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“Si no nos das el DUI, te vamos a matar”

Relato de un ciudadano atracado en las calles de San Salvador 

Pandillas controlan la capital

Pablo tiene 21 años. Recientemente había conseguido ese primer trabajo “de oficina” que con tanta dificultad logró. Estaba realmente emocionado. Ya no se dedicaría a la albañilería ni a la jardinería. Por fin podría poner en práctica todos los conocimientos adquiridos en procesadores de textos y hojas de cálculo. Además, con lo que iba a ganar, tendría la oportunidad de apoyar económicamente su hogar. 

Eran las 9:30 de la mañana, cuando Pablo se dirigía hacia el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), ubicado en la Alameda Juan Pablo II y 39 avenida norte de San Salvador, para tramitar su tarjeta de beneficiario. 

Había decidido ir a pie desde su nuevo lugar de trabajo. No tenía carro y gastar en taxi era un lujo que aún no se podía dar. De todos modos, pensó, el ISSS no quedaba tan lejos, era pleno día y las calles estaban llenas de peatones que se dirigían a sus labores cotidianas. No habría ningún peligro. Sin embargo, Pablo se equivocaba. 

Caminaba con paso firme y rápido por la 41 avenida norte de la capital, con la intención de buscar la Juan Pablo II. Tres sujetos salieron a su encuentro, le cerraron el paso y uno de ellos lo encañonó con la pistola. 

- ¿Vos qué haces aquí? De seguro que sos policía, porque andás los zapatos bien lustrados.

Absorbido por el miedo, Pablo apenas pudo responder y aclaró que no era de la PNC.

- Entonces de seguro sos marero y andás viendo qué conseguís acá – le gritó uno de los hampones. Inmediatamente lo agarraron de los brazos hasta llevarlo a una zona menos transitada al final de la avenida, al lado de unas escaleras para peatones.

Con angustia, Pablo repetía que no era marero, ni policía, ni quería nada con ellos. Simplemente pedía que lo soltaran y que les daría los $15 que llevaba en su billetera. Pero no iba a ser fácil. Ese era solo el inicio de un interrogatorio que duró unos 10 minutos, tiempo que se hizo eterno para el joven cuyo único motivo para transitar por la zona era tener en orden sus papeles. 

- Tenés que demostrar que no sos marero, ni policía. Enseñanos el DUI – ordenó el que parecía más joven, mientras sacaba una pistola.

Pablo tenía miedo. Vivía en Soyapango y, aunque en su zona casi no había presencia de maras, había escuchado historias de personas asesinadas por el simple hecho de venir de áreas controladas por pandillas contrarias. Si enseñaba su documento de identidad, se estaba exponiendo a cualquier cosa. Y lo peor, es que no tenía idea de qué mara eran esos individuos, si es que acaso pertenecían a alguna. 

Según datos de El Diario de Hoy, en esa zona de la Flor Banca hay presencia de la pandilla 18 Revolucionarios. 

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- Si no nos das el DUI, te vamos a matar - dijo sin rodeos otro de los acosadores, con una cara seria y mirada penetrante.

Pablo cedió. Les entregó su documento. Apenas había terminado de sacarlo cuando uno de ellos le arrebató la billetera y le pegó un puñetazo en la cara. 

Sin dejar de apuntarle con dos pistolas, los sujetos comenzaron a discutir. Luego, siguió una larga serie de preguntas a las que Pablo apenas podía responder por los nervios. Siempre le preguntaban lo mismo: que si era marero, que si era policía, que si venía a espiar, que si trabajaba para el Gobierno… 

Finalmente, los hampones decidieron tomar todos los datos del joven y hasta le tomaron fotos con un celular. 

- Andate, no te queremos ver más por aquí. Y si decís algo, te vas a morir. Ya tenemos toda tu información. 

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