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Tres niños en la orfandad tras asesinato de su madre y abuela

Las dos mujeres, de 24 y 56 años, fueron ultimadas en su casa, en Izalco, Sonsonate

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Lidia Villalta, de 56 años, y su hija Brenda, de 24, alquilaban desde hace más de una década, la casa donde las mataron, en el centro de Izalco. | Foto por Miguel Villalta

El llanto desconsolado de tres niños que, ayer al mediodía, estaban en la verja de una casa del barrio Santa Lucía, en Izalco, Sonsonate, llamó la atención de los vecinos.

Cuando le preguntaron a la niña mayor, quien tiene ocho años, qué pasaba, ella les respondió que su madre estaba muerta en el baño y su abuela en una habitación.

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Los primeros en llegar a ver la escena fueron unos soldados destacados en un cuartel cercano y luego la Policía.

Lidia Sofía Villeda, de 56 años, y su hija Brenda Sofía Villeda, de 24, como las identificó la Fiscalía, fueron asesinadas con arma blanca y con ladrillos.

El ataque fue cometido mientras las niña y sus hermanos (uno de tres años y el otro de ocho meses) jugaban en un cuarto cercano. La Policía presume que las víctimas conocían a los homicidas y por eso les permitieron entrar al inmueble, en el que residían desde hace más de 10 años.

Algunos vecinos de las mujeres manifestaron que ambas eran de nacionalidad mexicana y no tenían más familia en el país. La Policía dijo que en la casa fue hallado un pasaporte mexicano a nombre de Brenda.

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Las fuentes dijeron que no hay certeza de la hora a la que se cometió el doble homicidio, porque los lugareños no habían oído ni visto nada que les pareciera sospechoso. Hasta ayer por la tarde, no se había determinado el móvil del doble asesinato.

Sin embargo, las autoridades presumen que en el hecho  participaron pandilleros porque presuntamente Brenda se relacionaba con integrantes de estos grupos. 

Brenda tuvo relación con  policía y pandillero
Fuentes policiales y conocidos de las víctimas aseguraron que la joven estuvo casada con un policía, con quien engendró a la niña.


La pareja se separó, pero el agente siguió viendo a la niña y apoyando económicamente a la mujer.

Años después, según los informantes, Villeda se involucró  con un presunto pandillero con quien tuvo al segundo hijo.

Se sabe que el hombre habría muerto en circunstancias desconocidas y ella asumió el papel de mamá soltera. Hace ocho meses, dio a luz a su tercer descendiente, cuyo padre lo habría reconocido pero no estaba pendiente de él.  

Ni las autoridades ni los vecinos supieron decir a qué se dedicaba Brenda. De Lidia, su madre, algunos pobladores dijeron que siempre se ha rumorado que hacía  trabajos de “hechicería”. 

Cuando se les preguntó las razones por las que creían eso, manifestaron que porque más de alguien entró a la casa de las víctimas y vio objetos alusivos a la muerte. No obstante, el oficial de servicio de la Policía informó que la mujer de 56 años era “curandera”.  

Preliminarmente, las autoridades señalaron que los niños habían permanecido en la delegación de Izalco, porque las mujeres no tenían a ningún pariente en el país que los reclamara.

Sin embargo, después de que los forenses de Medicina Legal se llevaron los cadáveres, los policías llevaron a la niña a la casa para que recogiera algunas pertenencias: dos pick ups fueron cargados con gaveteros infantiles, ropa, juguetes y un coche de bebé.

Mientras las autoridades procesaban la escena, un grupo de vecinos se acercó al lugar para preguntarle a los policías cómo podían hacer para adoptar al niño de tres años. 

Aparentemente, Brenda llevaba buena relación con ellos y así es como se habían encariñado del infante. La Policía informó que, en caso de que ningún pariente respondiera por él, su futuro lo decidirá el Consejo Nacional de la Niñez.
 

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