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Familias huyen en Panchimalco por temor a pandillas

Unas 12 familias que vivían desde hace décadas en el cantón Azacualpa huyeron hace 13 días, tras ser amenazadas por los pandilleros de la zona. Las víctimas desarmaron sus casas, construidas con bahareque y lámina, y huyeron. La Policía realiza una

Un poblador del cantón Azacualpa reacomoda las costaneras del techo de una casa que fue abandonada el lunes. Fotos/edh/ Marlon Hernández

Un poblador del cantón Azacualpa reacomoda las costaneras del techo de una casa que fue abandonada el lunes. Fotos/edh/ Marlon Hernández

Un poblador del cantón Azacualpa reacomoda las costaneras del techo de una casa que fue abandonada el lunes. Fotos/edh/ Marlon Hernández

Cargaron sus pocas pertenencias en pick ups y huyeron del lugar donde vivieron por décadas. Un grupo de 12 familias que residía en el caserío Los Ponce, en el cantón Azacualpa, en Panchimalco, San Salvador, emigró porque fue amenazado por los pandilleros de la zona, relataron sus vecinos.

En el referido municipio abunda la pobreza, es lo que más hay. La mayoría de casas es de bahareque y sus propietarios apenas tienen electrodomésticos. Los que se resignan a seguir viviendo en el lugar, relatan que en un par horas sus vecinos desarmaron las casas y se fueron. En los inmuebles sólo quedaron las paredes, andrajos y juguetes quebrados de los más de 20 niños que vivían en esos hogares.

Los informantes expresaron que los mareros pasaron por las viviendas hace dos semanas y amenazaron a mujeres y hombres. Los vecinos han escuchado que al parecer los pandilleros extorsionaron a algunas familias, a otras les pidieron sus terrenos o les ordenaron que ya no sembraran frijol ni maíz.

Añaden que otras familias se marcharon porque "simplemente les dio miedo".

"Mi cuñado no me dijo nada sobre alguna amenaza. Se fueron y no sabemos para qué lugar. Nosotros no tenemos dónde ir, no nos metemos con nadie y nos aferramos a la voluntad de Dios. Sabemos que acá está peligroso pero esperamos que no se metan con nosotros", comentó un vecino mientras acomodaba la leña que dejaron tirada sus parientes en el desolado patio de la casa.

Otra vecina relató que tiene más de treinta años de vivir en el cantón Azacualpa y que nunca ha tenido problemas con los mareros, pero afirma que hay pandilleros muy peligrosos en la localidad.

El martes, un grupo de investigadores de la Policía llegó al referido cantón y realizó inspecciones en las casas abandonadas. Tomó fotografías y dejó todo plasmado en actas. Los investigadores enumeraron nueve viviendas con una población de más de 40 personas que quedaron deshabitadas.

En el cantón Azacualpa no hay más de 50 casas con una población de alrededor de 2 mil personas.

Muchos viven de la agricultura y algunas mujeres trabajan en residencias particulares en Los Planes de Renderos, mientras que otras venden vegetales y gallinas en el Mercado Central.

Los vecinos afirman que en el caserío Los Linderos, en el mismo municipio, también varios pobladores se han ido por temor a las maras; sin embargo, este periódico no constató el éxodo de esas familias.

"Quizás ellos (los vecinos) se llenaron de miedo y por eso se fueron o quizás les pidieron dinero (extorsión) acá los muchachos (mareros) lo hacen seguido", dijo una mujer.

Los policías afirman que tienen "mapeado" el cantón. Recordaron cómo eran las casas y se mostraron admirados de cómo dejaron los pobladores el lugar en donde por años han vivido. Los detectives declararon que el lugar de donde la gente emigró es una de las zonas más peligrosas del cantón.

"Desgraciados mareros. Contra la gente humilde arremeten", expresó un investigador, mientras recorría los desolados corredores y patios de las viviendas.

Uno de los jefes policiales que lideraba el operativo indicó que se ha levantado un censo como inicio de una investigación junto con la Fiscalía. El inspector detalló que tienen listos los perfiles de mareros que son los responsables de las amenazas en el cantón.

"Nuestras patrullas ya habían alertado que algunas viviendas ya estaban solas. Ya había una investigación, pero ahora vamos a intensificarla ante el clamor de la gente", indicó el jefe policial.

Las casas deshabitadas están situadas a menos de una cuadra de la única calle principal del cantón que conecta con las montañas que lindan con la zona costera.

La actividad de los pobladores era normal el martes pasado. Por la tarde, los niños retornaban de la escuela y muchos agricultores regresaban de trabajar la tierra.

Vecinos de empleada del Subdirector de PNC

El último asesinato que se perpetró en el cantón Azacualpa fue el de Santiago Pascual, padre de una empleada del subdirector de la Policía, Howard Cotto. El homicidio fue cometido el 8 de enero de 2015.

Los vecinos que residían frente a la casa de Pascual huyeron por el miedo a los pandilleros.

Se presume que la muerte de Pascual fue por una aparente disputa de un terreno. El responsable es un pandillero apodado "El Cotuza", quien según las autoridades es reclamado por los tribunales por cinco homicidios perpetrados en la zona.

Desde que las pandillas emigraron de la ciudad hacia los cantones y caseríos del sur de San Salvador, a finales de 2010, el cantón Azacualpa fue uno de sus refugios.

En menos de un año, los pandilleros se enquistaron en la zona con más de una docena de jóvenes delincuentes que les servían.

El martes, policías que patrullaban la región afirmaron que los pandilleros tienen fusiles y escopetas para atacarlos y asesinar a los pobladores que no acatan sus malas intenciones.

Añade la Policía que los mareros delinquen en las montañas y cerros del municipio y que huyen varios kilómetros cuando se percatan de que los policías han llegado a la región.

Esta es la segunda vez que los pobladores de Panchimalco abandonan sus moradas por el acoso de los pandilleros. Los habitantes del caserío Los Sosa huyeron de sus casas en junio de 2013 debido a amenazas a muerte que un grupo de pandilleros hiciera a la mayoría de jóvenes de ese caserío.

El asesinato de Carlos Benítez Vásquez, de 19 años, y de José Alfredo Pérez, de 43, los pasados 21 y 23 de junio pasado, respectivamente, aceleró el éxodo.

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