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Mujer que pide asilo tiene tres hijos presos

Policía afirma que están presos en Izalco por delitos graves. Ella dice que están solo por agrupaciones ilícitas

La matriarca y 29 parientes más pidieron ayer al ACNUR que les consiga refugio en otro país. Foto EDH / Marlon Hernández

La matriarca y 29 parientes más pidieron ayer al ACNUR que les consiga refugio en otro país. Foto EDH / Marlon Hernández

La matriarca y 29 parientes más pidieron ayer al ACNUR que les consiga refugio en otro país. Foto EDH / Marlon Hernández

Se llama Graciela y en la quinta etapa de la colonia Altavista la conocen como "la mamá de los Pichi". En el vecindario ha causado revuelo el abrupto abandono de su vivienda, la casa 96 del polígono 51.

Graciela es la mujer que en la noche del martes anterior y ayer se volvió noticia en redes sociales y noticiarios, luego de que llegara a las proximidades de la embajada de Estados Unidos a pedir asilo, argumentando que ella y el resto de su familia (hijos, nietos y nueras) habían sido amenazados de muerte por miembros de pandillas que controlan el sector donde ella vive.

En total, a la mujer la acompañan 29 personas más, 11 niños entre éstas, que vivían en cinco casas de la referida residencial desde hace aproximadamente nueve años.

Sin embargo, a Graciela no la acompañan William, Walter y Douglas tres hijos suyos porque que están guardando prisión en el Centro penal de Izalco, en Sonsonate.

De acuerdo con policiales y vecinos de "la mamá de los Pichi", así les dicen a los hijos que están encarcelados, éstos guardan prisión por los delitos de homicidios y extorsiones.

No obstante, ayer Graciela adversó a los policías y sus vecinos. La mujer adujo que sus tres hijos están detenidos por el delito de agrupaciones ilícitas, esto es, por pertenecer a la Pandilla Dieciocho.

Algunos habitantes de la quinta etapa de Altavista dijeron, incluso, que algunos parientes de Graciela colaboraban con la pandilla de ese sector ejerciendo labores de vigilancia y avisándoles a los pandilleros cuando la policía o desconocidos se aproximaban al sector.

Ayer, El Diario de Hoy constató que al interior de la casa donde vivía Graciela se observan camas en desorden, sillas, mesas, una juguetera y ropa revuelta en el piso.

Las luces de la vivienda estaban encendidas y la puerta que da al patio o jardín estaba abierta. Sobre una mesa hay una sopa conservada, unos guineos muy maduros y varios envases de soda vacíos.

Custodia policial para huir

De acuerdo con versiones de policías encargados de patrullar la residencial Altavista, Graciela abandonó su vivienda el martes entre las 6:30 y 7:00 de la mañana, para lo cual pidió que le dieran seguridad policial. Se la proporcionaron.

Aparentemente, según las indagaciones policiales, la mujer fue amenazada realmente por miembros de pandillas por sospechar que ella estaba suministrando informante de la Policía.

Graciela, no obstante, ayer negó que la policía le hubiera dado seguridad mientras abandonaba su casa, aduciendo que no tienen confianza en la policía porque algunos de ellos mantienen relaciones con pandilleros. Incluso dijo que uno de los policías que patrulla el sector tiene tatuado el número 18 en la comisura de los labios.

Ayer, Graciela y su familia acudió a la sede de las Organización de las Naciones Unidas en El Salvador, para solicitar al representante del Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) su apoyo en la reubicación en otro país como Estados Unidos o Canadá.

Un funcionario de esa oficina atendió a un representante de la familia para conocer su problemática; sin embargo, les dijo que no está en sus manos poderles ayudar, pues para someterse a un refugio, los interesados deberían estar ya viviendo en el país donde buscan reubicarse.

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