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Sacan a estudiante de instituto para matarlo

Pasó en Atiquizaya. Mareros de la MS lo sacaron del aula para matarlo, le rociaron gasolina pero no encendió

Desde hace ocho días, el pupitre que ocupaba José Juan luce vacío. Lleva nueve días hospitalizado. foto edh /Óscar iraheta

Desde hace ocho días, el pupitre que ocupaba José Juan luce vacío. Lleva nueve días hospitalizado. foto edh /Óscar iraheta

Desde hace ocho días, el pupitre que ocupaba José Juan luce vacío. Lleva nueve días hospitalizado. foto edh /Óscar iraheta

José Juan (nombre ficticio) lleva nueve días de estar en un hospital, recuperándose de las heridas y quemadas que le hicieron seis pandilleros de la mara Salvatrucha (MS-13) el 3 de junio pasado, luego de sacarlo del Instituto Nacional de Atiquizaya, para asesinarlo.

José Juan estudiaba tercer año de bachillerato por la mañana. El hecho inició como a las 8:30 de la mañana, durante el primer receso.

El estudiante fue sacado de la institución por varios de sus compañeros de instituto, que estudian primer año de bachillerato, entre éstos Guillermo, quien era el que parecía dirigir al grupo de cinco. Estos lo acusaban de ser de la mara 18. Él se los negaba y, tras sentirse amenazado, se introdujo al aula donde recibía clases. Luego, el grupo le dijo que debía acompañarlos, que saldrían del instituto.

Marvin Martínez, empleado del centro escolar, aparentemente bajo amenazas, fue quien abrió la puerta para que sacaran al estudiante. Salieron sólo la víctima y Guillermo. Afuera esperaron a que llegaran dos mareros más a bordo de una mototaxi, uno de los cuales se bajó del auto para que la víctima y Guillermo se subieran y se alejaron.

De acuerdo con el testimonio de la víctima, que consta en un expediente judicial del Juzgado Segundo de Paz de Atiquizaya, al llegar a un lugar solitario lo bajaron de la mototaxi, le pusieron una pistola en la cabeza y le dijeron que caminara. En ese momento también le cubrieron el rostro.

"¿Ya está listo el hoyo?"

Minutos después llegaron a una casa donde había más hombres. Allí lo mantuvieron vendado, lo amordazaron y lo amarraron de pies y manos.

En la casa había aproximadamente unos seis sujetos que pronto comenzaron a golpearlo a la vez que le preguntaban si pertenecía a la pandilla 18. José Juan les decía que no. La tortura se prolongó por varios minutos.

Luego, mientras José Juan escuchaba a uno de sus verdugos hablar por teléfono y preguntar si ya estaba listo el hoyo, sintió que comenzaron a rociarle gasolina. Luego le prendieron fuego pero la gasolina no encendió. Hicieron varios intentos por quemarlo. Pero por alguna razón, el fuego se apagaba siempre.

Al ver que el fuego no encendía, los verdugos de José Juan le pusieron un cincho al cuello, pero de pronto se escuchó el grito de una mujer: Ahí viene la Policía. En ese momento todos los mareros huyeron de la casa y, haciendo grandes esfuerzos, José Juan comenzó a gritar, a pedir ayuda, hasta que logró que los policías lo encontraran.

Logró llamar a su madre

José Juan se salvó de una muerte segura, porque el fuego no se propagó en todo su cuerpo, pero también por su astucia: antes de salir del instituto, logró hacer una llamada a su madre en la que le dijo que lo llegara a traer rápido al instituto.

Cuando la madre llegó notó que su hijo no estaba y comenzó a preguntar. La Policía, notificada del hecho, acudió al lugar y montó un operativo que culminó en el rescate, casi por casualidad, del joven estudiante de 18 años.

¿Por qué querían matarlo?

El Instituto Nacional Cornelio Azenón Sierra, de Atiquizaya, funciona en un sector que por años ha sido dominado por la mara Salvatrucha (MS-13) mientras que José Juan reside en una zona rural del municipio de Turín, que es dominada por la mara 18.

Pero tanto compañeros de estudio abordados fuera de la institución, como vecinos de la víctima, aseguran que José Juan es un alumno apartado de todo problema; que trabaja en la panadería que tienen sus padres y se congrega en una iglesia evangélica que funciona frente a su casa.

No a pocos les sorprende que José Juan haya sido atacado por el hecho de vivir en territorio de pandilleros de la 18 y estudiar en un lugar dominado por la MS-13. Allí mismo ha estudiado el primero y segundo año de bachillerato.

Aunque es una versión que no se pudo corroborar, hay quienes afirman que el ataque podría estar motivado a que el joven mantuvo una relación sentimental con una estudiante que ahora es novia de un pandillero de la MS-13.

Sospechosos en libertad

Tras el ataque, la policía capturó a Marvin Ulises Martínez, 27 años, bodeguero del instituto, y a cinco estudiantes más, cuatro de ellos menores de edad, excepto Óscar Armando, de 20 años.

Los dos sospechosos, mayores de edad, fueron puestos en libertad, el martes anterior, bajo medidas sustitutivas a la detención, por el Juzgado 2o. de Paz de Atiquizaya, al parecer por una deficiente investigación. Ambos son procesados por el delito de homicidio agravado en grado de tentativa, esto es, que la víctima no murió pese a las lesiones que le produjeron con la intención de matarlo.

La misma suerte corrieron los cuatro menores, quienes fueron acusados en un juzgado de menores de la ciudad de Ahuachapán, según dijeron fuentes policiales.

Mientras tanto, José Juan continúa hospitalizado, en estado delicado, según dijo ayer un pariente.

De acuerdo con el dictamen de Medicina Legal, las lesiones del estudiante tardarán 20 días en sanar.

Silencio por temor

Por su parte, el director del Instituto Nacional de Atiquizaya no quiso hablar del asunto. Dijo que era un tema muy delicado y peligroso.

"No le puedo dar información. Como todos los años, hay muchachos que vienen de un lado donde existe el dominio de una pandilla y que aquí es dominio de otra pandilla y por eso es que los golpean. Eso es lo que ha pasado acá y esos son hechos que pasa en todo el territorio", dijo escuetamente el rector del centro de estudios.

El jefe policial de la subdelegación de Atiquizaya dijo, a través de una agente, que no podía hablar del asunto, que cualquier información se debería buscar al jefe policial a nivel departamental.

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