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"Venimos a traerte, viejo; vamos a platicar"

La víctima se jubilaría este mes, después de 25 años de trabajar como vigilante penitenciario.

Jorge Alberto Ayala Villalta cumpliría 60 años este mes. Estaba feliz porque pronto se jubilaría. Foto EDH / Cortesía

Jorge Alberto Ayala Villalta cumpliría 60 años este mes. Estaba feliz porque pronto se jubilaría. Foto EDH / Cortesía

Jorge Alberto Ayala Villalta cumpliría 60 años este mes. Estaba feliz porque pronto se jubilaría. Foto EDH / Cortesía

Jorge Alberto Ayala Villalta, custodio penitenciario, no fue raptado cuando caminaba por alguna calle de la zona rural de Zacatecoluca, como se ha informado.

Al mediodía del miércoles anterior, Ayala Villalta se encontraba en su vivienda, viendo las noticias en un televisor, cuando un grupo de hombres armados irrumpió en su casa y se lo llevó.

Dos horas después, la Policía fue informada sobre el hallazgo de la cabeza del agente penitenciario. El resto del cuerpo no había sido encontrado hasta ayer al mediodía, según informó la policía local.

Ayala Villalta vivía en el cantón El Liévano, una zona rural bajo control de la pandilla 18. En el lugar era muy conocido, afirman vecinos, que lo veían predicar el evangelio en autobuses o en una iglesia a la que asistía desde hace años.

De acuerdo con las investigaciones iniciales, el comando armado con pistolas, escopetas, carabinas y fusiles M-16, llegó a la casa de Ayala Villalta a bordo de una camioneta gris y un pick up doble cabina. Eso también lo afirman algunos lugareños que vieron cuando el hombre era sacado de su vivienda, según fuentes policiales.

Las fuentes indican que al menos cuatro hombres se bajaron de los autos y al entrar a la casa le dijeron al custodio: 'Venimos a traerte, viejo; tenemos algunas cosas de qué hablar'. Simultáneamente amarraron a varios parientes de Ayala Villalta, les quitaron los teléfonos y les advirtieron no llamar a la Policía. "Ya va a regresar", les dijeron, a manera de consuelo, a los parientes.

El hombre, con la boca manando sangre por un golpe que le dieron, salió caminando descalzo, semidesnudo; no dijo ni una sola palabra. Lo subieron a la camioneta, lo amarraron y le vendaron los ojos. Un delincuente tuvo tiempo de llevarse las botas jungla que ocupaba para trabajar.

Media hora después llegó la Policía a verificar una alerta que les habían hecho sobre la privación de libertad de una persona. Ayala Villalta tenía seis años de estar asignado al penal de Ciudad Barrios, en San Miguel. Había llegado allí tras muchos años, luego de estar asignado al penal de Usulután.

El Liévano es un cantón con alta presencia de la pandilla 18. En varios sectores de ese lugar, policías y pandilleros se han enfrentado a balazos. Residentes del lugar indicaron que allí los pandilleros patrullan con armas largas colgadas al hombro. La Policía raras veces llega a la zona.

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