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Quezaltepeque agobiado por los asesinatos y las pandillas

Ataques a delegación policial, homicidios, desapariciones y extorsiones es parte del clima de violencia en este municipio

En Quezaltepeque no hay semana que no se registre homicidios. La inseguridad ha llegado al extremo que ni la delegación policial y las patrullas en pleno ejercicio de su deber, se escapan de ser atacadas por grupos de pandillas.

Quezalteque fue el tercero de los 11 municipios declarados libres de violencia o territorio de paz, en el que ambas pandillas (MS y 18) se comprometieron a no atacarse entre rivales, tampoco atentar contra policías y militares.

Dos años después, esos compromisos y otros formulados ante la opinión pública, se han venido al suelo.

El tema es álgido; los agentes y oficiales de la delegación no se atreven a profundizar sobre lo que realmente está pasando en ese municipio.

Antes del ataque a la delegación y a la patrulla policial en Quezaltepeque (la noche del 5 de abril), un oficial a través de un agente, dijo que en ese municipio los hechos de violencia y delincuencia estaban bajo control.

Esa fue la respuesta que un Inspector dio a la pregunta: ¿cuál ha sido el comportamiento de la violencia y delincuencia en el municipio en lo que va del año?

Un equipo de El Diario de Hoy realizó un recorrido por el centro del municipio y a simple vista, no parece el nivel de riesgo o peligro que representa el transitar por cada una de sus calles y avenidas, así como en las áreas rurales.

La gente en los alrededores del Mercado Municipal habla de negocios, productos y asuntos personales, pero muy poco del diario vivir.

El pánico y el terror que inspiran las pandillas, los homicidios y las extorsiones, ha dejado sin voz a la mayoría de ciudadanos, confiesa un comerciante quezalteco.

Según estadísticas de levantamientos de cadáveres de Medicina Legal, Quezaltepeque ocupa la sexta posición de los 10 municipios más violentos en el primer trimestre de 2014.

"Para serle honesto, en horas de la noche no nos gusta salir, nosotros alquilamos mesas y sillas pero después de las 7:00 de la noche ya no damos servicio a domicilio", manifestó un pequeño comerciante, quien por razones de seguridad no fue identificado.

"La situación aquí no es muy buena", reiteró el residente.

Los lugareños recuerdan aquel viernes cuando se corrió el rumor que las pandillas habían "decretado" un toque de queda o la inmovilización de personas, después de las 7:00 de la noche.

Un ciudadano relató aquella noche, que aunque habían intensos patrullajes policiales y militares por el centro de municipio, sus calles y avenidas parecían un pueblo fantasma, la población estaba atemorizada.

La amenaza de las pandillas había calado hondo en la población, explicó el residente.

Y es que las pandillas se han demarcado el territorio y solo una calle los divide, lo que influye a que a cada momento hayan asesinatos. Estos hechos son más frecuentes en colonia como Santa Emilia (más de tres casos), Las Brisas, Los Izotes y toda la periférica del centro, cada una con un caso en este año.

Al centro se suma la zona rural donde en los últimos días, las autoridades descubrieron dos tumbas clandestinas, con al menos nueve cadáveres.

El hecho más reciente fue el ataque a la delegación policial y a una patrulla del 911, el cual dejó un agente policial muerto y cuatro más resultaron heridos.

Informes policiales revelaron que con engaños fue llevada una patrulla policial a una zona rural de San Matías, entre los límites de Quezaltepeque y San Juan Opico.

En ese lugar, afirmaban que se había registrado una emergencia, pero al llegar al terreno los agentes fueron emboscados por sujetos armados con fusiles M-16.

El alcalde Carlos Figueroa saca su propia lectura de la realidad de Quezalteque.

"Aquí lo que ha habido es un abandono del proceso de pacificación".

Figueroa no solo se responsabiliza de ese traspié, sino también al Gobierno. "La iniciativa de pacificación fue del Gobierno central y sino fue por un acuerdo de voluntades de las principales pandillas MS-13 y 18", afirmó.

En perspectiva el edil se ubica como uno de los facilitadores junto con el Gobierno central.

"Este servidor fue el tercer interviniente en alcanzar la armonía social, siempre tuve la buena fe, lo que motivó o impulsó, porque conozco perfectamente el andamiaje de la violencia de nuestro país", subrayó.

Figueroa reconoce que en los últimos días ha habido un brote de violencia en respuesta al rompimiento del proceso, que no solo fue un acuerdo de voluntades, ni de los facilitadores, sino un proceso sistemático, que de no haberse interrumpido no se tuviera ese auge criminal.

Según el edil, el problema de la tregua y los municipios libres de violencia se politizó porque al inicio sí hubo la buena fe.

A pesar de las vidas que se pierden por la violencia, Figueroa afirma que ese auge no lo ve con ideas fatalistas, y que poco o nada se puede hacer para resolver el problema.

"Pongo como ejemplo Colombia, que en los 80 que alcanzó los índices más alto de criminalidad en homicidios y ahora es un modelo, redujo de 80 homicidio a 15 y a lo sumo, 20 asesinatos, registrados en Cali, Medellín y Bogotá.

Si los colombianos lo pudieron hacer, ¿por qué no lo podrá lograr El Salvador? Se preguntó el edil. "Pero no viendo el fenómeno con ideas fatalistas, aquí nada se puede hacer, exterminemos a las maras, no se trata de eso, lo que se busca es que todos nos involucremos en la solución de este problema, que es el número uno del país, a la par de lo económico", dijo.

El edil afirmó que por haberse dejado en el abandono el proyecto de pacificación, ahora se está cosechando este rebrote de violencia, no solo en Quezaltepeque, sino en todo el país.

"Hago un llamado a las autoridades religiosas que constituyen uno de los pilares más elementales de la sociedad, en el sentido de que se proteja y se respete la vida, sobre todo a los sacerdotes de Quezaltepeque, a que no veamos con fatalismo esta situación, sino por el contrario, busquémosle todos, actuando conjunta y no separadamente, la solución a este problema", destacó Figueroa.

No está fácil la tarea en Quezaltepeque, dice el alcalde, pero ese es el reto y el desafío.

La tregua es una solución, pero no se debe abordar de forma política, sino concienzudamente, no solo por el alcalde, sino por la empresa privada, la industria, las iglesias Evangélica y Católica.

A juicio de Figueroa, los pandilleros están enviando un mensaje de tener poder, "por supuesto que un poder ilegítimo, pero fuerte".

Ello porque cuentan con su propio armamento y modalidad de ejercicio de acción, nefasta, por cierto, reflexiona.

En este esfuerzo debe participar una Policía respetuosa de las garantías y derechos, "porque a pesar de todo siguen siendo personas con sentimientos de carne y huesos". Recomienda reforzar la Policía con más acercamiento a la comunidad para ir mejorando paulatinamente la situación.

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