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Incertidumbre rodea el futuro de la tregua entre maras sin aval de gobierno

Raúl Mijango dice que seguirá con el esfuerzo hasta que maras lo digan

Las pandillas realizaron un plan de desarme y fueron entregadas en eventos públicos en varias ocasiones Foto EDH / Archivo

Las pandillas realizaron un plan de desarme y fueron entregadas en eventos públicos en varias ocasiones Foto EDH / Archivo

Las pandillas realizaron un plan de desarme y fueron entregadas en eventos públicos en varias ocasiones Foto EDH / Archivo

El futuro es incierto para la tregua entre pandillas después que el presidente Salvador Sánchez Cerén declarara que el gobierno no continuará apoyándola, aunque sus promotores aseguran que continuarán con el esfuerzo.

La frase, tajante en el gobernante después que sus antecesores manejaron el tema con ambigüedad, sigue a las denuncias del Fiscal General, Luis Martínez, de que esa paz ha sido falsa, "hipócrita", para ser más exactos.

Martínez lo dice basado en el hecho de que si bien disminuyó el número de muertos, aumentó la cifra de desaparecidos o de enterrados en cementerios clandestinos, mientras que acusó a uno de sus promotores, Raúl Mijango, de ser un "manipulador" de los homicidios.

La "tregua" fue pactada en 2012 por las pandillas MS y 18 y logró bajar los homicidios de 15 a cinco en promedio por día. La Iglesia Católica apoyó institucionalmente la medida, pero luego se desmarcó.

Actualmente el promedio de homicidios es de 10 diarios.

Las declaraciones de Sánchez Cerén, el jueves pasado, fueron secundadas por su ministro de Justicia y Seguridad, Benito Lara.

Este último expresó recientemente que "no iban a tomar en cuenta la tregua como tal, pero le apostarían a una estrategia integral de violencia y delincuencia, en los municipios de mayor peligro".

Sin embargo, para el mediador Mijango, el actual gobierno "tiene un total desconocimiento del proyecto y no posee claridad suficiente en el tema". Aclaró que, no obstante, seguirán con los esfuerzos que, según él, hasta la fecha han logrado salvar la vida de cinco mil salvadoreños.

"Venimos de tiempos difíciles. Recordemos que el exministro Ricardo Perdomo se pasó un año buscando destruir el proceso, y aún así sobrevivimos", expresó Mijango, que en el pasado fue guerrillero del FMLN, ahora en el gobierno.

Para el mediador, es muy prematuro que el nuevo gobierno opine a profundidad de este proceso.

"Hay cosas sobre las cuales no están debidamente informados y creo que en este tema de la tregua no cuentan con la suficiente claridad. A ese proceso quienes le dieron vida son las pandillas y es un acuerdo privado entre ellas", explicó.

Mijango aclaró que por parte del gobierno anterior lo que hubo fue "algunas facilidades para que el proceso evolucionara y diera los frutos que se vieron, pero nunca fue un acuerdo con las pandillas y el gobierno".

"Si el actual gobierno apoya el proceso, va caminar más rápido y con mejores resultados para el país, si no lo apoya, vamos a seguir con lo limitado de nuestras capacidades", señaló.

"Aunque vayamos más lentos y los resultados no sean muy significativos; pero con una sola vida que podamos salvar, es el premio que está por encima del costo que tengamos", afirmó Mijango.

El exguerrilllero insistió en que los resultados obtenidos hasta ahora son la reducción en la cifra de homicidios y por eso reflexiona, es que el proceso debe continuar", sostuvo.

Para el observador político Paolo Lüers, las palabras de Sánchez Cerén y Lara están enfocadas al trabajo que se debe hacerse en las comunidades donde hay niveles altos de violencia, y no en apoyar un proceso que es propio de los pandilleros con la sociedad civil.

Para ambos, el no facilitar la condiciones a la sociedad civil con los mareros hace más difícil el trabajo y pone cuesta arriba las intenciones de reducir la violencia en el país.

Mijango y Lüers coinciden en que el obstruir el diálogo entre los pandilleros y la sociedad civil podría aumentar la violencia que se ha vivido en los últimos meses.

Lüers hizo la comparación de los índices de violencia cuando habían facilidades de comunicación y comenzó el diálogo y meses atrás, en momentos en que Perdomo se opuso a las facilidades.

El observador político hace otra interpretación de las palabras de Sánchez Cerén, al afirmar que dejará de seguir apoyando la tregua.

Lüers explica que "las palabras de Sánchez Cerén no significan que él va apostar a hacer políticas que hagan imposible que se siga la tregua y que sigan habiendo entendimientos con alcaldías , ONG y la sociedad civil, sino que como Estado, se van a limitar a realizar inversiones en las comunidades donde nacieron las pandillas y se han reproducido".

"La tregua es un acuerdo entre pandillas y puede convertiste en un pacto entre maras y la sociedad, si existe canales de diálogo y no es un asunto del gobierno. Lo que el presidente dice es lo lógico y a entendido todos los errores del gobierno de Mauricio Funes", afirmó Lüers.

Añadió que "Sánchez Cerén lo entendió y por eso prefiere invertir en la comunidades, por eso dice que en el gobierno no apoya la tregua, pero donde hay tregua con la sociedad civil, deben haber condiciones favorables para invertir en proyectos de prevención".

Apoyo de las iglesias en un acuerdo de nación

Durante su visita al Vaticano semanas atrás, Sánchez Cerén le pidió Papa Francisco que contribuya a que "se vaya generando el clima de paz y entendimiento y esperanza en la gente para que el fenómeno de la violencia vaya resolviéndose en lo inmediato y a largo plazo".

Varios líderes de iglesias se han sumado al apoyo de un proceso de pacificación contra la violencia.

Para el pastor del Tabernáculo de Avivamiento Internacional (TAI), Carlos Rivas, debe haber un diálogo y un acuerdo de Nación para desmontar la violencia y debe estar fundamentado en un sincero, estructural y plural método.

Indicó que ese diálogo debe analizar y debatir a profundidad la crisis de violencia: sus causas, sus efectos y sus posibles soluciones.

Para Rivas se tiene que buscar definir políticas y acciones concretas, seguidas como normas de observación obligatoria, sin distingos políticos o ideológicos, es decir que ese acuerdo se convierta en política de Estado para que se cumplan, independientemente del Gobierno de turno que esté en el poder.

Señaló que "de la manera como se ha manejado la tregua que prácticamente es un trueque, eso no es conveniente porque el Estado nunca debe negociar con grupos que están al margen de la ley; eso sería doblarle el brazo al Estado y asistiríamos a un Estado fallido".

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