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Quiénes son los Espinoza Hércules

Son hermanos, uno es sargento de brigada. Otro es mayor e ingeniero. El primero está en Zacatraz y el otro ha desaparecido.

Gilberto y Élmer Espinoza Hércules son dos hermanos oriundos de una zona rural del municipio de San Juan Opico, departamento de la Libertad, que han sido implicados en la comercialización de explosivos.

Gilberto, según acusaciones de la FGR, supuestamente hurtaba de polvorines militares o simulaban demoliciones de explosivos dañados, con la ayuda de varios militares de bajo rango.

Élmer es un mayor que desertó de la Fuerza Armada desde principios de 2010. Lo señalan (según documentos judiciales) de estar involucrado directamente con el hurto y venta de explosivos (armas, granadas, cohetes antitanques y explosivo C-4) a extranjeros, al parecer guatemaltecos o mexicanos vinculados al narcotráfico.

Gilberto, con su grado de sargento mayor de brigada era una pieza importante en la Brigada de Artillería. Tiene tanto poder como para fungir como ayudante del comandante de la guarnición militar a la que estaba asignado. De hecho, el salario asignado a un sargento mayor de brigada es casi igual al de un capitán.

Élmer, un explosivista de fama en el estamento militar, no figura en el proceso militar ni penal que se ha instruido contra ocho militares, entre éstos Gilberto, su hermano, quien estaba a punto de jubilarse cuando fue descubierta la forma como comercializaban diversos explosivos.

Del mayor no hay rastro. Algunos de sus compañeros de promoción recuerdan que durante el curso de Diplomado de Estado Mayor (especialización en administración y mando militar) manejaba mucho dinero en efectivo.

Gilberto, por su parte, está preso en el penal de máxima seguridad de Zacatecoluca, conocido como Zacatraz. Los otros siete implicados están en el penal de Metapán, de Santa Ana.

El 1 de mayo de 2011, ante un equipo del Departamento de Contrainteligencia de la Fuerza Armada, admitió su participación en la venta de explosivos realizada en la noche del 26 al 27 de abril de ese mismo año.

Entonces fue que dijo que las granadas se las vendía en 40 dólares cada una a un tal Jorge Bernal, que vivía en Chalchuapa, Santa Ana.

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