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Karateca asesinado apartó a 500 niños de la violencia

Jóvenes y niños ofrendaron flores, medallas y lágrimas a su maestro de Taekwondo

Decenas de personas hicieron una columna para poder ver, por última vez, a los hermanos Romero. Foto EDH / Jorge Beltrán Luna.

Decenas de personas hicieron una columna para poder ver, por última vez, a los hermanos Romero. Foto EDH / Jorge Beltrán Luna.

Decenas de personas hicieron una columna para poder ver, por última vez, a los hermanos Romero. Foto EDH / Jorge Beltrán Luna.

Las lágrimas de Briana tocando el ataúd y preguntando si volvería a ver a su "papito", hicieron llorar a las decenas de personas que ayer asistieron al entierro de Óscar Arnulfo y José Mario, ambos de apellido Romero, de 31 y 29 años, asesinados el miércoles anterior en San José Villanueva, departamento de La Libertad.

Los dos hermanos eran karatecas, según explicó un pariente de las víctimas, pero José Mario tenía alrededor de 10 años de ser maestro de la academia Sabios Karate Do, que funciona con el apoyo de la alcaldía de ese municipio.

De acuerdo con cálculos de colaboradores de José Mario, en la academia, en el transcurso de una década, instruyó en taekwondo y karate a unos 500 niños y jóvenes de San José Villanueva, a quienes solo les pedía a cambio que no consumieran drogas y, por consiguiente, que se alejaran de la violencia.

Ayer se hizo evidente, mediante lágrimas, el aprecio que decenas de jóvenes y niños le tenían a José Mario.

Gran parte de esos jóvenes colocaron una de sus medallas ganadas en competencias, sobre el ataúd de su "Sensei"; otros colocaron una rosa y unos, simplemente dejaron caer más de una lágrima mientras hacían una columna para verlo por última vez, antes de ser sepultado junto a su hermano, Óscar Arnulfo.

El proyecto que José Mario realizaba para apartar a la niñez y la juventud de San José Villanueva era tan exitoso, según comentaron algunos de sus colaboradores, que la alcaldía de Zaragoza, municipio vecino, lo había contratado para que ejecutara un esquema similar.

Sin embargo, los niños y jóvenes de Zaragoza solo tuvieron la oportunidad de asistir un día a las clases de taekwondo, el martes pasado, pues el miércoles en la mañana, José Mario fue asesinado por supuestos miembros de pandillas en el cantón Las Dispensas, donde residía con su esposa y sus dos hijos.

Su hermano, Óscar Arnulfo, había sido asesinado pocos minutos antes, sobre la carretera al Puerto de La Libertad.

Tanto la familia como el alcalde, Pedro Durán, dicen que no encuentran una explicación al doble asesinato, pues ambas víctimas eran personas trabajadoras y serviciales a la comunidad.

Dos atletas asesinados en menos de ocho días

Con el asesinato de José Mario ya son dos los atletas que han sido asesinados en menos de ocho días en San José Villanueva.

El jueves de la semana pasada, supuestos miembros de pandillas asesinaron a balazos a Noé Enrique Bonilla, de 18 años, quien padecía síndrome Down, pero a pesar de eso, era un destacado atleta que ya había ganado medallas a nivel internacional en lanzamiento de bala y lucha.

Durante el sepelio de los hermanos Romero, decenas de personas, familiares o no, lloraron la desaparición de ambos jóvenes y pidieron a las autoridades hacer algo por la seguridad de los pobladores de San José Villanueva.

El alcalde Durán dijo que ya estaban cansados de ver morir gente inocente y que el jueves de la semana anterior, tras el asesinato de Noé Enrique, había hablado con el director general de la Policía Nacional Civil (PNC) pidiéndole un refuerzo policial.

La respuesta que el funcionario le dio es que la seguridad de San José Villanueva estaba bien, que tenían los suficientes policías.

De acuerdo con el alcalde, en San José Villanueva solo hay cuatro o cinco policías de servicio para velar por la seguridad de 25 mil personas, población total del municipio.

En opinión de algunos vecinos, se ha tenido que esperar a que mataran a otros dos jóvenes para que la PNC desplegara más policías en el municipio.

Ayer, fue evidente la presencia policial sobre la calle principal de acceso a San José Villanueva y en el casco urbano. Sin embargo, los mismos pobladores temen que ese aumento de policías solo será por unos pocos días.

Por los asesinatos de los hermanos Romero y del atleta especial, aún no hay avances claros en las investigaciones, solo dudas sobre el porqué mataron a un joven con síndrome Down y a dos hombres trabajadores, responsables de sus familias e hijos y con ánimos de ayudar a otros.

Entre los vecinos de San José Villanueva hay mucho temor de que la espiral de asesinatos continúe.

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