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Carolina Herrera y Tommy Hilfiger impactan Nueva York

La venezolana y el estadounidense sobresalieron ayer en la Semana de la Moda de la Gran Manzana

Colores azules y grises destacan en la colección de Carolina Herrera. Fotos EDH / agencias

Colores azules y grises destacan en la colección de Carolina Herrera. Fotos EDH / agencias

Colores azules y grises destacan en la colección de Carolina Herrera. Fotos EDH / agencias

La exquisitez líquida de Carolina Herrera, con una colección inspirada en el agua, y la espectacularidad de Tommy Hilfiger, que celebró los 30 años de la firma recreando un partido de fútbol americano, marcaron los dos puntos de impacto de ayer en la Semana de la Moda de Nueva York.

El impacto de la diseñadora venezolana fue susurrado, y el del estadounidense vociferado por el altavoz de un estadio.

Claro, que por cada prenda que llegue al oído de una clienta de Herrera, Hilfiger tiene que vender 100, lo cual justifica sus diferentes maneras de alcanzar a su público.

Herrera, máxima expresión de la sofisticación de la mujer de alta alcurnia en Nueva York, volvió a dar en la diana con una colección de sensualidad sinuosa, de fluctuación constante como el agua del mar.

Una esencia inestable sobre la que la diseñadora se posa con el aplomo y la ductilidad que le caracterizan.

"He hecho esta colección explorando el elemento del agua. Los vestidos están cortados como olas del mar. Todo lo que tenía conexión con agua traté de trasladarlo a los tejidos", explicó la modista.

Según ella, las aguas en la moda "siempre han sido turbulentas", pero allí está su genio para calmarlas, para producir un hipnótico canto de sirena que lleve al amante de la moda a enamorarse perdidamente de sus propuestas.

Herrera convierte así una tormenta en una experiencia placentera, mimando el patronaje y consiguiendo "esa fluidez total que ves en el agua cuando está lloviendo, en el mar, en los colores, entre azules y grises", dice.

Estampados revueltos y espumosos, transparencias que crean el efecto de corrientes, tejidos en cascada y gazar o mangas abombadas generan la sensación de que gravedad aligerada, de que los tejidos flotan.

Entre los colores marinos, explotan también rojos coral, gotitas de apliques tecno o bordados en spray que reproducen la luna que riela sobre el mar.

Hilfiger, que representa en cambio a la juventud estadounidense despreocupada y lúdica, siempre con buenas notas en el expediente, había prometido el desfile más espectacular jamás visto y no quedó lejos de su ambicioso objetivo.

En el Park Avenue Armory recreó un estadio de fútbol americano y sentó en las gradas al respetable.

Pero el espíritu competitivo del deporte se fundió con un clásico sentimental del cine de los años 70, "Love Story", cuya protagonista, Ali McGraw, es la principal influencia de la colección.

De este cruce nace un nuevo concepto. "Hay una tendencia en el mundo, que es lo que yo he acordado llamar 'athleisure', pues mezcla lo atlético con el ocio y el esparcimiento (leisure en inglés)", aseguró Hilfiger. "A la gente le gusta llevar una vida deportiva, pero quieren seguir siendo chic, cool y a la moda", añade.

Sobre el campo estuvo todo un equipo de niñas modosas que heredan del espíritu trágico romántico de McGraw la cachemira, el jaquard o el tejido vaquero, así como el estampado de cuadros.

Al actualizarlo, Hilfiger rompe el plisado de la falda, enciende los terciopelos y da un mayor volumen a las lanas, aunque se mantiene fiel a uno de los colores de la temporada, el tabaco, en un maridaje muy otoñal con el burdeos. —EFE

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