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¿Desaparición o secuestro?

Las pistas del “caso Cristal” que no sirvieron en la investigación

Han pasado 10 meses desde que Kenia desapareció. Fue el 10 de abril de 2015; entonces sus hijas tenían 10 meses y tres años. Su familia pagó cinco mil dólares de rescate. Kenia no ha aparecido 

Caso Cristal
Caso Cristal

Imágenes de videos, relatos de testigos, números de teléfonos todavía activos... Eso y más había en manos de Mateo y Aarón, dos investigadores policiales, para poder esclarecer el caso de la desaparición de una mujer originaria de Santiago Nonualco, por quien los parientes tuvieron que entregar varios miles de dólares a cambio de que la devolvieran con vida.

A más de nueve meses de ocurrido, inexplicablemente el caso se ha manejado con absoluta confidencialidad, pero El Diario de Hoy tuvo acceso a las investigaciones que sobre el “Caso Cristal”, como lo denominaron en la Policía y en la Fiscalía, se hicieron, y con una fuente muy allegada a esa indagación, que pidió reserva de identidad por temor a represalias dentro de la institución policial.

La desaparición

Kenia N. tenía 22 años el día que desapareció, 10 de abril de 2015, cuando salió de su vivienda en el municipio de Santiago Nonualco, departamento de La Paz.

Pese a que la víctima vivía en Santiago Nonualco, la policía de esa localidad aseguró que no tiene reportes de denuncia de esa desaparición, tal como se lo confirmaron el pasado 22 de diciembre a este Diario. 

Aquel día, la joven salió aproximadamente a las 2:00 de la tarde hacia Zacatecoluca, con el propósito de ir a pagar una deuda a una casa de empeño de esa ciudad. 

Era un viernes. Las indagaciones revelan que nunca llegó a su destino. 

Pero desde ese día tampoco ha regresado a cuidar a las dos hijas, actualmente de 19 meses y casi cuatro años, que procreó con su esposo, Manuel X., un hombre de 26 años, que trabaja como guardia de seguridad privada y que actualmente presta ese servicio a una dependencia estatal.

La denuncia sobre la desaparición de Kenia fue puesta al siguiente día,  no por el esposo de la mujer, si no por el padre  de la joven, en la División de Investigaciones de Zacatecoluca, donde aportaron todos los datos de la joven con la esperanza de que comenzaran a buscarla.

Sin embargo, el caso fue trasladado hacia la División Especializada contra Crimen Organizado (DECO), donde a las 10 de la mañana del 14 de abril los parientes de Kenia repitieron lo que antes habían dicho en la Policía de Zacatecoluca.

Hasta ese momento, el hecho parecía como otro caso más de desaparición, como cientos que ocurren en El Salvador.

La exigencia de rescate

Por esa razón, el esposo y el padre de Kenia salieron el domingo 12 de abril a recorrer carreteras y visitar puestos policiales de Zacatecoluca y San Vicente, pero no hallaron nada.

Ese mismo día cuando regresaban de buscarla, a media tarde, el esposo de Kenia recibió llamadas en las que le pedían cinco mil dólares como rescate.

Consta en las indagaciones que a la familia le dijeron que eran miembros de la Mara Salvatrucha y que tenían secuestrada a Kenia;  les advirtieron que no involucraran a la Policía; si no hacían caso, la matarían.

Además de los cinco mil dólares, los supuestos mareros secuestradores exigieron que les hicieran una recarga de 100 dólares al teléfono 7110-9171, que es del cual comenzaron a exigir el rescate.

Los supuestos secuestradores le llamaron directamente a Manuel y le dijeron que sólo hablarían y negociarían con él.

La familia de la joven accedió a eso. Además, según las fuentes, de inmediato hicieron la recarga de 100 dólares de saldo.

El pago del rescate lo querían para el siguiente día, es decir, el 13 de abril, un lunes, en una gasolinera que está sobre la carretera antigua a Zacatecoluca, en el cantón Comalapa, del municipio de San Juan Talpa.

La familia de Kenia no tenía capacidad económica para pagar los cinco mil dólares de rescate, pero logró conseguir un préstamo rápido a través de unas amistades que al ver la difícil situación, accedieron a hacerles el préstamo.

Cambiaron el cheque y el efectivo lo pusieron en una bolsa que Manuel, el esposo, entregaría. 

La familia lo acompañó discretamente, hasta llegar a la gasolinera de Comalapa. Ahí lo mantuvieron a la vista.

De repente, vieron que el hombre se subía a un autobús, sin entregar el dinero. Cuando le hablaron por teléfono para saber qué pasaba, aquél les dijo que los secuestradores le habían ordenado que se moviera hacia Olocuilta. Cuando ya iba en camino a este último lugar, según Manuel, volvieron a decirle que regresara al lugar inicialmente acordado.

La familia de Kenia estaban en el mismo lugar, es decir, la gasolinera de Comalapa, cuando vieron bajarse a Manuel con la bolsa de dinero.

A los pocos minutos, de la carretera conocida como Calle al Puerto de La Libertad, vieron llegar un pick up negro con franjas doradas. En este se transportaban varias personas tanto en la cabina como en la parte trasera: Tres hombres adultos, una mujer aparentemente de la tercera edad, y dos adolescentes en la parte de afuera. 

Uno de los hombres ocupantes del pick up con una camisa de la Selecta (selección nacional de fútbol) azul con un escudo en medio. Este se bajó de la cabina del pick up y se dirigió hacia Manuel, quien le entregó la bolsa donde llevaba el dinero.

Luego el hombre volvió a subirse al pick up y se marcharon sobre la carretera antigua hacia Zacatecoluca, con dirección hacia esa ciudad.

Los parientes de Kenia apuntaron la placa del pick up, la P-448-480, se cercioraron de anotarla bien. Pick up negro, 4X4, con franjas a los costados.  No podían equivocarse porque del automotor a donde estaban ellos, solo mediaban unos cinco metros, solo la cinta negra del asfalto.

Según Manuel, los secuestradores le dijeron que buscaran a Kenia en San Rafael Obrajuelo. Fueron hacia allá, buscaron por todo ese pueblo pero no la hallaron. 

Luego Manuel les dijo que no se acordaba bien, que por el nerviosismo que tenía, no recordaba si le habían dicho que en San Luis Talpa. Fueron a ese pueblo.  Pero se tuvieron que regresar sin Kenia.

La familia no avisó de esto a la Policía, con la esperanza de que Kenia estuviera viva y para darles tiempo a los secuestradores de que vieran que no había policías detrás de ellos.

El caso tomado por la DECO

Días después recibieron la visita de Mateo y Aarón, agentes de la División Elite contra Crimen Organizado (DECO) de la Policía, quienes hablaron nuevamente con los parientes; ambos parecían interesados en el caso.

Los familiares aportaron muchas pistas: número de teléfono del que habían llamado para pedir el rescate, el número de teléfono de Manuel con quien habían hecho la negociación, les dijeron que en el lugar de la entrega había cuatro cámaras de vigilancia, y más datos.

Aportaron la placa del auto en el cual se transportaba el hombre que recibió la bolsa con dinero, la manera en que andaba vestido... En fin, muchas pistas como para capturar a quienes dijeron tener a Kenia.

Y los investigadores dieron rápido con el vehículo y sus ocupantes. Incluso, uno de estos admitió que andaba vestido cómo los parientes de Kenia habían narrado a Mateo y Aarón. Los ocupantes del pick up aceptaron haber estado en la gasolinera a la hora señalada, pero dijeron que venían de traer a una persona del aeropuerto: a la mujer de la tercera edad. 

Con todas las pistas aportadas y las averiguaciones hechas por Mateo y Aarón, el caso no pasó a más  por un detalle: uno de los familiares indicó que en la compuerta de la cama del pick up había visto la marca del automotor.

Aparentemente, Mateo y Aarón restaron credibilidad, porque al revisar en el registro público de vehículos vieron que el número de placa aportado por la familia de Kenia correspondía a un pick up con una marca distinta a la dicha por el pariente.

En todo lo demás, la descripción del auto estaba correcta. 

Pero el caso no prosperó  a pesar de todos los indicios aportados y otros que bien podrían haber obtenido los investigadores con un mínimo esfuerzo. 

Por ejemplo, en la gasolinera donde se realizó la entrega, hay cuatro cámaras de video. Con esos videos se hubiese disipado la duda sobre la marca del pick up y corroborado si el hombre que recibió la bolsa de dinero se retiró en ese automotor.

Para amarrar más el caso, hubieran pedido los videos del Aeropuerto. Esto para corroborar si ese pick up negro pasó por esa gasolinera por mera coincidencia, pues sus ocupantes dijeron a los investigadores que hacía poco tiempo que habían retornado de la terminal aérea. 

Igual podrían haber exigido el pasaporte de esa mujer para verificar si tenía entrada al país ese día, 13 de abril. Pero nada de eso hicieron. O si lo hicieron, esas diligencias no fueron incorporadas a la supuesta investigación que existe en la Fiscalía.

Tampoco hicieron nada por corroborar la relación de llamadas telefónicas y la propiedad del número desde cual iniciaron la exigencia de dinero,  y por qué prefirieron negociar con el marido de Kenia y no con otros familiares, que fueron quienes consiguieron el dinero exigido.

Es más, según las fuentes, los dos investigadores lograron determinar que la última ubicación, según las bitácoras de llamadas, fue posiblemente sobre la autopista a Comalapa, a la altura del lugar conocido como Rancho Navarra. Supuestamente era acompañada de la hermana y la madre de Manuel.

De acuerdo con las fuentes, tres o cuatro días después de la entrega del dinero, la familia de la víctima fue visitada por la hermana y la madre de Manuel para pedirles que no lo involucraran porque temían que algo malo les pasara.

Manuel es oriundo del Puerto de La Libertad,  a donde se había ido a vivir luego de golpear a Kenia, el 8 de marzo de 2015, un mes antes de que ella desapareciera. 

El hombre se fue al puerto de La Libertad a pesar de que en 2008 él y Kenia fueron amenazados de muerte por Óscar Geovanny Alvarado, (a) El Pelón, un cabecilla de pandilla capturado en noviembre de 2012 y que, según la Policía, estaba vinculado a 31 asesinatos. 

Las fuentes indican que en cuanto  llegó al puerto La Libertad, el pasado 8 de marzo, luego de golpear a Kenia,  varios mareros le preguntaron qué hacía allí, pues no lo conocían.

Los mareros lo golpearon y ya lo llevaban a matarlo por orden de El Pelón, quien dijo que lo asesinaran para enseñarle a no golpear a las mujeres. Los pandilleros le perdonaron la vida porque una hermana de Manuel intercedió por él.

De acuerdo con las fuentes, Manuel ha pedido una y otra vez  a la familia de Kenia que ya no remuevan el caso, porque él podría sufrir las consecuencias.

El caso, inexplicablemente, no ha avanzado. La Fiscalía se ha negado a dar información del caso a los parientes que lo han requerido en su insistencia por esclarecer el paradero de Kenia.

El Diario de Hoy intentó hablar con familiares de la desaparecida pero no quisieron por temor; tienen aún la esperanza de que algún día puedan saber qué pasó con Kenia.

De momento no se sabe si  realmente fue secuestrada o solo fue un caso de desaparición, como muchos que a diario ocurren en este país.

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