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Aquellos viejos tiempos del matrimonio no fueron tan "color rosa"

Los problemas que enfrenta el matrimonio en la actualidad son “producto de expectativas más altas que en el pasado”, según expertos que debatieron cómo ha evolucionado el matrimonio en los Estados Unidos

Quienes añoran los buenos viejos tiempos del matrimonio seguramente no piensan demasiado en cómo era la vida matrimonial durate la época de la fundación de los Estados Unidos. Los estadounidenses modernos se casan por amor, pero en distintos momento

Quienes añoran los buenos viejos tiempos del matrimonio seguramente no piensan demasiado en cómo era la vida matrimonial durate la época de la fundación de los Estados Unidos.

Los estadounidenses modernos se casan por amor, pero en distintos momentos de la historia de los matrimonios en el país, la felicidad y el amor no intervenían en absoluto, según un panel de expertos que comparó el matrimonio de entonces y el actual en una reunión del Encuentro Mundial de Familias el viernes pasado.

Los problemas actuales son, en algunos aspectos, “producto de las expectativas más altas que en el pasado”, dijo Stephanie Coontz, autora de siete libros y profesora en Evergreen College de Olympia, Washington. “Durante la mayor parte de la historia, no tuvo que ver con el amor.
Se consideraba antisocial desobedecer los deseos de los padres y casarse por amor”.

Señaló una larga lista de injusticias sociales relacionadas con el matrimonio y la vida familiar, por ejemplo, los niños considerados mano de obra, la desigualdad y el abuso que eran “una suerte de rutina” entre los cónyuges y la vida matrimonial vista como una transacción comercial, no como una unión amorosa.

Una mujer que desobedecía al marido cometía “una pequeña forma de traición”. “Hay mucho para aprender del pasado pero muy poco a lo que queramos volver”, dijo. Probablemente las parejas tienen una mayor expectativa de fidelidad sexual matrimonial ahora que a fines de 1760, dijo.

Antes, las parejas estaban más empeñadas en que el matrimonio funcionara, pero no necesariamente en hacer que la relación funcionara, ya que se trataba más de una estructura social y un arreglo económico que de una unión entre personas compatibles, dijo Coontz.

Los panelistas coincidieron en que el encuentro en las parejas de hoy se produce a través de la atracción mutua, mientras que en los inicios de la historia de los Estados Unidos eran otras razones las que llevaban a las uniones.

No obstante, el autor Marcellino D’Ambrosio, comentarista internacional de temas religiosos, dijo que “el amor y el afecto no eran ignorados; simplemente se esperaba que crecieran” y que la relación “cobrara vida” a medida que crecían la confianza y el compañerismo.

Entre los cambios más recientes en el matrimonio, uno es el alejamiento frecuente de las mujeres del hogar para trabajar afuera, dijo la panelista Kathy Finley, instructora adjunta de estudios religiosos en la Universidad de Gonzaga y consultora.

Los católicos, ella y su marido, que también participaron del panel, suelen escribir y hablar sobre el matrimonio entre otros temas. Finley señaló que las mujeres pueden abandonar la casa porque muchos dispositivos –pensemos en la “plomería, la electricidad y las comidas congeladas”- han cambiado sus tareas en el hogar.

“Además, el lugar de trabajo cambió. Antes, el lugar de trabajo no estaba fuera de la casa” ni siquiera para los hombres, en algunos casos. Y los niños en esa época eran, asimismo, importantes económicamente.

Sus funciones pasaron de ser un par de brazos en la granja a la visión moderna de los niños como una ‘obra maestra de afecto’”. A fines del siglo XVIII, la mortalidad infantil era elevada, dijo: alrededor de 100 de cada 1.000 en comparación con unos 6 sobre 1.000 en la actualidad.

Y todavía no había tenido lugar el advenimiento del servicio postal confiable, la radio, la TV, Internet, los medios sociales y más. Con el tiempo, se ha dado “un aumento en las expectativas respecto de lo que debería ser el matrimonio”, llegando al concepto moderno de amigos entrelazados e íntimos.

“En 1765, esa no habría sido la descripción”, dijo Kathy Finley, agregando que “hasta que la muerte nos separe” tampoco era tanto tiempo. La expectativa de vida pasó de un promedio de 37 años a fines del siglo XVIII hasta por lo menos 79. No obstante, algunas parejas eran amigas en aquel entonces y tuvieron un amor más romántico.

D’Ambrosio dijo que John y Abigail Adams fueron una pareja de ese tipo. Estos primos en tercer grado fueron amigos que rechazaron la tradición de casarse para mejorar sus posiciones sociales. Él no se casó con ella por dinero. Ella no tenía una educación formal pese a que su abuelo la había educado muy bien.

John Adams fue un joven abogado formado en Harvard que montó un circuito manejando casos y ella era su asesora. Cuando él se iba, se escribían, tratándose de “mi queridísimo amigo o mi queridísima amiga”. Esa “colaboración fundamental” que mantenían superó las largas ausencias de él, la muerte de dos de sus hijos y la formación de un país nuevo.

Las presiones los fortalecieron, dijo D’Ambrosio. Fueron “fieles y estuvieron intensamente enamorados” y así continuaron hasta su vejez y su retiro juntos en su granja hasta que la muerte los separó. Parte de su fortaleza fue “el sacrificio” y el “deber”, dos palabras generalmente ausentes de la discusión matrimonial moderna, dijo D’Ambrosio. El concepto de familia cambió junto con el matrimonio.

La idea de que la familia es la unidad más básica de la iglesia ha sido redescubierta en décadas recientes, pero se la conocía ya en la segunda generación de la iglesia cristiana, dijo Mitch Finley. Uno de los primeros papas usó la palabra griega que significa “iglesia” para describir a la familia.

Eso tiene “consecuencias pastorales” que llevan a una visión de que la familia es la unidad más básica de la iglesia y el matrimonio es la unidad más pequeña en la iglesia, dijo. También hizo referencia a los comentarios que hizo el papa Francisco en Filipinas, donde dijo que es en la familia donde los niños aprenden por primera vez a rezar.

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