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Otro éxodo en Panchimalco por amenazas

Varias familias del cantón San Iisdro han abandonado sus hogares porque, desde el fin de semana, fueron amenazadas por pandillas

Éxodo Panchimalco

Unas 200 familias de escasos recursos económicos habitan en el caserío Sihuatenango, del cantón San Isidro, en Panchimalco.  | Foto por Mauricio Cáceres

Éxodo Panchimalco

Varias familias que habitan  en el caserío Sihuatenango, del cantón San Isidro, en Panchimalco, han sido obligadas por pandilleros a abandonar sus viviendas.

Desde el sábado pasado, tras el asesinato de dos jóvenes de la zona, los delincuentes le ordenaron a los lugareños que se marcharan,  o  de lo contrario,  también los matarían. 

El temor obligó a algunas familias a reunir sus pocas pertenencias y dejaron abandonadas sus casas y animales.

Quienes se han quedado dicen que no se han marchado porque no tienen a dónde ir.

Por temor a que los delincuentes cumplan sus amenazas,  los padres de familia no están enviando a sus hijos a la escuela y ante la falta de alumnos,  la institución ha suspendido las clases.

Para llegar hasta el caserío Sihuatenango, centenares de personas deben caminar largas distancias y atravesar veredas desoladas. 

Todas las viviendas están construidas con adobe y láminas. La mayoría de habitantes son de escasos recursos económicos y subsisten de la crianza de animales de corral, así como de cultivar frutas y hortalizas.

La Policía y miembros de la Fuerza Armada (usando vehículos tipo Humvee)han estado patrullando la zona, desde que fueron alertados sobre las intimidaciones hechas por los pandilleros, pero eso no ha dado tranquilidad a la gente. 

La zona rural de Panchimalco se ha caracterizado por ser escenario de constantes enfrentamientos entre las pandillas y las autoridades.

Los cerros y cuevas que hay en los cantones (que colindan con los municipios de Santo Tomás y Olocuilta) sirven de guarida para los delincuentes.

En más de una ocasión, los lugareños han sido testigos  de las fechorías que cometen las maras y eso ha desatado amenazas y homicidios.

Además, en algunos casos, la economía de los lugareños se ha visto afectada porque los delincuentes hasta les han llegado a ordenar que dejen de cultivar el maíz y el frijol con los que sobreviven.

Estas situaciones han obligado a decenas de familias a abandonar las viviendas en las que habitaron por varias décadas y que habían edificado con mucho sacrificio. 

El año  pasado, un informe del Consejo Noruego para los Refugiados reveló que la violencia de las pandillas y los cárteles de la droga que operan en El Salvador, han forzado a 289 mil personas a huir de sus hogares.
 

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