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Hombre irá 40 años a prisión por matar a esposa e hijastra

El doble homicidio fue cometido por celos, en 2012, en la casa de las víctimas, en Cojutepeque

Hombre irá 40 años a prisión por matar a esposa e hijastra

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Los episodios de maltratos físicos y psicológicos, seguidos de reconciliaciones, que protagonizaron por varios años Sara Esther Granados Reyes, de 52 años, y su compañero de vida, David López Vásquez, de 57, tuvieron un trágico final el 11 de enero de 2012.

Ese día, el hombre asesinó a su cónyuge y a Diana Estefany Granados, de 13, a quien hasta entonces había criado pensando que era su hija.

El 23 de septiembre anterior, López Vásquez confesó ante el Tribunal de Sentencia de Cojutepeque, en Cuscatlán, que su esposa le aseguró, pocos días antes del asesinato, que la adolescente era fruto de una infidelidad, por lo que él, cegado por los celos, decidió quitarles la vida.

La declaración del imputado —quien engendró con la víctima tres hijos que ya pasan de los 30 años— fue determinante para que la jueza lo encontrara culpable de los delitos de feminicidio en perjuicio de Sara Esther y homicidio agravado en contra de Diana Estefany.

El hombre, un comerciante de ropa usada, fue condenado a 40 años de cárcel, pese a que los delitos que le imputó la Fiscalía General son castigados hasta con 65 años de prisión, según Ingrid Vásquez, fiscal del caso.

Síndrome de Estocolmo

Tras recibir información de testigos que atribuían el doble homicidio a David, el Ministerio Público indagó si tenía antecedentes delictivos y descubrió que en 1992 se le había abierto un expediente penal por varios incidentes de violencia intrafamiliar contra Sara Esther.

La delegada fiscal aseguró que la autopsia psicológica que Medicina Legal le practicó a la señora determinó que sufría del Síndrome de la Mujer Maltratada y el Síndrome de Estocolmo.

"La doctrina nos dice que con el Síndrome de Estocolmo la víctima, a pesar de estar sometida a varios maltratos, guarda sentimientos de amor hacia su agresor por todo el tiempo que han permanecido juntos", señaló Vásquez.

Los resultados de la institución forense fueron reforzados con los relatos de los familiares de la pareja, quienes confirmaron a las autoridades que por la misma violencia que había en el hogar de Sara y David estos vivían separándose y luego juntándose cuando se les pasaba la crisis.

Uno de esos pleitos maritales ocurrió años atrás cuando la pareja residía con todos sus hijos en Estados Unidos.

Para escapar de su agresor, la mujer decidió retornar con su hija a El Salvador, pero a mediados de 2011 él fue deportado por las autoridades de ese país por violencia doméstica.

Al llegar al país, el convicto buscó a su compañera de vida y, pese al historial de violencia que tenían, ella accedió a vivir con su hija junto a él. Fue así como, según la fiscal Vásquez, continuó el círculo vicioso que terminó con la muerte de ambas mujeres.

Agresor se entregó el Día del Padre

Por arrepentimiento o casualidad, David López Vásquez se entregó voluntariamente ante las autoridades el pasado 17 de junio, Día del Padre, para responder por las muertes de madre e hija.

Desde el día que el agresor cometió el doble asesinato se mantuvo prófugo, aunque la Fiscalía General y el Juzgado Segundo de Instrucción habían girado órdenes de capturas contra él.

A juicio de la fiscal, David también debió sentirse presionado a entregarse a la Policía porque sus propios hijos, que viven en el extranjero, ofrecieron una recompensa para quienes dieran información sobre su paradero.

Aunque la confesión que el imputado hizo ante el Tribunal de Sentencia de Cojutepeque era contundente para declararlo culpable de las muertes de madre e hija, el Ministerio Público tenía otra evidencia que lo implicaba: una carta donde le relató a una pariente cómo las mató.

La familiar de López entregó el escrito a las autoridades, quienes ordenaron un estudio de caligrafía para establecer si él la había escrito y que se comparara con la letra de una solicitud de DUI que él elaboró en el Registro Nacional de Personas Naturales y con la letra de una agenda telefónica que tenía.

"La conclusión que hizo el perito fue que (la carta) provenía de puño y letra del imputado", dijo la fiscal. La investigación determinó que la muerte de Sara Esther fue lenta, a diferencia de la de su hija Diana Estefany.

La señora, según el homicida, estaba despierta a medianoche cuando él llegó hasta la cama y le cubrió la boca y nariz con una sobrefunda para que dejara de respirar. Como el hombre veía que su esposa no moría le ató la prenda al cuello y la estranguló.

Varias horas después buscó a la adolescente en su habitación y aprovechó que estaba dormida para estrangularla con la misma prenda que asesinó a su pareja.

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