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Mareros pasarán 50 años presos por dos asesinatos

Adolfo Callejas y Juan Quijada viajaban en este vehículo cuando fueron acribillados, en marzo de 2010. Foto EDH / Archivo

Adolfo Callejas y Juan Quijada viajaban en este vehículo cuando fueron acribillados, en marzo de 2010. Foto EDH / Archivo

Adolfo Callejas y Juan Quijada viajaban en este vehículo cuando fueron acribillados, en marzo de 2010. Foto EDH / Archivo

Tres años y medio después de que el ganadero Adolfo Hernández Callejas y su empleado Juan Jerónimo Quijada Peña fueran asesinados, cuatro integrantes de la mara Salvatrucha de Nueva Concepción, Chalatenango, y un exsocio de la víctima fueron condenados a 50 años de cárcel cada uno.

La Fiscalía informó que los convictos le quitaron la vida a los señores el 10 de marzo de 2010, cuando se dirigían en el vehículo de Hernández a ver unos cultivos que tenía en un terreno situado en el cantón Peñalalapa, caserío El Bado, del referido municipio.

René Peña, jefe fiscal de Chalatenango, sostuvo que los pandilleros Adelso Arita Gálvez, Efraín Elías Ramos Ayala; José Marcos Menjívar y Miguel Alexander Durán Hernández ametrallaron el pick up con armas largas, entre ellas un fusil M-16.

Posteriormente, el exsocio del empresario, de nombre Miguel Tomás Flores, se acercó a las víctimas y las remató provocándoles heridas con un corvo.

Entre las pruebas que incriminaban a los homicidas estaba el relato de un testigo protegido, quien describió cómo ocurrieron los hechos, pero el jefe fiscal explicó que el juez de sentencia de Chalatenango le restó credibilidad y libró de cargos a los imputados.

Sin embargo, la Fiscalía apeló el fallo del tribunal ante la Cámara de la Cuarta Sección del Centro, quien encontró culpables a los delincuentes.

En las investigaciones periodísticas que El Diario de Hoy realizó tras el doble asesinato descubrió que el ataque se debió a la negativa del empresario de entregarles a los pandilleros $10 mil que le exigieron en 2009.

El homicidio de Hernández y su colaborador, quien dejó en la orfandad a tres niños, conmocionó a los pobladores del caserío, pues el agricultor y ganadero era quien le daba trabajo a muchos de ellos.

Hernández era dueño de 200 cabezas de ganado e igual número de manzanas de tierra cultivable en la zona.

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