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Paro de la ruta 3 por ataques armados

Transportistas demandan más seguridad en el trayecto que recorren sus unidades

Población paga las consecuencias de paros del transporte público a consecuencia de robos y extorsiones. Foto EDH / Claudia castillo

Población paga las consecuencias de paros del transporte público a consecuencia de robos y extorsiones. Foto EDH / Claudia castillo

Población paga las consecuencias de paros del transporte público a consecuencia de robos y extorsiones. Foto EDH / Claudia castillo

Los microbuseros de la ruta 3, que hacen su recorrido entre la colonia Sierra Morena, de Soyapango, y San Salvador, paralizaron sus labores ayer, lo que provocó serios inconvenientes en la población que se desplaza a sus lugares de trabajo y estudios.

Los motoristas atribuyeron la medida al constante acoso delincuencial del que son víctimas.

Los microbuseros dijeron que uno de sus compañeros resultó herido en un ataque perpetrado el miércoles por la tarde en las cercanías de un centro comercial ubicado en el Bulevar del Ejército.

Los empleados de la ruta dijeron de forma escueta que están cansados del acecho del hampa.

También afirmaron que a pesar de que las autoridades son conocedoras del flagelo no están haciendo nada por controlar y capturar a los delincuentes.

Extraoficialmente trascendió que el ataque del miércoles por la tarde estaría ligado a la negativa de los dueños de las unidades a pagar la extorsión a los maleantes, pero los transportistas se niegan a referirse al tema con los periodistas.

Por la tarde, agentes de la Policía Nacional Civil confirmaron que el servicio de los microbuses ya se había restablecido en la zona.

Tanto los microbuseros como los usuarios expresaron su disgusto por la inseguridad que viven a diario dentro de las unidades.

El repudio y descontento se da a pesar de los supuestos programas anunciados por el gobierno, como "Bus seguro", para detener esta ola delincuencial.

Los pasajeros, que son los que al final pagan las consecuencias de la escalada criminal, aseguraron que en la realidad no ven claros los resultados del plan que Justicia y Seguridad desarrolla.

Lo peor, agregaron, es que en cada viaje los usuarios y motoristas se sienten inseguros porque de un momento a otro se suben grupos de dos, tres y cinco sujetos, algunos armados con cuchillos y otros con pistolas para despojar a los usuarios de sus prendas.

Días atrás, la 41-B paralizó su servicio en protesta por el incremento en las extorsiones en el sector.

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