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Matan a hermanos en zona controlada por mareros de la 18

Ambos tenían vínculos con la mara rival, según las autoridades. Ocho hombres los sacaron de su casa y los ultimaron a varios metros

Un doble Homicidio se registró ayer en la colonia Santa Margarita, en Ciudad Delgado. Foto EDH / Ericka Chávez

Un doble Homicidio se registró ayer en la colonia Santa Margarita, en Ciudad Delgado. Foto EDH / Ericka Chávez

Un doble Homicidio se registró ayer en la colonia Santa Margarita, en Ciudad Delgado. Foto EDH / Ericka Chávez

La zozobra que con sus actos delictivos provocan las pandillas entre los habitantes del reparto Santa Margarita, en Ciudad Delgado, se agudizó ayer con el asesinato de dos hermanos que, según las autoridades, habían sido integrantes de la mara Salvatrucha.

Unos ocho hombres vestidos de negro, ocultando sus rostros bajo gorros pasamontañas, llegaron a las 2:30 de la madrugada, a una zona marginal que colinda con uno de los pasajes del reparto e irrumpieron en la improvisada casa de láminas donde vivían Óscar y Walter Valenzuela Vásquez, de 24 y 33 años respectivamente.

Ambos fueron obligados a salir de la casa y tras hacerlos caminar un largo trecho, entre gradas de tierra y lodazales, los atacantes se detuvieron frente a un predio baldío en medio del pasaje y mataron a uno de los hombres.

Unos metros después, frente a unos juegos infantiles, ultimaron a su hermano.

Fuentes policiales dijeron que hace 15 días, un grupo armado intentó matar en la misma localidad a uno de los hermanos Valenzuela, pero este logró escapar. Ayer no tuvo la misma suerte.

Las autoridades sospechan que el doble homicidio y el atentado fallido lo cometieron las mismas personas.

Los ladridos de los perros, los golpes en las puertas de lata en la casa de los parientes y los insultos que los homicidas proferían a los hermanos antes de asesinarlos despertaron a varios pobladores, quienes no alertaron a la Policía porque saben que la consigna de los mareros que controlan la zona es "ver, oír y callar".

Según la Policía, el doble homicidio fue cometido en el límite que se disputan la pandilla 18 y la mara Salvatrucha.

Un reducido grupo de esta última agrupación delictiva habita en un sector rodeado por la mara rival y en los encontronazos que tienen entre ellos se llevan de encuentro a medio centenar de familias que no se meten en problemas. Lo único que divide ambos bandos es una calle.

A merced de los mareros

Mientras delegados de la Policía y la Fiscalía procesaban ayer por la mañana la escena del doble homicidio, algunos habitantes se limitaban a espiar desde las ventanas de las casas; la poca gente que circulaban por la zona y se mostraba esquiva con los extraños.

Quienes se atrevieron a hablar lo hicieron bajo el anonimato por temor a que los pandilleros intenten silenciarlos.

Las fuentes relataron con impotencia el completo dominio que tiene la pandilla 18 en el reparto Santa Margarita desde hace varios meses sin que las autoridades puedan tomar el control.

Los denunciantes manifestaron que hay dos accesos para ingresar a la colonia, uno es a través de la calle que conduce al centro de Cuscatancingo y el otro por la Troncal del Norte, en el kilómetro cinco, pasando por un puente.

Sin embargo, la pandilla 18 ha obligado a los residentes del sector de la mara Salvatrucha (unas 50 familias) a circular solo por la vía que conduce a la Troncal del Norte; eso implica que tampoco pueden hacer uso de los microbuses de la Ruta 24, que conduce hacia Cuscatancingo.

"A quienes viven en la zona de la mara Salvatrucha y por necesidad deben transitar por donde está la otra mara ya los van viendo como informantes y los empiezan a tener en la mira", dijo uno de los afectados.

El nivel de organización de los delincuentes es tal que, según los pobladores, los pandilleros de la 18 utilizan radiocomunicadores en puntos estratégicos de la colonia para ver quién entra y quién sale.

Cuando ven ingresar a algún camión repartidor de productos o vendedores ambulantes les avisan al resto de delincuentes para que los estén esperando: los extorsionan y les roban mercadería.

"Si una jovencita de la colonia trae a su novio de visita y lo ven los mareros lo cuestionan y le advierten que si continuará llegando debe vestirse de tal forma, o usar un corte de cabello que ellos les digan. Todo esto es para intimidar a la gente", dijo otra fuente.

La mayoría de propietarios de negocios, hasta los más pequeños, deben pagar la extorsión. Si no puede, los mareros los obligan a que les hagan recargas telefónicas.

Las personas que viven en uno de los bandos de las pandillas y tienen familiares o amigos en el otro aseguran que se han debido distanciar, al menos físicamente, por temor a que los delincuentes atenten contra ellos.

Muchos pobladores saben dónde residen los pandilleros y los ven correr cuando tratan de ocultarse de la Policía. Algunos habitantes son obligados por estos grupos a que les oculten las armas.

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