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Petición de justicia y ayuda para hijos de mujer asesinada

Macheteada por exesposo en Panchimalco

Parientes y amigos acompañaron a la familia Vega durante el entierro de Paula Vega, de 35 años, en el cementerio de Panchimalco al sur de San Salvador. Foto EDH / Lissette Lemus

Parientes y amigos acompañaron a la familia Vega durante el entierro de Paula Vega, de 35 años, en el cementerio de Panchimalco al sur de San Salvador. Foto...

Parientes y amigos acompañaron a la familia Vega durante el entierro de Paula Vega, de 35 años, en el cementerio de Panchimalco al sur de San Salvador. Foto EDH / Lissette Lemus

José Jorge, de 72 años, abrazaba a su nieto de 5 años y le promete que seguirá trabajando la tierra para que no le falte su abrigo, casa y alimentación. Lo hace desde que nació, ahora aún más porque la madre del niño fue asesinada a machetazos por su exesposo el lunes pasado en el municipio de Panchimalco.

"A este (el niño) yo lo mantengo, él a mi me dice papá porque el verdadero no lo conocemos. Ahora que no tiene madre a mi me va tocar mantenerlo a él y a sus cuatro hermanitos", dijo Jorge mientras esperan el entierro de su hija Paula Vega, de 35 años.

Vega fue asesinada frente a tres de sus hijos por su expareja mientras trabajaba la tierra en el caserío Los Córdoba, en Panchimalco.

Tenía cinco años de estar separada del padre de sus primeros cuatro hijos. Su quinto vástago fue procreado con otro hombre y eso, según familiares, fue una de las cosas que provocaron el enojo en José Deodanes, quien después de estar preso cuatro años por agredir a Paula, salió a matarla.

Las necesidades de los huérfanos son incontables. Viven en la extrema pobreza y apenas sobreviven de lo que gana su abuelo y otros tíos trabajando la tierra.

Ayer en el entierro de Paula solo llegaron cuatro hijos. Poco entienden de la tragedia que ha pasado en su familia. Carlos (nombre ficticio) responde que su madre está muerta y su padre se ha ido porque la mató a machetazos. No le tiembla la voz al contar cómo ocurrió el cobarde ataque contra su madre.

Su hermana de 12 años luce triste. Mientras entierran a su madre, es de las pocas mujeres que lloran, al tiempo que los hombres discuten si abren el ataúd de Paula para ponerle una tortilla en la boca y cumplir con una creencia.

La hija mayor de Paula, no fue al entierro, está desgarrada, aún tiene presente las horribles escenas del ataque contra su madre, según su abuelo.

El abuelo de los niños dice que nadie se los quitará, ni el Estado, dice que son su tesoro. Hasta ayer nadie sabía de José, tampoco ninguna de las autoridades que protegen a la niñez se había acercado para darle auxilio a los huérfanos.

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