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La crítica, necesaria para la construcción de la sociedad

"Je suis charlie" o "Yo soy Charlie" este es el lema que ha prevalecido entre caricaturistas, periodistas y medios de comunicación occidentales como repudio al atentado en semanario satírico Charlie Hebdo el pasado 7 de enero. El Diario de Hoy conve

La crítica, necesaria para la construcción de la sociedad

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Charlie Hebdo abrió un fuerte debate sobre la libertad de expresión, de hasta dónde puede llegar un medio de comunicación con sus opiniones sobre otras culturas y formas de pensar. El espíritu transgresor del semanario francés provocó uno de los ataques más duros en los últimos años contra los medios de comunicación, cuando, el pasado 7 de enero, tres hombres armados irrumpieron en la redacción del periódico y dispararon contra sus empleados. El saldo: 12 personas asesinadas, entre ellas, cuatro de sus principales caricaturistas.

De inmediato las voces se hicieron escuchar. El gremio de ilustradores en todo el mundo pronto alzó sus lápices y, poco a poco, trazó su indignación, la que no tardó en reflejarse en distintos sitios de Internet y compartirse en las distintas redes sociales.

El Salvador no se quedó afuera de este movimiento. Algunos de sus principales caricaturistas también alzaron sus voces de la mejor manera que saben: dibujando.

Carlos Ruiz, conocido como Ruz; Ricardo Clement, quien firma como Alecus; Otto Meza y Edmundo Landaverde publicaron, cada uno en su medio de comunicación, su sentir ante lo que consideran una cuchillada a los derechos básicos en lo que cree occidente, en un hecho en el que la crítica, por más mordaz y dura que sea, no justifica una agresión contra la persona que la expresa.

Los caricaturistas salvadoreños coinciden en que la línea que topa entre la libertad de expresión y el respeto a las creencias o las personas es muy delgada. Una barrera que no está escrita y cambia en cada sociedad, pero que se presume que está ahí. "Aquí, aunque se haga una crítica a un político no lo ponemos chulón; en España y Francia sí", asegura Alecus.

Pero ninguna noción de libertad es absoluta. "Como comunicadores tenemos derechos y deberes. La revista se pasó de la raya. En ese caso fue como jugar con un león. Francia puede ser una sociedad más liberal, pero eso no quita que si te metes con un radical, algo pasará", cree Edmundo.

Francia es Francia y El Salvador es El Salvador. "El trabajo tenemos que realizarlo con mucho tacto, no todas las caricaturas tienen que hacer reír; pero no se puede callar la intensión de los caricaturistas, su trabajo es valioso en cualquier medio del mundo", dice Ruz.

La crítica es necesaria

El crimen en la revista satírica francesa se dio luego de que, en reiteradas ocasiones, se publicaran cartones o dibujos de Mahoma, el profeta fundador del islam.

La publicación ya había recibido amenazas. A su redacción ya se le había atacado con bombas incendiarias, pero sus caricaturistas se aferraron a su estilo y pararon hasta el día de su muerte.

Los mensajes de sus dibujos, considerados ofensivos por algunos sectores religiosos, fue el detonante de la agresión. Papel y tinta por sangre.

Además de las caricaturas en repudio por los asesinatos, hubo un lema que también unió a las personas que, lectores o no lectores de la revista, defienden la libertad de expresión: "Je suis Charlie" (Yo soy Charlie).

"Hay gente que ha dicho 'Yo soy Charlie', otros que dirán 'Yo no soy Charlie', pero lo que pasa es que la situación va más allá del simple hecho, si se le puede llamar simple, de que un grupo de personas asesine a otras. Es más delicado", explica Otto. Para el también diseñador, que alguien llegue a silenciar a otro solo por tener las armas y el poder es un tema que realmente debe ser discutido. "Más allá del contenido, muchos podrían decir que se les pasó la mano, que tocaron nervios muy sensibles. No somos ilustradores de cuentos infantiles, y nuestro papel es picarle las costillas al sistema, a lo establecido", agrega.

Estos ataques a la libertad de expresión duelen a nuestros caricaturistas. "Duele porque es como una cuchillada a los valores que a occidente le ha costado tantos años y sangre construir", dice Alecus. "Teníamos la idea de que perseguir a alguien por 'blasfemar' ya había quedado en el pasado".

Alecus cree que el semanario francés pudo hacer comentarios imprudentes, agresivos y hasta irresponsables, pero que estos fueron hechos con papel y pinta, y debían ser debatidos de la misma manera, a papel y tinta. "Ahora tenemos instituciones para regular nuestra sociedad. Si alguien se siente ofendido, puede interponer una demanda, esta puede proceder o no, y la persona puede llegar a ser castigada.

"El rol que cumplimos (los caricaturistas) es llevar los temas importantes a la sociedad. Cada quien tiene su criterio como caricaturista, y cada tema por más espinoso que sea", opina Edmundo.

"La crítica siempre es necesaria, porque las cosas no pueden callarse, vivimos en tiempos cambiantes, en un río revuelto de cosas que no se pueden decir abiertamente, y la caricatura es un medio por el cual se puede decir mucho. Criticar, invitar a pensar, este trabajo de dibujar es importante", apunta Ruz.

"No voy a negar que yo puse 'Soy Charlie', no es que esté con ellos al cien por ciento, pero estoy de acuerdo con un punto muy importante, y es que ninguno de los caricaturistas se puso límites más allá de su propia creatividad. Entonces nosotros, como caricaturistas, en todo el mundo no debemos tener ningún límite. Aunque vaya en contra del sistema, de lo establecido", indica Otto.

Alecus afirma que la caricatura es como cualquier editorial. Busca llevar una idea, no ser completamente objetiva, y que su enfoque responderá a la forma de pensar y de ver las cosas de cada uno de los ilustradores. Esta es su mejor herramienta para defenderse ante estos ataques; para solidarizarse con otros que fueron callados por sus ideas. "La mejor respuesta de los caricaturistas es hacer algo. Cualquier cosa. Puede ser en forma de duelo, de rechazo, enarbolando la libertad de expresión, o cuestionando los dibujos de Charlie Hebdo, pero hacer algo. Quien perdió en esta ocasión no fue la libertad de expresión, sino las posiciones retrógradas; si no querían que se supiera lo de las caricaturas, después de este crimen se sabe hoy más", reflexiona Alecus.

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