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Familia no se repone de la pérdida de una madre abnegada

En la casa de la familia Chávez hay un gran vacío por la ausencia de doña Rosa.

A un año y tres meses de la tragedia que conmovió e indignó a los salvadoreños, la familia Chávez Calero sigue sin superar el trauma y sin entender el verdadero sentido de la justicia en el país.

Ana María Chávez, hija de la víctima, relata que no ha sido fácil pasar todo este tiempo sin su madre, tan solo por la intolerancia de un conductor.

No olvida aquel 6 de marzo, a la 1:00 de la tarde, en el sector del monumento Árbol de La Paz, en la que ella y su mamá se disponían a recoger unas encomiendas de unos clientes.

La idea era llevarlas a San Miguel, como parte de las labores de una pequeña empresa familiar dedicada al transporte de encomiendas, cuando fueron víctimas de la imprudencia de Ricardo Antonio Morales, que golpeó su vehículo por la parte trasera.

Con la muerte de su madre, asegura Chávez, los ingresos por el servicio de traslado de encomiendas se redujeron en casi un 30 % y se vino abajo la posibilidad de ampliar la cobertura del negocio con más rutas a La Unión y el occidente del país.

La rutina de doña Rosa comenzaba a las 4:00 de la madrugada, para despachar a su esposo que viajaba con encomiendas a San Miguel, luego preparaba el desayuno y por la tarde recogía las encomiendas del siguiente día.

"Para nuestra familia (tres hijos) mi madre era un soporte importante, con su ausencia sentimos que nos hace falta un pilar", expresó la hija menor.

"La verdad que mi papá y yo no nos acostumbramos, todavía no asimilamos (que ella no está)", afirmó. A pesar del traspiés que han tenido, la empresa que creó su madre sigue siendo el sostén familiar.

Chávez afirmó que no esperaba que le dieran dinero por la muerte de su madre, solo quería que los jueces impusieran una pena de acuerdo al daño que les causó el motorista.

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