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Inseguridad ha obligado a cambiar horarios de clases

En San Pedro Perulapán y en Tenancingo, en zonas rurales, la presencia de pandillas y la ausencia de policías han obligado a que las clases en la tarde terminen a las 3:30 p.m.

Un grupo de soldados fue visto en el cantón El Paraíso el viernes 20 de septiembre anterior, estacionado en un tramo de la calle. Fue lo único en cuanto a labores de seguridad que un equipo de este periódico observó en el sector en tres días. Foto ED

Un grupo de soldados fue visto en el cantón El Paraíso el viernes 20 de septiembre anterior, estacionado en un tramo de la calle. Fue lo único en...

Un grupo de soldados fue visto en el cantón El Paraíso el viernes 20 de septiembre anterior, estacionado en un tramo de la calle. Fue lo único en cuanto a labores de seguridad que un equipo de este periódico observó en el sector en tres días. Foto EDH

En lo que va de 2013, una sola vez ha llegado la Policía a los alrededores de la escuela del cantón Rosario Perico, municipio de Tenancingo, departamento de Cuscatlán, según afirmaron vecinos de ese lugar que pidieron no ser identificados.

La PNC, reiteraron vecinos y estudiantes, no se asoma a ese cantón, a pesar de que a principios de este año alumnos y profesores fueron amenazados por un grupo de pandilleros que no querían que asistieran a clases seis estudiantes miembros de una misma familia, la cual vive en el cantón Tecoluco Abajo.

La ausencia policial en los cantones Tecoluco Arriba y Abajo, La Esperanza y El Paraíso, de San Pedro Perulapán, y en los cantones Santa Anita y Rosario Perico, de Tenancingo, parece ser generalizada.

El clima de inseguridad que se vive en los lugares antes mencionados ha obligado al Ministerio de Educación a cambiar los horarios de clase en esas escuelas, según constató El Diario de Hoy.

Profesores de esos centros educativos también lo confirmaron: en esa zona las clases no terminan a las 5:30 o 6:00 de la tarde, sino a las 3:30.

En la escuela de Rosario Perico, inclusive, las clases terminan mucho antes, porque muchos deben caminar seis kilómetros desde la escuela hasta el lugar donde abordan el bus.

De acuerdo con algunos maestros consultados, el acuerdo de reducción de horarios se hizo bajo el conocimiento del Mined hace más de un año, ante la falta de seguridad en la zona y la proliferación de grupos de pandillas.

Para recuperar un poco de tiempo, los maestros aseguran que, en cuanto despachan al turno de la mañana, solo se toman 10 minutos de descanso y luego entran los estudiantes del turno de la tarde.

Para poder almorzar lo hacen en el primer recreo.

La Policía no se asoma

Durante los días que un equipo de El Diario de Hoy investigaba el fenómeno en la zona no fue visto ni un solo agente policial.

La ausencia de patrullajes policiales también contribuye a la inseguridad de las escuelas antes mencionadas, con excepción del cantón La Esperanza, donde adentro hay un grupo de soldados.

"Allá (a Rosario Perico) deberían de ir a perseguir a los mareros", exclamó un padre de familia cuando vio que un grupo de policías registraba a un joven en el lugar conocido como "El (kilómetro) 23", en el enganche de la calle que lleva a Rosario Perico, Santa Anita y lugares aledaños.

Los maestros de las zonas rurales no solo están expuestos a amenazas por su trabajo dentro de las escuelas.

Los largos trayectos que deben recorrer, muchas veces a pie, pasando por entre miembros de pandillas los vuelve muy vulnerables.

Por ejemplo, el grupo de docentes de la escuela de Rosario Perico debe caminar, de lunes a viernes, 12 kilómetros (en total, ida y vuelta) por calles completamente desoladas, pero con alta presencia de pandillas y sin la esperanza de encontrar a un policía o a un soldado en el trayecto.

A lo anterior se agrega el riesgo de los puntos de asalto que son instalados por miembros de pandillas del sector, quienes suelen estar fuertemente armados.

A principios de este mes, un grupo de profesores de escuelas rurales que viajaba en autobús quedó atrapado bajo fuego cruzado cuando se suscitó un tiroteo entre delincuentes que mantenían un punto de asalto y varios soldados que viajaban en la parrilla del bus donde iba el grupo.

A media tarde, afirman, es cuando los grupos de pandilleros comienzan a reunirse en diversos puntos a la orilla de la calle.

Los maestros pasan entre ellos llevando consigo pocas pertenencias: teléfonos sencillos y unas cuantas monedas extras al valor del pasaje.

Los pandilleros parecen estar conscientes de que los maestros andan poco que robarles. Los casos de asalto a ellos son pocos en ese sector.

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