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Víctima de maras relata la tortura y paliza que recibió

Delincuentes querían obligarla a decir dónde viven familiares

Los pandilleros lo torturaron e hirieron de bala en su pierna, incluso le fracturaron la tibia y el peroné. Foto EDH / Marvin Romero

Los pandilleros lo torturaron e hirieron de bala en su pierna, incluso le fracturaron la tibia y el peroné. Foto EDH / Marvin Romero

Los pandilleros lo torturaron e hirieron de bala en su pierna, incluso le fracturaron la tibia y el peroné. Foto EDH / Marvin Romero

Durante los últimos dos meses, Óscar (nombre ficticio) vive sus días con una angustia que sabe a muerte. Un grupo de pandilleros lo busca porque según ellos, él sabe dónde está su familia que se negó a pagar una extorsión en Izalco, Sonsonate.

La víctima fue atacada por un grupo de siete sujetos en diciembre pasado, lo torturaron durante varios minutos y luego le dispararon dejándolo agonizando durante una hora y media hasta que fue auxiliado por policías.

Ahora el sobreviviente vive lejos del referido municipio. Tuvo que huir porque los mareros han jurado matarlo si lo vuelven a encontrar. Está escondido recuperándose de las lesiones que le dejó la paliza y las torturas que le realizaron los pandilleros.

Óscar tiene una lesión de bala en la pierna que le destrozó el hueso de la tibia y peroné. Está en un silla de ruedas esperando superar el trauma que le dejó el ataque de los mareros.

Después del ataque, la víctima permaneció ingresada en un hospital particular donde fue intervenido y operado de su pierna izquierda.

Los médicos poco han hecho para recuperar la movilidad del miembro de Óscar. Su edad y el daño causado es letal y por eso los doctores han predicho que la recuperación de la víctima puede ser de muchos meses y hasta años.

El Diario de Hoy entrevistó a Óscar en la clandestinidad y postrado en un sofá, relató que fue atacado por siete mareros "mientras descansaba en su hamaca después que llegó de trabajar".

"Me llevaron a una zona verde donde me golpearon en todo mi cuerpo durante 20 minutos. Me pedían que les dijera dónde están mis parientes. Cuando se cansaron de golpearme uno de ellos sacó un arma de fuego y me disparó".

La víctima narró que "le amarraron la boca, le ataron las manos y pies y lo dejaron tirado agonizando".

Óscar relató que tiene miedo y lo que más sueña es irse del país para estar a salvo de los pandilleros. Sostiene que no tiene rencores con nadie porque no conoce a sus agresores.

La extorsión que su familia no pagó

Hace años la familia de Óscar prosperó con su negocio en menos de un año. Había surtido su tienda hasta convertirla en una de las más fuertes de la colonia Santa Emilia, en el municipio de Izalco, Sonsonate.

El 5 de enero de 2013, dos pandilleros llegaron a su negocio. Después de darle un corto saludo, lo encararon y le expresaron que a partir de ese día debía entregarle a la pandilla tres dólares cada semana. Ahí empezó el calvario para la familia de Óscar.

Ese 5 de enero, la víctima no dudó en dar el dinero al pandillero, sabían que los mareros asesinaban a todo aquel que no pagaba la extorsión exigida por esos grupos delictivos. Lo vivieron cuando se enteraron de la muerte de un vecino a manos de los pandilleros. También, al conocer de los múltiples ataques que se realizaron en la colonia aledaña y otros sectores.

La familia de Óscar siguió pagando la extorsión. Lo hizo por varias semanas hasta que otro día, la situación empeoró: los pandilleros le exigieron 10 dólares cada semana. Accedieron y siguieron pagando. No recuerdan cuánto dinero dio en total.

Otro día llegaron otros sujetos. Se veían mayores y andaban armados. Uno de ellos le expresó que sabía quién era su familia.

Los delincuentes le pidieron de tajo 1,000 dólares. Fue la mañana del 15 de julio de 2013. Los sujetos le dieron tres días a las víctimas para entregar el dinero. El calvario empeoró.

Los ofendidos relatan que cerraron su negocio. Se fueron huyendo de sus casas.

La familia extorsionada regresó a su casa. Relatan que se armaron de valor y pusieron la denuncia en la División Antiextorsiones.

Los investigadores tomaron la información y creyeron haber encontrado alivio. Pensaron que romper el miedo de denunciar había valido la pena, pero no fue así, por el contrario, salieron decepcionados de aquella delegación policial.

"Nos dijeron que como la extorsión ya estaba hecha, los investigadores no podían hacer nada e iban archivar el caso", expresaron.

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