. Es verdad. Nunca dejamos de necesitar recibir amor y preocupación de nuestros padres, no importa cuál sea nuestra edad o la suya.

Recibimos una carta de alguien que leyó nuestro texto “5 ways adult children hurt their parents without realizing it” (“Cinco formas en las que los hijos adultos lastiman a sus padres sin saberlo”, en inglés). Quien escribió quería los hijos también fuesen igualmente reconocidos por sus padres.

Él escribió: “Soy un adulto maduro y juntos mis padres me han llamado tan pocas veces que recuerdo cada llamada. En todas se trató de un fallecimiento. Pasé veintiséis años de mi vida sirviendo a mi país, pero no soy digno de que me llamen mis padres. "Mis padres nunca vinieron a visitarme desde que salí de casa a los diecisiete y nunca pedí nada”. 

A este hombre de mediana edad le duele la falta de atención de sus padres. ¿Tu hijo adulto podría estar sufriendo el mismo descuido? A continuación les dejamos cinco formas en las que, quizás sin notarlo, los padres lastiman a sus hijos adultos. 

1. No llamarlos 

Puede que pienses que llamarte es el deber de tu hijo. Es lindo que lo haga, pero muchos esperan que tú llames. Cuando dejas de hacerlo, se forma un hábito. Se hace fácil seguir con tu vida y pensar que es mejor dejar que ellos vivan la suya sin interrumpirla con llamadas. 

O tal vez estés demasiado ocupado. Espera: ¡es tu hijo! No hace falta llamar todos los días, tal vez ni siquiera cada semana. Pero sin dudas una vez al mes sería la menor frecuencia aconsejable para hacerles saber a tus hijos que piensas en ellos. Ellos necesitan una llamada. Necesitan oír tu voz y saber que estás pensando en ellos. 

2. No visitarlos 

Cuando los hijos viven muy lejos, puede ser difícil visitarlos, especialmente si eres mayor o estás mal de salud. También puede resultar caro. Quizás tengas que buscar una forma económicamente accesible de hacerlo. Si no te atreves a manejar, busca un servicio de transporte. 

Llama a tus hijos, diles que te gustaría ir a visitarlos y pregúntales cuándo sería el mejor momento, y cuánto tiempo les parece bien. Y hazlo. O a veces, la mejor forma de lidiar con el tema es invitarlos a tu casa. Hazles saber que deseas verlos en persona, incluso si es tan sólo por algunos días. O si se encuentran cerca, invítalos a comer. Haz que sea agradable, así querrán venir de nuevo. 

3. No celebras sus cumpleaños 

Sin duda alguna, ningún padre olvidará jamás el recuerdo de traer un niño al mundo. Recuérdales qué feliz fue para ti el momento en el que llegaron a tu familia. Habla sobre las cosas tiernas que hacían cuando eran pequeños. Mantén vivos los recuerdos. Se puede hacer esto con una tarjeta o con regalos. 

No hace falta que sean caros para que le importen a tu hijo. Puede ser una foto con ustedes juntos en ella, enmarcada de forma simple, o una tarjeta de regalo para usar en su restaurante favorito. Lo importante es recordarlos en su cumpleaños. Eso significa que te hicieron feliz al nacer, lo que le hace muy bien a los hijos. 

4. No parece importarte qué pasa en sus vidas 

Si no preguntas, puede que les parezca que no te importa lo que sucede con ellos. No es necesario saber cada detalle, pero deberías saber de qué trabajan, cómo se divierten y que están haciendo con sus propios hijos, si tienen. Haz preguntas como “¿Qué es lo que te gusta de tu trabajo?”, “¿Cómo van los niños?”, “¿Cómo está tu esposo/a?”, “¿Hiciste algo divertido estos días?”, “¿Cómo estás de salud?”. 

Interésate por lo que suceda en sus vidas, sin entrar en detalles que tal vez sean privados. Muestra que te importa lo suficiente y pregúntales. 

5. Los criticas y te quejas demasiado

Ningún hijo desea sentir que nunca está a la altura. Mira lo que tienen de bueno. Si siempre estás diciéndoles lo que piensas sobre lo que “deberían” hacer, cambia. Cuéntales de tus intereses y de lo que tú estás haciendo con tu tiempo. Muéstrate informativo, agradable y breve. 

Si tienes problemas de salud sobre los que ellos deberían saber, cuéntales, pero no la alargues demasiado. Recuerda que más que nada ellos quieren que te interese lo que están haciendo sin criticarlos. Acéptalo y muestra gratitud porque quieran compartir sus vidas contigo. Si estás haciendo alguna de estas cinco cosas, no es muy tarde para cambiar. 

Haz saber a tus hijos adultos que los amas. Vive la vida de forma tal que te extrañen cuando ya no estés. Es la forma más feliz de vivir.

Lea además
Abrimos este espacio para el fomento de la libre expresión, que contribuya al debate y a la crítica constructiva. Te invitamos a hacer buen uso y a leer las normas de participación