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LA CANCHA DE LAS PALMAS

Una crónica desde la "favela" a la par de la Zona Rosa

La cancha de Las Palmas es el corazón de la vida social de la comunidad. fotoS edh / PAOLO LUERS

La cancha de Las Palmas es el corazón de la vida social de la comunidad. fotoS edh / PAOLO LUERS

La cancha de Las Palmas es el corazón de la vida social de la comunidad. fotoS edh / PAOLO LUERS

La cancha de Las Palmas ha adquirido mala fama desde que la Policía difundió que ahí sorprendió a cuatro jóvenes usando la instalación deportiva para entrenamientos militares con fusiles de guerra. Esto pasó en la noche del 8 de julio, a solo tres días de aquel sábado que el presidente Salvador Sánchez Cerén vino a esta comunidad escondida en un gran hoyo entre la Zona Rosa, el MOP, el Estado Mayor y la Feria, para producir la primera entrega de su programa de radio y televisión "Gobernando con el Pueblo".

"El sábado vino el presidente para prometernos todo el apoyo de su gobierno, y el martes vino la Policía para llevarse a nuestros hijos", dice Marisol Méndez, la madre de Alvin Alexánder Carreño Méndez, de 21 años, uno de los jóvenes capturados el 8 de julio.

Marisol Méndez está sentada a la orilla de la cancha de Las Palmas, junto con los familiares de los otros detenidos. Si toda a comunidad Las Palmas es un gran hoyo, la cancha es el fondo de este hoyo, a la par del río que la divide de las oficinas del Ministro de Obras Públicas. Esta cancha es el corazón de la vida social de esta comunidad de unos 9,500 habitantes. Al momento que los familiares hablan con el enviado de El Diario de Hoy, la cancha está llena de niños jugando fútbol, las gradas están llenas de familiares y vecinos haciendo vida social. Y como palcos de estadio se ven arriba los balcones y terrazas de las casas colindantes, también llenas de vecinos.

"A la vista de todos"

Carlos Hernández, el entrenador de fútbol, contratado por la alcaldía de San Salvador para trabajar con los jóvenes de Las Palmas, dice: "Todo lo que pasa en esta cancha está a la vista de todo el mundo. Si alguien quiere hacer algo a escondidas, no lo puede hacer en esta cancha". Hernández, quien también vive en Las Palmas, pasa cinco días y muchas noches de la semana en esta cancha, dando entreno a niños, niñas y jóvenes. Sabe lo que pasa y lo que no puede pasar en esta cancha. Conoce a los cuatro detenidos, dos de los cuales han sido sus alumnos: "Aquí el ambiente es sano. Es una falsedad lo de los fusiles y de los entrenos. Dicen que andaban bien noche: Bueno, en esta comunidad la gente tiene vida social, la gente está en la calle hasta bien noche, porque no hay violencia, no hay extorsiones. La cancha está ocupada a veces hasta medianoche, porque vienen bichos a jugar que salen tarde del trabajo o del estudio."

Y es cierto. Este enviado de El Diario de Hoy se ha movido, de día y también de noche, en los callejones y pasajes encima de la cancha. Siempre hay gente afuera, las puertas de la mayoría de las casas están abiertas. Y desde todos lados se ve lo que está pasando en la cancha.

"Ellos no estaban en la cancha"

¿Qué pasó entonces aquella noche del 8 de julio, cuando una unidad especial de la PNC entró a Las Palmas y salió con dos fusiles, cuatro detenidos y la historia del entrenamiento militar en la cancha?

Según los vecinos y familiares, nadie estaba en la cancha y los cuatro jóvenes ni siquiera estaban juntos. Los detuvieron uno por uno, en lugares muy distantes uno del otro y de la cancha. Alvin, quien tiene 21 años, y quien trabaja en un restaurante para financiar sus estudios, estaba en frente de su casa, en un pasaje encima de la cancha, hablando por teléfono, cuando lo arrestaron.

A Miguel Antonio Rodríguez, 19 años y desempleado, su madre, doña Sandra Miriam Hernández de Rodríguez, lo mandó a comprar unas pastillas. Lo mandó bien tarde, porque no quería pasar la noche con dolores. No regresó, porque lo detuvieron, lejos de la cancha. Varios testigos confirmaron que a doña Sandra la amenazaron a llevarla también, cuando trató de acercarse a su hijo ya detenido.

Una vecina de los Rodríguez, quien solo se identificó como Ana María, interrumpe el relato de doña Sandra: "Estos muchachos no son pandilleros, nunca han molestado a nadie. De todos modos, aquí a los únicos que les tenemos miedo es a los Policías. Andamos tranquilos en la calla hasta bien noche y solo hay problema cuando entra la Policía, o cuando interceptan a nuestros hijos que regresan tarde del trabajo o del estudio".

Esta afirmación –que aquí nadie vive en miedo, excepto de la Policía- se repite docenas de veces durante las dos vistas a Las Palmas, una el domingo en la tarde, la otra el pasado martes en la noche. La repiten niños, mujeres, dueñas de tiendas y puestos de comida… y sobre todo los jóvenes y las muchachas de Las Palmas.

José Alcides Medina Guevara, de 18 años, es otro de los detenidos del 8 de julio. Su madre, Karina Elena Guevara, cuenta que su hijo fue detenido adentro de su casa en el pasaje 7, lejos de la cancha, a las 2:00 de la mañana. Según el relato de su madre, confirmado por vecinos, José Alcides fue golpeado y nunca presentaron orden de captura. Lo mismo pasó en el caso de Daniel Antonio Constanza Martínez, quien con 29 años es el mayor de los acusados. Trabajó este día en Santiago de María, llegó a Las Palmas ya noche, fue a la casa de un amigo a ver una película y, cuando caminaba a su casa, fue detenido.

Hay docenas de testigos que afirman que ninguno de los cuatro estaba en la cancha, que ni siquiera estaban juntos. Pero la Policía no ha recogido ninguno de estos testimonios. En la primera audiencia, la Policía sostuvo el relato que ya había difundido a través de los medios: que esta noche una patrulla detectó que un grupo entre 12 y 15 jóvenes estaba entrenándose en la cancha, que capturaron a los cuatro recuperando dos fusiles, y que estaban practicando su arme y desarme.

Desde el 8 de julio, los cuatro están en las bartolinas de Montserrat, donde ningún familiar los ha podido ver. Este viernes habrá una nueva audiencia para revisar la decisión del juez de mantenerlos detenidos durante los cuatro meses que solicitó la Fiscalía para investigar el caso.

Los familiares ven la detención como injusticia que va a destruir la vida de estos jóvenes. Para los vecinos, incluyendo los entrenadores que trabajan en la cancha y los directivos de la comunidad y del complejo deportivo, es muestra del estigma que sufren esta comunidad y todos sus habitantes.

Sandra Miriam Hernández de Rodríguez, la madre de uno de los detenidos, dice: "Es un delito ser joven y vivir en Las Palmas. Con estas acciones de la Policía y las noticias en los medios nunca se quita esta mentalidad chuca (sucia) de denigrar a la gente de Las Palmas".

Ángela Méndez está parada en frente a su casa en el mismo pasaje donde viven Alvin y su familia. Es uno de los "palcos" directamente encima de la cancha. A la pregunta de si ella se ha dado cuenta de entrenamientos en la cancha, dice: "Todos los días y todas las noches. Pero entrenamiento del bueno, de deporte. Si alguien hace algo diferente ahí abajo, ¿cómo no me voy a dar cuenta? Pero a mí no vino a preguntar nadie, sólo usted".

"Miedo... pero a la Policía"

Carlos Espinoza es el coordinador del trabajo pastoral y social de la parroquia católica en Las Palmas. Vive y trabaja en la comunidad, y conoce bien a los cuatro detenidos: "Son inocentes, esta historia del entrenamiento militar es absurda. No entiendo por qué la PNC viene a ajolotar una comunidad que está tranquila, donde no hay violencia. Hay pandilleros, pero no se meten con nadie, no hay renta, no hay reclutamiento por la fuerza. Ahora la gente tiene miedo, ¡pero de la Policía!".

Dos días después, en la noche, encontramos a otros dos entrenadores que conocen a todos los jóvenes de la comunidad, incluyendo a los cuatro detenidos. Solo se ríen cuando se habla de entrenamientos militares y fusiles. Damián Ernesto Sorriano es el hombre que, sin que nadie le pague un sueldo, entrena a cinco diferentes grupos femeninos de diferentes edades en basquetbol. Mientras estamos hablando con él, a las 8:00 de la noche, hay como 30 niñas entre 6 y 15 años en la cancha de basquetbol. "Yo paso aquí en la cancha todo el tiempo y nunca he visto nada ilegal pasando aquí. Esta cancha es el corazón de la comunidad. Mis tres hijos vienen aquí a jugar. Todos trabajamos gratis en los entrenos, porque queremos romper, mediante el deporte, esta mala imagen que tienen afuera de Las Palmas. Conozco a los 4 muchachos y son ridículas las acusaciones. Con esta acusación quieren destruir lo que aquí en la cancha estamos construyendo, pero nosotros seguimos como si nada con todos los cursos, incluso en la noche".

La que le asiste en los entrenamientos de basquetbol es Maritza Trejo. Ella no vive en Las Palmas, pero tiene 4 años de trabajar en esta comunidad, por parte de la ONG Glasswing. De oficio trabaja con la escuela en Las Palmas, pero de noche, como voluntaria, en la cancha. Y ella dice lo mismo: "Es una comunidad sin violencia, sin miedo, a menos que entra la Policía y maltrata a los jóvenes. Amo esta comunidad".

Diputada del FMLN: "Captura es injusta"

Mientras están hablando los dos entrenadores, en la oficina administrativa de la cancha "Los Papis", el equipo de fútbol de los adultos, se ha reunido con Mauricio Castro, el presidente de la ADESCO Las Palmas, y con otros directivos que administran la cancha. Todos "Los Papis", que casi todas las noches están en la cancha, desmienten las acusaciones de la Policía contra los cuatro detenidos – o más bien "contra Las Palmas, porque es contra todos nosotros", como dice uno de ellos.

De repente se abre la puerta y entra otra visita: la diputada de Parlacen por el FMLN, Gloria Anaya, junto con Alva Santana, la subdirectora de INJUVE, la instancia del gobierno para el trabajo preventivo con jóvenes. Luego de largos discursos bastante ideológicos sobre "la profundización de los cambios" y el "buen vivir" que el gobierno quiere llevar a comunidades como Las Palmas, la representante del FMLN llega al grano, respondiendo a preguntas insistentes del directivo Mauricio Castro: "Es una injusticia lo de los jóvenes detenidos. Nosotros somos testigos que esta cancha no es lugar de entrenamiento militar, y vamos a apoyar a las familias en la defensa", dijo la diputada. Y además, anunció una decisión tomada por el Presidente Sánchez Cerén, quien aprobó la solicitud de la comunidad de ampliar la escuela a bachillerato. Fue una de las peticiones que la directiva hizo llegar al mandatario luego de su visita a Las Palmas con su programa "Gobernando con el Pueblo".

Al salir de esta reunión, una muchacha se acercó y me dijo, casi susurrando: "Escriba esto del bachillerato, porque si no, luego se olvidan. Y escriba que no se hagan los majes: son ellos mismos que controlan la Policía. ¿Y no tienen cinco años gobernando?".

Afuera, en un rincón cerca de la cancha, están esperando los pandilleros de la 18, línea revolucionarios, de Las Palmas. Quieren dejar claro dos cosas: "Estos bichos que agarraron, nada tienen que ver con la pandilla. Ni con fusiles, ni con nada". Y el otro mensaje lo quieren mandar "a la gente arriba en la Zona Rosa y La Escalón": "Nosotros mantenemos la tregua, a pesar de todo. Por esto aquí no hay violencia. Ni en Las Palmas, ni con la mara contraria en 'La Fortaleza' (del otro lado de la Panamericana), ni en San Benito, ni en La Escalón". Y así como aparecieron, desaparecen, caminando tranquilos entre el mar de gente en la cancha y en las gradas.

A la hora de salir de Las Palmas, a las 10:00 de la noche, las calles y los pasajes están llenos de gente, con niños jugando, señoras vendiendo pupusas, viejitos en sus sillas frente a sus casas.

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