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Pescadores son agredidos por tropa hondureña

Militares hondureños, vestidos de civil, capturaron a dos pescadores salvadoreños el 24 de noviembre anterior, según las víctimas en aguas salvadoreñas

Miguel Ángel Fuentes (sin camisa) lamenta que cuando soldados hondureños capturan a un pescador no devuelven las redes que valen $200 aproximadamente. Foto EDH / Jorge Beltrán

Miguel Ángel Fuentes (sin camisa) lamenta que cuando soldados hondureños capturan a un pescador no devuelven las redes que valen $200 aproximadamente. Foto EDH / Jorge Beltrán

Miguel Ángel Fuentes (sin camisa) lamenta que cuando soldados hondureños capturan a un pescador no devuelven las redes que valen $200 aproximadamente. Foto EDH / Jorge Beltrán

Días después de los dimes y diretes que los presidentes de El Salvador y Honduras protagonizaran por la isla Conejo, localizada frente a las costas del departamento de La Unión, pescadores salvadoreños de esa zona aseguran que los atropellos y amenazas, que incluyen decomisos de lanchas y herramientas de pesca, se han incrementado por parte de tropas hondureñas destacadas en la referida isla.

Uno de los últimos incidentes ocurrió la mañana del domingo 24 de noviembre. Mientras que en Honduras se desarrollaban las elecciones presidenciales, Julio César Ascencio y su mujer, Liliana de la Paz Hernández, fueron asaltados por hombres armados que, según Julio y Liliana, luego se identificaron como militares hondureños, y a punta de fusil se los llevaron a la isla Conejo y de allí a Amapala, Honduras.

Julio y Liliana son esposos, viven el barrio San Carlos, en la ciudad de La Unión. Sin forzar la vista, desde su casa se ve la isla Conejo, la manzana de la supuesta discordia entre los presidentes Mauricio Funes y Porfirio Lobo que mantiene en el ojo del huracán a pescadores unionenses.

Aquel domingo salieron a pescar, como siempre lo han hecho desde hace muchos años, para ganarse la vida. Pero en vez de ganar unos pocos dólares terminaron perdiendo dinero, que para sus precarias economías es mucho.

Ambos aseguran que conocen bien el Golfo, porque la mayor parte de su vida han sido pescadores. Afirman que aquel día estaban en aguas salvadoreñas cuando fueron asaltados por cinco militares hondureños que bajo la advertencia de "no complicar más las cosas" y a la vez encañonándolos con fusiles los obligaron a transbordarse a la lancha en que ellos andaban mientras que uno de los soldados remolcaba la lancha de los pescadores.

Ateniéndose a lo que oficiales de la Fuerza Naval de La Unión les habían dicho en una reunión convocada el 30 de octubre anterior, Liliana logró hacer una llamada a su madre a quien le encomendó que le hablara por teléfono al capitán Ramírez (de la Fuerza Naval) y que le explicara el problema en el que ella y su marido estaban.

La madre de Liliana habló con el oficial, quien le dijo que verían qué podían hacer. Sin embargo, después de casi dos horas, nunca apareció ninguna embarcación de la Fuerza Naval salvadoreña, a pesar de que estaban a unos cinco minutos de distancia, aseguran Liliana y Julio.

"¿Dónde están tus autoridades?"

Luego de más de 90 minutos, tiempo que tardaron los militares hondureños en sacar del agua y medio enrollar tres redes con las que la pareja pescaba se los llevaron a la isla Conejo. A la mujer la llevaba encañonada un hombre en cuyo sombrero militar se leía el apellido Tejón.

A pesar de que Julio les decía que no era necesario ni legal que su esposa fuera conducida con la boquilla del fusil en la nuca, los militares hondureños no hicieron caso; en tono de burla le respondieron varias veces con otra pregunta: "¿Dónde están tus autoridades, dónde está la marina (Fuerza Naval) de ustedes?", afirman las víctimas.

Cuando llegaron a la isla Conejo, unos 60 militares bajaron hasta la orilla para cerciorarse de lo que pasaba.

De allí los llevaron a Amapala, a una base militar hondureña donde permanecieron por varias horas. En ese lapso, las autoridades hondureñas los insultaron.

En el informe verbal que los soldados captores daban a sus superiores en Amapala, unos dijeron que los habían capturado en el estero La Ceiba, otros que en el estero El Hacha. Entonces Liliana les reclamó que ni siquiera sabían dónde los habían capturado. Lo que obtuvo por respuesta fue una orden de silencio, por "malcriada e impulsiva".

Luego de varias horas los dejaron ir, tras el pago de 11 dólares cada uno. Pero la lancha "Liliana Carolina" quedó con todo y redes en Amapala, donde tienen que cancelar 500 dólares para recuperarla; a esa cantidad las víctimas le suman el costo de las tres redes que oscilan entre 150 y 200 dólares cada una.

Para un pescador artesanal, la multa para recuperar la lancha es exorbitante; representa el trabajo de varias semanas. A eso le deben agregar la pérdida de las redes: "Tendremos que endeudarnos, porque no tenemos otra salida", se quejaron las víctimas.

Un capitán que solo se conduele con los agredidos y un Consulado que recomienda guardar silencio

El lunes siguiente, Liliana y su marido fueron a la base de la Fuerza Naval en La Unión a poner la denuncia de lo que les había ocurrido. Se encontraron con el capitán Ramírez, aquel que el 30 de octubre les había dicho, en una reunión con todos los pescadores, que ante cualquier problema en el mar lo llamaran para salir en su auxilio.

Cuenta Liliana que cuando cuestionó al capitán Ramírez sobre por qué no habían ido a socorrerlos, la respuesta que les dio fue: "No, niña Liliana, yo lo siento, pero yo me quedé corto; yo tengo quién me mande".

"Esta no es una lloreta porque a nosotros nos han agarrado, no; esto (atropellos y agresiones de parte de tropas hondureñas) ha existido, está pasando y va a seguir pasando. Y el consuelo de nuestras autoridades es que paguemos la multa y punto", reprochó Julio.

Liliana también señala que, mientras estuvieron retenidos en Amapala, recibieron una llamada de Amílcar Hernández, quien se identificó como cónsul de El Salvador en Choluteca. Sin embargo, la llamada, según Liliana, fue para decirle que "en la posición que usted está ni el presidente (de la República) ni la (Fuerza) Naval ni yo podemos hacer nada; mejor cierre la boca, porque si sigue hablando presa puede quedar".

Posteriormente los esposos corroboraron que quien les había llamado no era el cónsul, sino el vicecónsul. Esto también fue confirmado por Ramón Gutiérrez, cónsul general de El Salvador en Choluteca.

De acuerdo con la pareja fue el lunes 25 de noviembre que informaron a la Fuerza Naval y al cónsul Gutiérrez, quien tiene una oficina en el Centro de Gobierno de la ciudad de La Unión, sobre las agresiones que sufrieron.

Ayer el cónsul Gutiérrez, mediante entrevista telefónica, dijo a El Diario de Hoy que sí tenía conocimiento de las agresiones sufridas por los dos connacionales, pero que era una situación bien difícil para él como cónsul, a quien le corresponde velar por los derechos de los salvadoreños que sean capturados en Honduras, "porque los límites territoriales en el mar son bien relativos", aseguró en referencia a que Liliana y Julio han insistido en que los militares hondureños los capturaron en aguas salvadoreñas.

"En primer lugar nos corresponde velar por los derechos de los salvadoreños; se hace bien difícil para nosotros, no estoy diciendo que la señora no diga la verdad y tampoco que los hechos no sucedieron", agregó el funcionario.

Gutiérrez explicó que, en su denuncia, Liliana ha dicho que todo el tiempo la tuvieron sometida apuntándole en la nuca con un fusil, de lo cual ya ha informado a Cancillería y que "es en esa dependencia donde sabrán qué hacer con la denuncia".

Por su parte, Cancillería indicó que "En el caso particular de los señores Liliana de La Paz Hernández y Julio César Ascencio, la representación consular de El Salvador en Choluteca, Honduras, ha dado el debido acompañamiento a los compatriotas, en las gestiones pertinentes para que puedan recuperar sus instrumentos de trabajo. Nuestro consulado se encuentra en comunicación tanto, con las autoridades hondureñas como las salvadoreñas involucradas en este tipo de casos".

Sin embargo, las dos víctimas afirmaron ayer mismo que no es cierto que se les esté proporcionando ayuda de parte del referido cónsul. "Hasta hoy no hemos recibido ninguna llamada de nadie", sostuvo Ascencio.

El cónsul Gutiérrez también confirmó que el día que Liliana y su marido estuvieron detenidos en Amapala fue el vicecónsul quien les hizo una llamada telefónica.

Gutiérrez no se quiso aventurar a dar una cifra sobre cuántos casos de agresiones a pescadores salvadoreños ha habido en los últimos seis meses por parte de tropas hondureñas; no obstante, El Diario de Hoy tiene registrados otros casos. Uno de ellos fue el sufrido por dos pescadores de Punta Jocote, a quienes los soldados hondureños les decomisaron una lancha y los dejaron abandonados a su suerte con dos niños de siete y ocho años (ver página siguiente).

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