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Neftaly murió esperando que el Estado le pagara

En 2005 el Estado salvadoreño fue condenado a pagarle $10 mil por encarcelarlo injustamente.

José Neftalí Carranza

Jose Neftali Carranza Fue liberado tras no encontrarlo culpable de violar a su propia hija.foto:Giovanni Lemus | Foto por Archivo

Jose Neftali Carranza Fue liberado tras no encontrarlo culpable de violar a su propia hija.foto:Giovanni Lemus

Hace casi cuatro años, José Neftaly Carranza murió de insuficiencia renal en un cantón del municipio de Tonacatepeque, de donde era originario.

Murió esperando que el Estado le pagara 10 mil dólares como indemnización por los daños que le causó al haberlo condenado a 18 años de prisión por el delito de violación en contra  de una de sus hijas, Nubia N.

En Mayo de 2004, Carranza Ayala fue condenado injustamente porque la Fiscalía no investigó bien el caso y se dejó llevar por el relato de la supuesta víctima.

Así también, la  abogada pública que lo defendía parecía más bien una acusadora más y nunca escuchó los ruegos de Carranza para que le realizaran una prueba genética a Vladimir, el hijo de Nubia,  quien decía que era producto de la violación sexual a la que la había sometido su padre.

Sin embargo, tras meses de buscar ayuda, un abogado particular le ayudó a que un tribunal admitiera la revisión de la sentencia y que se le practicara la prueba genética al bebé de la acusadora de Neftaly.

El resultado científico fue que Nubia había mentido a la Fiscalía. Los resultados de la prueba genética determinaron que José Neftaly Carranza Ayala no era el padre de Vladimir.

En noviembre de 2005, un tribunal de sentencia realizó un nuevo juicio al final del cual dictaminaron que José Neftaly era inocente.

Lo pusieron en libertad inmediatamente y ese mismo día, el mismo tribunal, ordenó que el Estado le pagara 10 mil dólares como indemnización por los daños y perjuicios ocasionados.

Sobrevivió a la masacre de 31 reos en Mariona

Sin embargo, la misma Fiscalía que había conseguido que lo condenaran, esa misma institución se opuso férreamente a que aquel hombre recibiera la compensación a pesar de que, por un error, por una mala investigación de su parte, hicieron padecer a José Neftaly y a su familia.

En la memoria del expresidiario había quedado grabado aquel 18 de agosto de 2004, día  cuando 31 reclusos del penal de Mariona fueron asesinados por otros internos.

José contaba que nunca olvidaría aquella media mañana cuando estaba lavando un pantalón y otro interno le advirtió de la tempestad que se cernía en el recinto donde él estaba recluido.

No acabó de lavar el pantalón. Corrió a su celda pero no alcanzó a llegar. La masacre ya había comenzado. Se metió a las celdas que estaban más inmediatas donde se puso a salvo.

Pero poco tiempo después supo que los asesinos preguntaban por “el tío”, que así era como llamaban a José en la prisión. Eran incontables los horrorosos recuerdos de aquellos miserables días,

Incontables fueron también para José Neftaly los 10 mil dólares de indemnización porque el Estado nunca se los pagó.  Murió en el 2012,   de insuficiencia renal.

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