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Fortín Magaña: “No hay que permitir que los niños pierdan la esperanza”

Director Medicina Legal reclama que no se tenga política estatal de atención psicológica para víctimas de violencia.Cree importante someter a los niños afectados por las muertes de padres por la violencia a tratamientos psicológicos para evitar q

--El director de Medicina Legal, JosÈ Miguel FortÌn MagaÒa

José Miguel Fortín Magaña, director del Instituto de Medicina Legal, cree necesario que los niños afectados por la pérdida de sus padres o madres a raíz de la... | Foto por --DU

--San Salvador. 05-11-2014. El director de Medicina Legal, JosÈ Miguel FortÌn MagaÒa, en conferencia de prensa. Foto. Douglas Urquilla

El director del Instituto de Medicina Legal José Miguel Fortín Magaña lamentó que el Estado no tenga una política de atención psicológica a los niños que han perdido a sus padres a raíz de la violencia criminal para evitar que  crezcan con consecuencias traumatizantes;  así como detener  la espiral de venganza a raíz de la violencia.

 Cree necesario que los niños y menores que han enfrentado situaciones traumatizantes por la pérdida de sus padres, ya sean policías, militares, pandilleros o ajenos a los anteriores; sean sometidos a rigurosos tratamientos psicológicos con personal capacitado en Psicología clínica.

“Es  necesario que el Estado pueda atender psicólogicamente a estos niños,  pero con psicólogos clínicos especializados, y eso es lo que hace falta, el apoyo del Estado”, dijo Fortín Magaña. Agregó que  “si alguien no está capacitado para la Psicología clínica puede llegar a decir tonterías que en vez de ayudar, terminan de perjudicar a alguien”.

En el caso de los hijos menores de los policías asesinados, el acompañamiento de la familia se convierte en un factor decisivo en la salud mental de éstos menores porque “los niños huérfanos de los policías, depende mucho su futuro psicológico de cómo      sean educados y es importante que tenga un acompañamiento psicológico válido”.

Fortín Magaña sostuvo que dependerá de cómo se “moldee el recuerdo de la muerte del progenitor asesinado, depende de cómo el padre sobreviviente moldee el recuerdo y el significado de ese asesinato, esto es como lo más dramático de todo”.

Agregó que “así va a tener un destino u otro, un camino u otro, o sea si la madre o el padre que son sobrevivientes les hacen ver a su hijo que los malditos mareros mataron al papá o a la mamá, que eran policías, que tienen que vengar a su padre o a su madre, eso es lo que va hacer el niño, y se va convertir en un vengador, pero sí le hacen ver los aspectos positivos como por ejemplo, si le dicen tu papá o tu mamá fue un héroe o heroína, dio su vida por el país, trato de que el país fuera mejor, entonces, ese niño va a querer ser un héroe y va a querer imponerse al mal”.

Pero si “un niño que después del asesinato del padre o de  la madre, es criado con la condición de odio, nada más, ese niño va por un mal camino sicológico y es donde el Estado tiene que apoyar”.

Agregó que también los hijos de los pandilleros asesinados merecen recibir tratamiento psicológico para no hacer crecer la espiral de venganza y de violencia, pero en medio de está grave situación, está la inmensa población que no es hijo de pandillero ni de policías, y que también son víctimas.

Fortín Magaña explicó que las muertes naturales de las personas son menos traumatizantes para los hijos menores, que las muertes causadas por la violencia criminal.

Lo anterior lo explica Fortín Magaña en que “el crimen ocurre sin anuncio previo, no es una crónica de una muerte anunciada, es algo que ocurre brutalmente y esas dos circunstancias evidencian una traumatización psíquica que queda más profundamente marcada en el alma de ese niño”.

A Fortín Magaña le preocupa que los niños pierdan la esperanza con esta vorágine de violencia y  “ese es el gran pecado de la sociedad en este momento en este país,  que es nuestro país, hay una generación que esta perdiendo la esperanza, hay una generación que se esta matando unos con otros, todo mundo se está muriendo y los que están quedando vivos, están creciendo sin esperanza y por eso tenemos que darles esperanza y es ahí donde tenemos que trabajar”.

Sostiene que las familias de los policías viven una incertidumbre cotidiana por el hecho de no saber si el padre o la madre policía va a regresar a su casa.   Éstas familias aprenden a vivir con un “stress post traumático” porque todo el tiempo esta en espera de una noticia angustiante.

 A lo anterior se le suma la incertidumbre de que si el padre o la madre va a regresar y todo va seguir bien y como era antes, pero si alguno de los dos es asesinado, se vuelve más traumático para la familia porque ya “existía un aprendizaje del trauma como se le podía llamar o un aprendizaje de la desesperanza o de la angustia de que si volvía o no el padre o la madre”.

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