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La muerte de los entrevistados tras estallido de polvorín en 2000

Dos soldados y un policía murieron al estallar accidentalmente bombas que iban a destruir, tras dar declaraciones a periodistas

La muerte de los entrevistados

La muerte de los entrevistados | Foto por elsalvador.com

La muerte de los entrevistados

Llegué temprano a la redacción y por medio de una fuente supe que la Fuerza Armada iba a destruir bombas que habían quedado esparcidas entre calles de la colonia 5 de Noviembre y las aledañas al cuartel del Batallón de Sanidad Militar.

En esa guarnición un 10 de mayo hubo una enorme explosión en el llamado "polvorín" que lanzó por los aires artefactos exlposivos en una gran radio a la redonde.

Ese día de milagro no murió nadie, a excepto de una mujer que aseguraron le dio un infarto al corazón por la angustia de que las bombas zumbaran por su casa.

Resulta que la Fuerza Armada se llevó las bombas sobrantes a un predio que ocupan para prácticas en el departamento de La Paz.

Al lugar llegamos cuatro medios, entre ellos El Diario de Hoy. Me acompañaba un recordado amigo y compañero Manuel Orellana.

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Cuando llegamos no nos querían dejar entrar, pero tras gestiones pasamos al terreno. Bajamos por una tipo quebrada a ver las bombas que habían sido puestas en línea.

Subimos de la quebrada y nos pidieron que nos alejaramos y activaron las bombas. Tras la explosión, un agente de la PNC y dos soldados del Ejército nos explicaron la forma en que eran destruidos los artefactos que habían quedado dañados desde el incidente del 10 de mayo.

Tras las entrevistas, los expertos en explosivos bajaron a la quebrada nuevamente. Manuel me rogaba que bajaramos de nuevo porque "sentía que podía pasar algo". Le recriminé que no porque teníamos otra asignación y había que cumplirla. A regañadientes nos comenzamos a alejar de la quebrada.

y cuando se disponían a preparar la carga se produjo otra explosión no controlada. Cuando corrimos a la quebrada yacían los cuerpos del policía y de los soldados destrozados por la explosión. Varios camarógrafos resultaron con esquirlas en las piernas. Estaban aturdidos, heridos, pero vivos.

A Manuel le temblaban las manos y fumama viciosamente como ahogando sus miedos. "Me salvalste la vida", me dijo con su rostro temeroso. El día terminó en la sala de redacción escribiendo una historia, en la que Manuel y yo pudimos ser la historia.

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