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Por temor a maras huyen 15 familias en Izalco

Tras el asesinato de dos hombres a finales de agosto, 20 familias dejaron sus casas hace unos días. Al menos otras 15 familias huyeron ayer del caserío El Sitio por la misma situación

 En El Salvador el problema de las maras es una de las causas de desplazamiento de habitantes.

En El Salvador el problema de las maras es una de las causas de desplazamiento de habitantes. | Foto por Archivo

 En El Salvador el problema de las maras es una de las causas de desplazamiento de habitantes.

Finalizados los novenarios de José Alfonso Mauricio, de 40 años, y de Alexis Ramos Catalán, de 21 años, que fueron asesinados por pandilleros a finales de agosto en Izalco, 20 familias recogieron sus pertenencias y huyeron del caserío  El Sitio, cantón Talcomunca de Izalco, Sonsonate. 

Otras familias que conocieron a estas personas y que también optaron por dejar sus casas aseguran que el primer grupo fue amenazado por pandilleros tras el asesinato de Mauricio y Ramos Catalán.

El segundo grupo que abandonó el caserío asegura que no ha recibido amenazas; sin embargo, añade que se van por temor. 

Eran prácticamente los últimos habitantes que preferían irse antes que “lamentar una desgracia”.
 
El caserío luce desolado y ayer las pocas personas que rondaban la zona recogían, como podían, sus pertenencias personales, animales, alimentos que tenían almacenados y también las láminas con las que habían construido sus viviendas.

Un hombre resentía que a pesar de que tenía una manzana de terreno sembrada, debía dejarla, pues una vez saliera del sector, no podría volver a recoger la cosecha.

Las familias son muy numerosas en el caserío El Sitio. 

Algunos pequeños de entre 1 y 3 años jugaban con los escombros que habían quedado de sus casas, sin percatarse de lo sucedido ni del futuro incierto que les espera.

Otros niños mayores, en cambio, ayudaban a sus padres  a recoger las cosas o realizaban tareas  de limpieza antes de marcharse. 

El lugar es recóndito y alejado del bullicio de la ciudad; sus pobladores resienten que no cuentan con una escuela cercana o una unidad de salud que atienda sus necesidades básicas y que tampoco cuentan con el apoyo de las autoridades.

Sin embargo, la Policía Nacional Civil (PNC) dijo ayer que desde que comenzó el éxodo han estado pendientes de las familias que quedan y que les han sugerido quedarse, pues ellos les garantizan protección.

Un grupo pequeño de policías y soldados recorrían la zona y hablaban con los pobladores, en un intento por evitar que abandonaran el sector;sin embargo, las familias estaban decididas a irse.

“Estamos abandonados por las autoridades y la municipalidad”, señaló desconcertada una lugareña.

Francisco B., un hombre de  75 años, con profunda tristeza en su rostro e impotencia por no poder hacer nada, tuvo  que abandonar su vivienda, el hogar que le vio nacer. 

El anciano se rehusaba a creer lo que estaba pasando y, abatido por el dolor de perder su casa, hacía remembranzas de cómo le había costado tener su lote. 

El señor es una persona muy activa, colaboradora con los demás, según afirmaron otras personas que lo conocen.

Según relató el hombre, la arquidiócesis de Sonsonate les había prometido acudir al lugar, pero lamenta que nunca llegaron. 

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