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Vinculan a policías en otro asalto a salvadoreños en Guatemala

Las víctimas fueron interceptadas por delincuentes tras ingresar por la frontera Las Chinamas

La mayoría de víctimas de asalto en Guatemala manifiestan que han ingresado a ese país a través de la frontera Las Chinamas, en Ahuachapán. Foto EDH / archivo

La mayoría de víctimas de asalto en Guatemala manifiestan que han ingresado a ese país a través de la frontera Las Chinamas, en Ahuachapán. Foto EDH / archivo

La mayoría de víctimas de asalto en Guatemala manifiestan que han ingresado a ese país a través de la frontera Las Chinamas, en Ahuachapán. Foto EDH / archivo

Un grupo de excursionistas salvadoreños que tenía planeado pasar un fin de semana en las montañas de Guatemala se vio obligado a regresar al país, unas cinco horas después de cruzar la frontera, tras ser víctimas de una banda de asaltantes, en la que podrían estar infiltrados policías de esa nación.

Los compatriotas llegaron en vehículo a la frontera Las Chinamas, en Ahuachapán, a las 6:00 p.m. Mientras algunos hacían trámites migratorios para ingresar a territorio guatemalteco, otros se acercaron a dos policías de ese país que estaban cerca de una patrulla para averiguar cómo estaba la seguridad en la carretera.

Los viajeros también les preguntaron a los uniformados si había una ruta alterna para llegar a su destino sin tener que manejar hasta la ciudad. Un policía respondió que en el camino encontrarían el desvío La Cuchilla, que es una calle que conduce a los alrededores del lago Amatitlán.

Según los afectados, uno de los agentes —el que manejaba la patrulla— se mostró amable en todo momento y les prestó más atención que su compañero, pues este se dedicó más a ver las placas y las características del auto donde iban los turistas, así como sus pertenencias.

Algunas víctimas relataron que dentro del carro policial, un pick up doble cabina con el logo policial, estaba un hombre robusto, que vestía una camiseta verde olivo, como de militar. Además, tenía un tatuaje grande en el brazo y eso les hizo pensar que no era miembro de la institución.

Hasta ese momento, a los excursionistas nada les había resultado sospechoso y emprendieron el viaje hacia Guatemala. El motorista del automotor manejó alrededor de una hora y llegó hasta un poblado llamado Barberena, situado en el departamento de Santa Rosa, a unos 40 kilómetros de la ciudad.

En esa zona los compatriotas vieron otro retén policial; continuaron la marcha y pasados 15 minutos, cuando circulaban por el desvío La Cuchilla —el lugar que el policía de la frontera les mencionó— cinco hombres de civil que iban en un pick up se les pusieron a la par e hicieron una maniobra para sacarlos de la vía.

El motorista salvadoreño no cesó la marcha. Tras varios intentos en vano por detenerlos, los sujetos dispararon al aire dos veces, luego se acercaron a la ventana del chofer y le apuntaron con una pistola, al tiempo que les dijeron que eran policías.

Cuando las víctimas se detuvieron, dos hombres se bajaron del automotor y se subieron al de los salvadoreños. Un tercer sujeto obligó al conductor a bajarlo y lo golpeó en el rostro con el arma por haberle desobedecido.

Después le ordenó que se pasara atrás y él se quedó al frente del timón. Los otros dos hombres se quedaron en el pick up escoltándolos.

Los amordazan y les roban en un cafetal

"Señores, nos han dado información de que en esta unidad conducen a personas indocumentadas, vamos a proceder a hacer un chequeo para corroborar sus identificaciones personales", eso fue lo primero que dijeron los guatemaltecos a los turistas tras abordar el vehículo.

La orden que vino después fue que agacharan la cabeza para que nos los vieran a la cara. En ese momento, el sujeto que manejaba metió el carro en un desvío y los internó, a excesiva velocidad, unos tres kilómetros por una vía llena de baches.

En el trayecto, los dos hombres que iban sentados entre el grupo de excursionistas se hablaban por teléfono cada cinco minutos con sus cómplices. Las víctimas sospechan que uno lo hacía con los policías que habían visto en el retén de Barberena y el otro con quienes los seguían en el pick up.

Tras unos veinte minutos de recorrido, llegaron a una zona completamente desolada que tenía un cerco y uno de los hombres se bajó a abrirlo para que el conductor metiera el automotor.

Luego manejó otros dos kilómetros hasta llegar a un cafetal, para entonces ya eran las 8:00 de la noche. En ese lugar, vía telefónica, los hombres recibieron la orden de que los bajaran con las manos en la cabeza.

"Si valoran su vida no van hacer ninguna estupidez y esperen indicaciones", les dijo uno de los sujetos.

Luego les quitaron los zapatos para sacarles las cintas y con ellas les ataron las manos y los tiraron al suelo boca abajo. Después registraron a hombres y mujeres hasta por debajo de la ropa y les robaron dinero, teléfonos, cámaras y otros objetos.

Vía telefónica los delincuentes recibieron la orden de que el equipaje donde los excursionistas llevaban su ropa y utensilios para acampar no se lo robaran porque no tenía ningún valor.

"Eso nos sirve de base para creer que la señal la dieron desde la frontera porque ahí (los policías) vieron que en las mochilas no llevábamos nada de utilidad para ellos", relató una de las víctimas.

"No queremos problema con el comandante"

Cuando los delincuentes ya habían recogido el botín les dijeron a los turistas, en tono sarcástico, que se habían equivocado al creer que llevaban gente indocumentada.

Después les hicieron saber que ellos tenían el control territorial: "140 kilómetros hacia adentro u 80 de regreso".

"Aquí ya no les va a pasar nada; sin embargo, no queremos ningún problema con nuestro comandante, es mejor que se regresen a su país o sigan a Guatemala", dijo uno de los sujetos de forma elocuente.

Antes de marcharse un asaltante les advirtió que no debían salir del cafetal hasta después de tres horas: "si se mueven antes vamos a tener problemas", los sentenció.

Cuando los hombres se fueron, los compatriotas observaron que en la zona había basura y otros objetos que les hicieron suponer que ese es el lugar que la banda siempre ocupa como punto de asalto.

A las 11:00 de la noche, cuando se cumplió el plazo que los hampones les dieron para abandonar el cafetal, las víctimas vieron una acción que les hace tener la convicción de que los ladrones actuaron en complicidad con los policías.

Cuando el conductor del vehículo se incorporó a la carretera rumbo a El Salvador lo primero que observaron los excursionistas a la entrada del desvío La Cuchilla fue a la patrulla que horas antes habían visto en Barberena.

"Lo más irónico es que cuando pasamos a un lado de la patrulla, los policías encendieron los faroles y nos tiraron dos luces altas, como queriendo decir: ok, pueden pasar", relató uno de los turistas.

Los afectados acudieron a la embajada de Guatemala en El Salvador para exponer el problema con el propósito de que las autoridades del país vecino garanticen la seguridad a los viajeros, sobretodo en esta temporada vacacional.

Este grupo de salvadoreños no es el único que ha sido víctima de un hecho delictivo en Guatemala en días recientes.

Esta semana, dos compatriotas que trabajan en una empresa de productos pirotécnicos que tiene sucursales en el Guatemala iban a hacer un negocio a dicho establecimiento y llevaban, en regla, $49,600 en un maletín.

Cuando los compatriotas circulaban en un vehículo por la aldea El Cerinal, que está contigua a Barberena, fueron detenidos por varios policías que habían puesto un retén.

Según parientes de los salvadoreños, cuando los policías revisaron el auto hallaron la mochila con dinero y a cambio de dejarlos ir les pidieron "un arreglo" (soborno).

Los empleados se negaron a la petición porque, según ellos, transportaban el dinero de forma legal y no habían cometido ningún delito.

Ante el rechazo de las víctimas, los policías los llevaron hasta una comisaría donde fueron presentados ante los medios de comunicación como supuestos delincuentes.

Los familiares de los salvadoreños aseguran que presentaron al Juzgado que lleva el caso toda la documentación que certifica que el dinero no era de dudosa procedencia, por lo que ayer estaban a la espera de que los dejaran libres.

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